Autor: Pablo Herreros Ubalde 25 abril 2016

Meterse en una cueva, hacer lanzas, ¿realizar culto a los muertos?… son sólo algunas de las acciones que los chimpancés están llevando a cabo y que los investigadores están analizando para tratar de averiguar si guardan relación con los humanos de la Prehistoria.

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Autor: Pablo Herreros Ubalde 22 abril 2016

Lienzo de la colaboración. Observatorio RRHH_Page_1

 

 

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Contacto con el autor: herreros.c@gmail.com

 


Autor: Pablo Herreros Ubalde 22 abril 2016

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El beneficio de la presencia de animales domésticos en los procesos de recuperación o tratamiento de enfermedades crónicas está demostrado científicamente que acelera o mejora los proceso de recuperación. Calman la ansiedad, alegran a sus dueños y dueñas. Además se acaba de probar que retrasan la aparición del Alzheimer. Proporcionan cariño y generan emociones positivas en los convalecientes que se traducen en un aumento de las defensas. Hay iniciativas sueltas por el mundo que están resultando esperanzadoras y España no debe quedarse atrás en este asunto una vez más.

 

https://www.change.org/p/pablo-herreros-ubalde-por-una-ley-que-permita-y-regule-el-acceso-a-perros-y-gatos-a-hospitales-residencias-etc?recruiter=424634058&utm_source=share_petition&utm_medium=copylink

 

 


Autor: Pablo Herreros Ubalde 21 abril 2016

Instituto Max Planck, Leipzig

Publicado en elmundo.es  http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/yomono/2016/03/12/la-religion-de-los-chimpances.html

 

Extraño ritual de los chimpancés: ¿el origen de la religión?

Investigadores del Instituto Max Planck en Leipzig (Alemania), han descubierto un extraño ritual que los chimpancés de las selvas de Guinea Bissau realizan asiduamente. Éstos lanzan piedras en los huecos de los árboles sin una función práctica aparente. Son tantos los que se acercan a realizarlo que el resultado es una pila de piedras, unas sobre otras, en árboles muy concretos. Los científicos han encontrado varios de estos lugares con dichas piedras en su interior o junto a ellos. El resultado, desde la mirada humana, es algo así como un tótem o símbolo de algo misterioso que aún no sabemos descifrar.

¿Se trata entonces de santuarios o lugares sagrados? Los chimpancés usan palos y piedras como herramientas a diario pero se ha podido comprobar que las usadas en estos rituales simbólicos no tienen ninguna otra utilidad. Estas piedras son diferentes y el contexto no tiene que ver con la obtención de alimento, la defensa ni un mayor estatus social.

Lo más intrigante es que los seres humanos de la prehistoria también realizaban estos rituales y se parecen mucho a los encontrados en chimpancés. Son las raíces del comportamiento religioso o espiritual. Aún hoy en día algunos habitantes originales del oeste de África lo practican. En su mayoría son comunidades indígenas con creencias animistas, quienes también apilan piedras en los huecos de los árboles que consideran sagrados. A veces es una ofrenda. Otras un símbolo que lo señala para que todos puedan identificarlo. Pero encontrar algo similar en animales era algo inimaginable hasta ahora.

Las hipótesis de los investigadores son principalmente dos. Por un lado, podría ser parte de una exhibición o demostración de fuerza que realizan los machos provocando un sonido estruendoso. Vendría a ser el sustituto de lo que hasta ahora realizaban dando patadas en los árboles. La segunda explicación posible es más inquietante porque se trataría de un lenguaje simbólico que aún no podemos descifrar.

Otro caso extraordinario fue descubierto por el Instituto Jane Goodall, en la comunidad de chimpancés de Gombe, en Tanzania. Allí existe una zona de cataratas y ríos que atraviesan la selva en la época de lluvias. Cuando los chimpancés se acercan hacen demostraciones de fuerza, arrancando palos y tirando piedras. Pero según se acercan al agua su comportamiento cambia por completo. El nerviosismo da paso a la tranquilidad. Los chimpancés se sientan y se quedan absortos, con la mirada perdida hacia el agua, al igual que los humanos pensativos miran el mar o la corriente del río fluir. También las tormentas provocan en ellos comportamientos como las comentadas demostraciones y extrañas ” danzas “, según relata la propia Jane Goodall.

¿Podrán estos hechos arrojar luz sobre los orígenes del ritual en la historia de los homínidos? Son una valiosa pista sobre nuestro pasado, pero necesitamos saber más datos, como por ejemplo si existe una relación de estas señales con su territorio, ya que otra posibilidad es que con esas piedras estén marcando límites, del mismo modo que los humanos señalamos las fronteras u otros lugares que delimitan las tierras. Un gran paso en la evolución de nuestra especie que ahora puede que también esté presente en otros animales.

Sobre la espiritualidad de los chimpancés, no sabemos nada y quizás debamos esperar mucho tiempo antes de concluir algo serio. Pero comienzan a emerger pequeñas evidencias que nos obligan a preguntarnos sobre estas misteriosas ofrendas y bailes que llevan a cabo los chimpancés.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 16 marzo 2016

En el programa “Yo, mono” de La 2 TVE, dedicado al arte y sus orígenes, preguntamos a varios niños sobre varias obras de arte de fama internacional. Las respuestas sorprendieron al equipo. Fantásticos críticos y primates…


Autor: Pablo Herreros Ubalde 7 marzo 2016
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Niño en Ucrania criado por perros

 

En El libro de la Selva, una serie de cuentos escritos por el premio nobel Rudyard Kipling, el protagonista principal, Mowgly, es un niño que se pierde cuando sus padres huyen del ataque de un tigre con malas intenciones llamado Shere Khan. Entonces, los lobos de la jungla le adoptan y le protegen como si fuera un miembro más de la manada.

La historia de Mowgly nunca ocurrió pero sí ha habido casos similares en el mundo. Uno de los más increíbles es la historia de Natasha Mikhailova, el cual salió a la luz en el año 2009. Esta niña siberiana, al poco de nacer fue rechazada por sus padres y sólo se la dejó convivir con unos perros en una azotea. Durante dos años, sus progenitores ni siquiera le hablaron ni dieron de comer nada especial. No tuvo contacto con otros humanos ni con el mundo exterior. Fue tratada como un perro más. Lo que ocurrió después fue que Natasha dejó de hablar y comenzó a ladrar, a beber con la lengua y a caminar a cuatro patas. El cariño y conocimientos que sus padres le negaron lo encontró en los perros. En la actualidad reside en un centro de rehabilitación social.

Pero también tenemos un caso en España que se convirtió en película y documental. Se trata de Marcos García, al que he tenido el gusto de conocer y entrevistar personalmente. Su padre y madrastra, quienes le maltrataban, le vendieron a un pastor de Sierra Morena con tan solo unos pocos años de edad. Cuando el pastor murió, Marcos decidió quedarse en las montañas. Un día que Marcos tenía mucho hambre y frío se metió en una lobera donde había varias crías. Allí se quedó dormido hasta que aparecieron el gran lobo y la gran loba que regresaban de cazar. Al principio, cuenta Marcos, le gruñeron y él se echó las manos al cuello para protegerse de un posible ataque. Pero en un instante todo cambió y los amenazantes gruñidos se convirtieron en lametazos. Hasta le dieron comida con su propia boca. Desde ese mismo momento se convirtió en un miembro más de la manada. Aprendió a cazar con ellos, a hacer ruidos de animales para atraerlos y poder comer. Hasta se vistió con las pieles de sus presas.

A finales de los años 50, otro niño fue encontrado viviendo con gacelas en un desierto sirio. Con una musculatura increíble, era capaz de alcanzar los 50 kilómetros por hora corriendo. Tuvo que ser capturado por policías a bordo de un todoterreno. Posteriormente, fue institucionalizado durante un tiempo pero se escapó sin que nada se sepa hasta el día de hoy. Se desconoce cómo llegó a vivir en ese desierto o dónde se encuentra en el presente. La misma suerte corrió un adolescente encontrado en un bosque ruso que vivía como un lobo en una manada. Sin capacidad de hablar y muy agresivo, se escapó del hospital el mismo día que fue capturado. Aún hoy es buscado por las afueras de Moscú.

Vania Yudin vivía con su madre en un apartamento lleno de pájaros. Su madre se negó a tener cualquier tipo de contacto con él. Ni siquiera se dignaba a hablarle. Como consecuencia, el niño no podía pronunciar una sola palabra pero sí aprendió a hacer los sonidos de los animales con los que convivía. Expresaba sus sentimientos agitando los brazos, como lo hacen los pájaros con las alas. Su caso fue conocido cuando tenía la edad de 7 años y fue trasladado por los servicios sociales a una institución que se encargó de su rehabilitación.

El año pasado, las autoridades malasias anunciaron que al fin capturaron al “niño orangután”, del cual aún no se sabe ni la identidad ni el nombre. Sólo se conoce que tiene entre 4 y 7 años de edad. El caso fue reportado a la policía por los lugareños y el ejército comenzó una larga búsqueda hasta su captura. Este niño salvaje ha estado viviendo con orangutanes durante muchos años, viajando y trepando por los bosques, comunicándose y alimentándose como si fuera un primate más. De hecho no sabe hablar. Su captura fue especialmente difícil porque los orangutanes, su verdadera familia, le ayudaron para que no fuera apresado por el ejército, responsables de la misión. Los soldados tuvieron que sedar a tres de estos grandes simios con dardos tranquilizantes para poder agarrarle y llevarle a la localidad más cercana. Cuando ese mismo día fue ingresado en un hospital, tras unos análisis, los doctores estaban sorprendidos de su buen estado de salud.

Pero no es el primer caso de niños humanos criados por primates. En el año 1996, en Nigeria, fue encontrado Belo, “el niño chimpancé”, con 10 años de edad aproximadamente, de los cuales año y medio fue miembro de una comunidad de chimpancés, quienes le cuidaron y protegieron de los peligros. Otro caso digno de observación fue el de John Sebunya en Uganda, encontrado en el año 1991 tras ser criado por monos durante varios años en la selva.

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Fotograma de la película “Entre lobos”

Hay más casos, pero lo que todos tienen en común es que estos niños, afortunadamente, encontraron en los animales lo que los miserables humanos no les quisimos dar.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 23 febrero 2016

Un grupo de monos aulladores. CAROLYN M. CROCKETT

Puede que no te hayas fijado, pero los testículos del ser humano son bastante pequeños comparados con los que tienen el resto de los primates. Por ejemplo, los de los chimpancés y los bonobos doblan en volumen el de las personas. En este sentido, son la envidia de Nacho Vidal o Rocco Siffredi.

El tamaño de estos órganos no es algo azaroso en el Reino Animal, sino que responde a una lógica evolutiva y a estrategias concretas. Cuando en una sociedad de primates, las hembras se aparean con varios machos, en el interior de del útero se encuentran espermas de varios individuos. Como normalmente sólo uno puede fertilizar el óvulo, entonces se produce lo que en biología evolutiva se denomina “competición espermática”.

No se trata de que los espermatozoides se aticen los unos a los otros. Simplemente consiste en que, aquellos que hayan eyaculado una mayor cantidad, porque poseen unos testículos que albergan más esperma, tienen más posibilidades de ser los ganadores. Por eso, a lo largo de la evolución, algunas especies han sido mejor dotadas, nunca mejor dicho.

Pero hay esperanza, amigos primates. Un equipo de investigadores liderado por el biólogo Jacob Dunn ha descubierto que la naturaleza tiene maneras de compensar estas carencias. El primate estudiado en cuestión es el mono aullador, el cual habita en las selvas de Suramérica. Este interesante mono es conocido por los intensos rugidos que es capaz de producir a pesar de su pequeño tamaño. Las vocalizaciones que realiza tienen el propósito de atraer a hembras y defender su territorio de otros machos. Es decir, compiten por medio de sonidos.

Además, como viven en selvas frondosas, comprobarlo es complicado para otros rivales que no ven su verdadero tamaño y pueden sentirse intimidados por semejantes ruidos. Es como si un humano de baja estatura gritara con todas sus fuerzas escondido detrás de un árbol para intimidar a sus enemigos, haciéndoles creer que es más alto y corpulento.

Pues bien, Dunn ha comprobado que cuanto menor es el tamaño de sus testículos, mayor es el volumen con el que aúllan. Parece que se trata de un mecanismo que equilibra las estrategias de competición con otros machos mediante sonidos con la capacidad de fertilizar a las hembras a través de una eyaculación más abundante.

En esta especie, algunos machos viven en harén, mientras que otros deben compartir hembra. Los primeros, al tener acceso seguro a la reproducción, deben mantener su harén mediante potentes vocalizaciones y por lo tanto no necesitan testículos más grandes. Los segundos, que no gozan de exclusividad con las hembras, sí han desarrollado un mayor tamaño de sus partes.

Para llegar a esta conclusión, analizaron la relación entre el hiodes, un órgano con el que cuenta esta especie para amplificar sus vocalizaciones en la zona del cuello, con el tamaño de sus testículos. Dunn encontró una correlación inversa entre ambos. A mayor tamaño de los testículos, menor es este órgano que hace más potentes los sonidos.

En definitiva, tomad nota. No sólo es una cuestión de pelotas. La naturaleza es sabia y compensa a los individuos menor dotados con otras armas con las que alcanzar sus objetivos.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 23 febrero 2016

Llega la fecha más escalofriante de todo el año: la fiesta de Halloween. Las personas que lo celebran se vestirán con disfraces que inducen al terror y pasarán una noche de miedo asustándose los unos a los otros.

¿Pero por qué nos gustan tanto las películas e historias de terror? Han pasado millones de años de evolución y aún tenemos un instinto animal que nos hace temer la oscuridad, las sombras, los animales con dientes largos y ojos profundos, o las arañas. Un instinto de supervivencia que emergió hace cientos de millones de años, pero que aflora en cualquier momento del presente de manera inconsciente y nos estimula cuando tenemos miedo a que nos coman vivos.

La cuestión es que aún tenemos muchas reminiscencias de aquel instinto y modelos mentales que nos impulsaron a sobrevivir en la selva primero y en la sabana después. El psicólogo Nobuo Masataka, ha demostrado que los niños de tres años tienen más facilidad para detectar en una pantalla serpientes que flores. Además, su amígdala derecha, la zona del cerebro relacionada con el aprendizaje de los miedos, se activa con mayor intensidad cuando se les muestra animales que cuando son personas las que aparecen en la película.

¿Y el resto de los grandes simios? ¿También se enganchan ellos con las películas de miedo? En la Universidad de Kioto, uno de los laboratorios de primatología más importantes del mundo, unos científicos han descubierto que a los chimpancés también les gustan las películas de terror y además memorizan con facilidad escenas previas.

Vídeo: experimento sobre la afición de los chimpancés a las películas de miedo en la Universidad de Kioto.

Los chimpancés fueron expuestos a películas realizadas por el equipo investigador en las que un humano disfrazado de King-Kong atacaba y robaba a humanos. A continuación, otro vídeo mostraba a los humanos vengándose del falso gorila y atacándole con un martillo. Otros vídeos consistían en humanos disfrazados de chimpancés que aparecían en escena para robar y hacer el mal a personas. Lo que pasó a continuación es fascinante porque los chimpancés, con tal de poder ver cómo acababa la historia, ¡incluso dejaron de comer y de beber! ¡Estos simios lo estaban disfrutando a tope! Además, en un segundo pase de las películas, recordaban lo sucedido y ya fijaban sus miradas con anterioridad en las puertas desde dónde saldría los villanos.

Volviendo a nuestra especie, Sigmund Freud y los psicoanalistas de aquella época pensaban que las películas de terror nos gustan porque ese horror proviene de una misteriosa emergencia e identificación de imágenes con pensamientos de nuestra época más primitiva, que posteriormente han sido suprimidos por el ego civilizado. Por otro lado, el suizo Carl Gustav Jung también pensaba que este tipo de escenas “golpean” arquetipos enterrados en nuestro subconsciente colectivo: las imágenes de sombras, por ejemplo.

Pero este interés en el porqué de la atracción hacia las historias de miedo ya comenzó hace siglos, mucho antes de la aparición del cine. Algunos filósofos clásicos, como Aristóteles, pensaba que los cuentos de terror y violencia daban a las personas una oportunidad para purgar sus emociones negativas, un proceso llamado catarsis.

Otras teorías, como la de la transferencia de la excitación, formulada por el psicólogo Dolf Zillmannn subrayan que si la película termina con el héroe vencedor, se intensifican las emociones positivas. El problema de esta teoría es que la mayoría no acaban así.

Queda mucho por saber en este área y una gran cantidad de hipótesis por contrastar, pero a la luz de lo descubierto con los chimpancés y niños, en un primer análisis podemos llegar a la conclusión de que las películas de miedo y los cuentos de terror nos atraen porque despiertan nuestro sentido de la supervivencia, y quizás nos entrenan para peligros que existían en el pasado aunque en buena medida han dejado de amenazarnos en el presente.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 23 febrero 2016

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Para los que siguen pensando que en la vida rige la ley del más fuerte o sólo sobreviven los mejor adaptados, llegan nuevas investigaciones que anulan este prejuicio por completo. Hace unos días se publicó una de las historias más emocionantes sobre la vida en sociedad de los chimpancés de los últimos tiempos.

Por primera vez, los investigadores de la Universidad de Kyoto, en Japón, han podido hacer el seguimiento completo de una madre y su cría con síndrome de Down, en las selvas de Mahale (Tanzania). El caso comenzó hace un par de años aproximadamente, cuando Christina dio a luz a una preciosa hembrita que nació con esta dificultad. Además, también sufría de una hernia que la impedía sentarse si no era gracias a la ayuda de terceros.

Pero vayamos al inicio de todo. El día del parto comenzaron los cuidados especiales que nos recuerdan a las madres humanas que con todo el amor del mundo tienen que luchar para que sus crías tengan la vida que se merecen, a pesar de las dificultades.

Christina adoptó un papel de cuidadora especial, adaptando su comportamiento a las necesidades especiales y limitaciones de la cría. Dado que la bebé no podía alimentarse por sí misma, no la destetó hasta muchos más meses después de lo habitual, proporcionándola así el alimento necesario. También dejó de comer termitas y hormigas, una importante fuente de proteínas para los chimpancés, porque eso le impedía tener las manos libres para mantener a la cría en sus brazos. De no ser así, no habría llegado viva hasta la edad de dos años.

A pesar de la ansiedad, Christina no abandonó a su cría en ningún momento hasta el día de su muerte. “Las madres que tienen que proporcionar cuidados intensivos a sus hijos o hijas, sufren de más estrés que el resto de las progenitoras”, declararon los investigadores japoneses. Pero eso no la detuvo en ningún momento. Christina continuó luchando por su preciosa hija.

Por suerte, otra hija suya también participaba en su cuidado. Se trataba de una hermana mayor, de once años de edad, quien solía acercarse para jugar, transportarla y acicalarla con mucho cariño. A veces, la madre directamente se la ponía encima, algo que es inusual en el comportamiento de esta especie, como informó Michio Nakamura, uno de los integrantes del equipo de investigación. Cuando esto sucedía, la mamá rápidamente aprovechaba el tiempo para trepar a los árboles y coger fruta.

Pero lo impresionante es que Christina no dejaba a otros parientes tocar a la cría ni mucho menos cargarla. Es como si entendiera que no todos sabrían tratarla adecuadamente y adaptar sus movimientos a las necesidades de un ser con estas dificultades. Sólo su hermana mayor tenía permiso.

No es el primer caso de ayuda a los más necesitados del grupo que encontramos en primates. El primatólogo Frans de Waal, ha observado hace años el caso de una macaca que nació sin manos ni pies. La hembra vivió una vida normal y hasta tuvo descendencia. La ayuda y adaptación del grupo a su ritmo y necesidades lo hicieron posible.

Estos descubrimientos son muy interesantes porque pueden ayudarnos a entender la evolución del comportamiento de ayuda mutua en nuestra especie. De esta manera podemos saber si el ancestro común de chimpancés y humanos ya poseía esa tendencia a hacerlo o no. Pero principalmente, derriban un modelo mental imperante en la sociedad que pone el énfasis en la supervivencia individual, olvidándose de lo fundamental que ha sido el grupo y la ayuda mutua, tanto para la existencia de nuestra especie como para otras cercanas.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 23 febrero 2016

 

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Muy al contrario de la creencia popular, está demostrado por varios estudios psicológicos que los terroristas no son psicópatas de manual ni tampoco padecen ninguna patología mental en mayores tasas que las que existe en cualquier otro grupo.

Profundizando un poco más, nos encontramos que algunas de las carencias de los jóvenes que se integran a los grupos terroristas se ven satisfechas al unirse a estas bandas. Una intensa necesidad de pertenencia e identidad suele ser el denominador común. Pertenecer a estas comunidades alivia su sentimiento de separación de la sociedad a la vez que refuerzan su identidad. Pero algunos adolescentes y jóvenes encauzan estos sentimientos de manera inofensiva: haciéndose miembros de tribus urbanas o asociaciones, perteneciendo a equipos deportivos o formando parte de algún club de seguidores de alguna estrella del pop o el rock.

El problema es que si a los factores anteriores le añadimos el extremismo religioso, el resultado final de todo puede ser explosivo. Esta es la razón por la que los jóvenes son vulnerables al islamismo extremista. Pertenecer a un grupo terrorista con religión radical proporciona una estructura mental que argumenta esos pensamientos de odio a la vez que proporcionan una familia. También es la oportunidad perfecta para aumentar la posición social o estatus que nunca poseyeron en sus comunidades de origen.

“Además, la ideología de la que los terroristas se alimentan ve el mundo en abstracto y no mediante la experiencia directa. Perciben el mundo en términos de conceptos y categorías, desarrollando una mirada al exterior muy rígida, la cual se convierte en muy poderosa. El resultado es una separación total con el mundo real, la experiencia y el contacto. Les prepara para ver a las personas occidentales o no creyentes como unidades y no individuos”, piensa el psicólogo de la Universidad de Leeds Steve Taylor.

En varias ocasiones, se ha definido el problema del terrorismo islámico como la consecuencia de una narrativa o literatura ficticia del extremismo religioso por el cual se ven influídos algunos jóvenes. Esto está ocurriendo tanto en países como Siria o Irak, como también en países occidentales donde reclutan a algunos de sus hombres más peligrosos.

Entonces, ¿qué provoca que hombres y mujeres tan jóvenes sean susceptibles al veneno de esta narrativa y pierdan todo el sentido de la humanidad y la moralidad? Taylor cree que uno de los aspectos más relevantes que diferencian a estos terroristas de otros delincuentes o personas comunes es la facilidad que tienen para desconectar la empatía en un momento dado y ponerla al servicio de sus objetivos y creencias.

Los seres humanos venimos al mundo con una capacidad llamada “preocupación empática”, la cual nos hace estar atentos de aquellos que sufren y nos avisa del sufrimiento que podemos hacer pasar a otros si no nos controlamos. Esto significa que uno de los pasos fundamentales para todo yihadista es desconectar esta empatía que poseemos todos los seres humanos de manera innata, ya que así pueden tratar a otros seres humanos como si fueran cosas. Es la única manera posible de matar sin remordimiento, negándose a conectar con ellos. Es una completa falta de empatía la que hace posibles actos tan horribles como la masacre de París, los atentados en Libia, el 11S o el 11M.

La auto-percepción sobre la identidad propia y la búsqueda de significado en la vida, cuando son intoxicados por líderes manipuladores pueden acabar anulando la empatía. Para ello, estos líderes emplean diversas técnicas mediante las cuales deshumanizan al enemigo. Nos ven como un colectivo y no como personas o individuos. Nuestro dolor se ve minimizado. Para ellos, cualquiera de nosotros es responsable de los crímenes de los que nos culpan y por esa razón consideran que sus actos de brutalidad son necesarios.