Pablo Herreros viajó hasta la reserva biológica de Playa Tortuga, en Costa Rica, para estudiar de cerca las cuatro especies de primates que habitan esa zona de Centro América.
Desde allí envió hace unos días esta maravillosa crónica para el blog “Yo, mono” de el diario El Mundo, donde nos describe algunas de las capacidades que poseen los monos capuchinos, como su sentido de la justicia y de cooperación con sus compañeros, y que sólo han sido encontradas en otros grandes simios, razón por la cual se han ganado el calificativo de ‘Chimpancé del Nuevo Mundo’.
En los años 90, dediqué por completo mi trabajo de campo a estudiar una tribu exótica de la cual extraje grandes enseñanzas. Estas quedaron reflejadas en una monografía etnográfica que se publicó con el título de “La tribu de los seloñapse: un pueblo que mira al vecino y al pasado”. Debido a que yo poseo ascendencia seloñapse, me fue sencillo familiarizarme con las costumbres y rápidamente accedí a sus ritos más íntimos.

Coordenadas geográficas donde se encuentra la tierra de los seloñapse (imagen: “Google Earth“).
El ancestro común de seres humanos y orcas vivió hace más 700 millones de años, mucho antes de que fuéramos primates como los que somos hoy en día. Las orcas, tienen fama de ser uno de los depredadores más temidos del planeta. Todo el mundo es consciente de su peligro, pero la mayoría desconoce su lado amable. Las orcas también son muy sociables entre ellas y muestran altos niveles de cooperación y coordinación en grupo.

Orca nadando cerca de la orilla (imagen: “Orca homepage”).
Solía decir Charles Darwin, que aquel que conozca la vida social e inteligencia de los primates habría hecho más por conocer al ser humano que el propio filósofo John Locke. Siguiendo la línea de Darwin, junto al brillante Pablo Jaúregui (redactor jefe de ciencia en El Mundo), comenzamos una aventura editorial llamada “Yo, mono” en la edición digital de ese diario. En ella analizamos comportamientos cotidianos del hombre, a la luz de las investigaciones con primates humanos y no humanos. La política, la economía, los deportes e incluso los cotilleos hunden sus raíces en patrones de conducta que surgieron hace millones de años, cuando tú y yo éramos monos.

Jane Goodall y Pablo Herreros durante su encuentro (imagen: “Pablo Herreros”).
Este mes, el blog Somos Primates cumple tres años, durante los cuales hemos intentando dar explicación evolutiva a muchos de los comportamientos que forman parte de nuestro orden: los primates. Puede que muchos lo desconozcan, pero primate significa “los primeros”. Si bien es cierto que el ser humano no es superior a ningún otro ser vivo, también lo es que el grupo de especies al que pertenecemos los humanos es uno de los más exitosos del que existen en nuestro planeta tierra. Para celebrar este acontecimiento, el equipo de Somos Primates al completo queremos compartir con vosotros una carta muy especial que hemos recibido de un ser un tanto inquietante….

Multitud de humanos en Times Square, New York (imagen: “Wikipedia”).
Esta es la segunda parte del artículo «Cómo ligar (1)», publicado por Pablo Herreros en este mismo blog.
En cuanto al “marketing” aplicado al cortejo, las aves son expertas en dicha disciplina. Sus plumas de colores, colas llamativas y complejos pasos de baile son más efectivas que muchas de nuestras campañas publicitarias. El caso más conocido es el del pavo real, pero existen infinidad más.

Macho de pavo real de la India, una especia experta en el marketing del cortejo (imagen: Wikipedia).
El cortejo es un conjunto de comportamientos que los animales desplegamos, tanto los machos como las hembras, con el fin de atraer y conseguir aparearnos con otros miembros de nuestra especie. Eventualmente, este patrón resultará en la reproducción y el surgimiento de una nueva generación. Es por esta razón, que el cortejo, y la selección sexual que conlleva, es uno de los mecanismos claves de la Ley por Evolución de la Selección Natural. A través de este método de elección preferencial, por el que se escogen unas parejas y se descartan otras, unos genes pasan a la siguiente generación y otros no. Este es uno de los principios clave de la teoría desarrollada por el biólogo más famoso de la historia, Charles Darwin.

Una hembra de mantis se merienda a su pareja sexual durante la cópula (imagen: Capturedenigma / Flickr).
Esta es la segunda parte del artículo «Nacidos para conectar (1)», publicado por Pablo Herreros en este mismo blog.
En otro estudio de la revista Current Biology del mes de noviembre, se describe el caso de un elefante asiático de 22 años llamado Koshik. Este elefante que vive en un zoo de Corea del Sur también posee un talento excepcional, relacionado directamente con la necesidad de conectar con otros, ya que es capaz de imitar varias palabras en coreano. Koshik puede pronunciar las palabras «annyeong» (hola), «anja» (siéntate), «aniya» (no), «nuwo» (échate) y «joa» (bien).

Una trompa (imagen: OnceandFutureLaura / Flickr).
Los mamíferos somos una clase de vertebrados muy especiales en lo que se refiere a la vida social. Desde que nacemos, necesitamos vincularnos los unos con los otros. Esta es una tendencia tan poderosa, que el científico Harry Harlow demostró con macacos, que estos preferían a una madre de trapo con la que apegarse, que a una de metal que proporcionaba leche.
Una beluga en el agua (imagen: Wikipedia).
Charles Darwin sospechaba que algunos animales usan señales olfativas que les indican dónde ir, cuándo aparearse o incluso detectar si se están adentrando en territorio ajeno. Desafortunadamente, Darwin no lo pudo comprobar por sí mismo y no fue hasta un siglo después que se identificó en el gusano de seda (Bombyx mori) la primera de estas feromonas, sustancias que se expulsan al exterior para estimular o condicionar la conducta de otros miembros de tu especie.





