Autor: Pablo Herreros 29 Julio 2010

Esta es la segunda parte del artículo El origen del bricolaje (1), publicado por Pablo Herreros la semana pasada en este mismo blog.

Aunque algunos comportamientos como los observados en cuervos y urracas parecen innatos, sabemos por las investigaciones que con otros animales no sucede así. Por ejemplo, los chimpancés adquieren la técnica de captura de termitas transcurridos varios años. Hasta ese momento, se limitan a observar y jugar con los artefactos que sus madres manipulan. Lo mismo ocurre con los yunques y piedras que usan para abrir las nueces en la selva. Estas, junto a otras pruebas, son buenas razones para pensar que la técnica se adquiere a través de la experiencia.

Un chimpancé ensaya la captura de termitas con la ayuda de una rama (imagen: Jane Goodall’s Wild Chimpanzees).

Autor: Pablo Herreros 22 Julio 2010

Cuando un grupo de investigadores observó por primera vez a un delfín con una esponja marina alrededor de la zona de la boca, pensó que esto había ocurrido de una manera accidental, probablemente mientras removía la arena en busca de pequeños crustáceos. Los investigadores pronto constataron que esto sucedía con relativa frecuencia y rápidamente descubrieron el misterio.

Un delfín protege su hocico con una esponja marina (imagen: artículo científico de la revista PLoS).

Autor: Pablo Herreros 15 Julio 2010

Cuando un chimpancé topa con un ser humano en la selva, normalmente se asusta mucho, debido a que esta especie ha tenido malas experiencias en situaciones similares en el pasado. Nadie espera que éste llame a sus colegas. Pues esto es precisamente lo que ocurrió, según cuenta en un artículo Joshua Foer, publicado este año en la revista National Geographic.

Ash (ceniza),  joven chimpancé de Monkey World, un centro de rescate de simios del Reino Unido (imagen: usuario de Flickr).

Autor: Pablo Herreros 8 Julio 2010

Cuando a principios del siglo XX aparecen los primeros fósiles de Australopithecus en África, se descubre un eslabón crucial para entender la evolución de los homínidos. Pronto comienzan las especulaciones sobre el modo de vida de nuestros antepasados. En las primeras obras se los describe como seres fieros y crueles que comen a sus presas vivas. Según estas teorías, la guerra y la agresión habían sido fuerzas poderosas en la evolución humana. A este conjunto de conjeturas se las denomina “teorías del simio asesino” o el mito del “primate asesino”.

Babuinos de Guinea en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno (imagen: Pablo Herreros Ubalde).

Autor: Pablo Herreros 1 Julio 2010

El acicalamiento o grooming (en inglés) es ese comportamiento que todos hemos observado en alguna ocasión, ya sea en documentales o zoológicos, en el que dos o más individuos parecen despiojarse unos a otros por turnos. Pero el sentido de este comportamiento van mucho más allá de lo aparente, ya que además de una función higiénica, el acicalamiento tiene otros usos sociales de gran utilidad para los primates no humanos. Por ejemplo, existe una correlación entre el tiempo que emplean dos sujetos en acicalarse y la calidad de la relación que mantienen. Por lo tanto, este actúa de pegamento social y refuerza las relaciones de grupo, como en humanos lo hacen las conversaciones, las caricias, las miradas, etc.

En primates no-humanos, el acicalamiento tiene otras funciones sociales y emocionales, a parte de higiénicas.http://www.vimeo.com/12953575

Autor: Pablo Herreros 24 Junio 2010

En la mayor parte de los mamíferos, la madre es la encargada de cuidar de las crías. El padre rara vez interviene de una manera directa, aunque suele procurar protección ante depredadores y otros machos del grupo. Pero existen varios primates que viven en Suramérica en los que ocurre todo lo contrario, los calitrícidos, que poseen sistemas de crianza cooperativos en los que todo el grupo interviene. Éstos son unos pequeños monos que comprende varias especies como son los titíes, los tamarinos y las marmosetas.

Autor: Pablo Herreros 17 Junio 2010

El juego es un fenómeno que podemos encontrar en mamíferos, aves y también en algunos peces, reptiles y anfibios según Gordon Burghardt, etólogo de la Universidad de Tennessee. Burghardt ha estudiado el juego animal durante los últimos años en especies como tortugas e iguanas. Tras introducir objetos se registraba la actividad que llevaban a cabo los animales, y los datos mostraron que parecen sentir curiosidad y tener comportamientos lúdicos hacia ellos. También hay observaciones de cocodrilos jugando con cuerpos de animales muertos y surfeando olas en el río.

Autor: Pablo Herreros 10 Junio 2010

Hasta hace poco, los vecinos de la aldea de Bunyaruguru, en Uganda, no tomaban precauciones para visitar a sus amigos de las aldeas vecinas. Pero ahora las cosas han cambiado. La gente tiene miedo de cruzar en bicicleta el pueblo porque ya ha sucedido en multitud de ocasiones que los elefantes bloquean el camino y atacan a los transeúntes.

Autor: Pablo Herreros 3 Junio 2010

En el orden de los primates, las especies que cuentan con grupos sociales más complejos, confían más en las señales visuales que en las señales olfativas para comunicarse. Los primates superiores, a lo largo de la evolución, hemos reducido el tamaño de nuestros hocicos en favor de manos para capturar presas. Igualmente, dependemos más de la visión que del olfato para cazar, por lo que nuestros ojos se han desarrollado hasta lograr la estereoscopia o percepción tridimensional del entorno.

Autor: Pablo Herreros 27 Mayo 2010

Es fácil observar en cualquier situación cotidiana que la especie humana posee una fuerte tendencia a ayudar a otros. En un principio, el propio Charles Darwin tenía problemas para explicar ciertas conductas de cooperación y altruismo presentes en la mayoría de los organismos, y aunque suponían una seria amenaza a sus ideas, intuía que habían jugado un papel clave en la evolución. Por entonces no se había descubierto el ADN y comportamientos como los que muestran los insectos sociales, con sacrificios de unos por otros, eran contradictorios a las ideas de la selección natural. Cuando en los años sesenta se hacen posibles las primeras pruebas genéticas, surgen teorías que explican estos fenómenos, ya que se constata, que en una colmena o termitero, todos son parientes, pues comparten la misma madre. A este conjunto de ideas se le denomina teoría del parentesco y fue desarrollada por el biólogo William Hamilton en los años sesenta del siglo pasado.