Autor: Pablo Herreros Ubalde 18 abril 2015

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Según Goleman, la Inteligencia Social está dividida en dos grandes áreas: conciencia social -lo que percibimos respecto a los otros individuos- y aptitudes sociales -lo que hacemos con ese conocimiento.

La conciencia social requiere de un conjunto de un mecanismos automáticos y conocimientos, algunos de los cuales son inconscientes y por lo tanto están basados en la intuición. De acuerdo a lo anterior interpretamos las señales emocionales de otros sujetos o grupos que observamos. Se trata de una habilidad empática que nos permite conectarnos con el entorno.

El modo en que gestionamos toda esa información son las aptitudes sociales. A través de ellas, despertamos emociones o influimos en las decisiones de los demás. Entre otras muchas están la comunicación, el compromiso, la facilidad para sincronizarse y vincularse, etc.

Uno de las manifestaciones más apasionantes de la Inteligencia Social es la formación de alianzas. Todos los seres humanos sentimos más afinidad por unas personas que por otras. En el día a día, gestionamos esas relaciones para ascender de estatus o ganar más dinero. De hecho, el éxito de grandes empresarios o políticos se explica más fácilmente desde el análisis de la pericia para generar lealtades en otras personas que desde su currículo académico.

Pero este fenómeno social no es exclusivo de nuestra especie. Uno de los estudios más interesantes sobre las consecuencias de estas alianzas, lo llevó a cabo el primatólogo Ronald Hall con babuinos en Kenia. Éste pudo demostrar que el éxito de los líderes de esta especie depende de su tendencia a luchar, pero aún más de su predisposición a formar alianzas y cooperar.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 abril 2015

Winston Churchill no era precisamente un estudiante ejemplar. Cuando estuvo internado en un colegio de élite de la ciudad de Ascot, fue castigado con frecuencia y sus notas siempre se encontraron entre las peores de la clase. Año tras año, era incluido en el grupo de los menos avanzados y también le rechazaron varias veces en las pruebas de acceso a la Academia Militar de Sandhurst. Pero lo que muchos desconocían por aquel entonces, es que Churchill poseía otro tipo de habilidades que iban a jugar un papel fundamental en el futuro de la humanidad.

El joven, tras los episodios de fracaso, empezó a destacar en la política. Sus dotes de orador y el sentido del humor que mostraba en sus intervenciones públicas seducían a todos los británicos. La afinada intuición sobre lo que estaba pasando en la Alemania de los años treinta y la manera que tenía de gestionar las relaciones con los personajes más influyentes de la época, lo elevaron hasta el puesto más alto de la diplomacia británica. Una vez en el gobierno, fue capaz de unir en una alianza en contra los nazis, a países tan reticentes por aquel entonces, como eran los Estados Unidos de América y la Unión Soviética, lo que determinó para siempre el rumbo de la II Guerra Mundial y la historia. Poco después de ganar la guerra, fue recibido con honores, por amigos y enemigos, en el Parlamento.

Su gran carisma y facilidad para emocionar a sus compatriotas lo convirtieron en el primer ministro más famoso de todos los tiempos. La vida y logros de Churchill son un ejemplo perfecto de lo que puede conseguir una persona que posee una excepcional Inteligencia Social. Un concepto que introdujo en 1920 el psicólogo norteamericano Edward Thorndike, y que remite a la capacidad para comprender y relacionarse con sabiduría en nuestro trato con otros individuos. Thorndike abrió de esta manera, por primera vez, el debate de la existencia de inteligencias múltiples, una teoría que hoy en día es ampliamente aceptada. Este modelo de inteligencia, que incluye una dimensión social, fue apartado hasta tiempos recientes, cuando divulgadores y científicos lo han rescatado del olvido.

En la actualidad, el psicólogo e investigador de la Universidad de Harvard, Howard Gardner, es uno de los mayores defensores de la existencia de varios tipos de inteligencias. Gardner habla de hasta ocho diferentes: linguística, espacial, matemática, naturalista, corporal, musical, intrapersonal e interpersonal. Siendo esta última análoga a la Inteligencia Social. Entre los autores que más han contribuido al desarrollo del concepto se encuentra el psicólogo Daniel Goleman, quién han recopilado en sus libros una gran cantidad de investigaciones y anécdotas que demuestran la importancia, tanto de la Inteligencia Emocional como de la Inteligencia Social. Para Goleman, la Inteligencia Emocional es la cualidad de reconocer las emociones propias y gestionarlas de una manera eficaz. Pero la Inteligencia Social va un paso más allá de la psicología individual y se centra en cómo usamos toda esa información emocional para conectarnos mentalmente con los demás.

La Inteligencia Social es, por tanto, un conjunto de capacidades que todos poseemos, en mayor o menor grado, para comprender qué ocurre a nuestro alrededor e interaccionar con otras personas. La gente que tiene una Inteligencia Social muy desarrollada suele empatizar y hacer sentir bien a los que le rodean. Por medio de su comunicación verbal y no-verbal, emiten mensajes a su entorno que provocan sensaciones de aprecio y respeto. Además, son capaces de transmitir emociones positivas, lo que se traduce en más posibilidades de obtener la colaboración, llegar a un acuerdo favorable o incluso resolver un grave conflicto. Estas competencias sociales se pueden entrenar a lo largo de la vida y son tan necesarias en el patio de un colegio, como en las transacciones bursátiles más importantes de Wall Street. Un buen caso de cómo aplicar esas cualidades en situaciones difíciles nos la proporcionó uno de los padres de la Teoría de la Comunicación Humana, el psicólogo austriaco Paul Watzlawick, quien cuenta la historia de un oficial del ejército al que ordenaron dispersar un motín en una plaza pública. El oficial, cuando se acercó al lugar con su destacamento, apuntó a la gente y gritó: “Señores, tengo la orden de despejar la concentración, pero tengo entendido que hay muchos hombres buenos entre ustedes, por lo que les ruego se aparten para no herir a ningún inocente”. De manera inmediata, las emociones de la muchedumbre sufrieron un cambio radical y el lugar quedó despejado en pocos minutos sin que hubiera un solo disparo, gracias a la Inteligencia Social del militar.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 6 abril 2015

La amistad animal existe. Son lazos que nos unen con otras personas. Gracias a las amistades, muchas especies hemos sobrevivido a épocas de gran inestabilidad. Así que no lo olvides, en la amistad está la clave de tu supervivencia.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 5 abril 2015

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Hasta hace bien poco, en la naturaleza y por extensión a la sociedad humana también, se asumía un modelo mental donde reinaba la dominación masculina. Pero ahora, sabemos que nada es lo que parece. La dominación sobre las hembras no es tan intensa en aspectos fundamentales de la vida, como son la reproducción o la libertad de movimiento, por ejemplo.

Lo que ocurre es que las hembras emplean estrategias menos obvias y más sutiles para conseguir lo que desean o influir en la toma de decisiones. Son las verdaderas armas de mujer. Al fin y al cabo, las hembras son las dueñas del destino de nuestra evolución, pues ellas no sólo seleccionan al padre de su hijos sino que también son las principales sustentadoras y las que más tiempo emplean en el cuidado de los más pequeños de nuestra especie. En este sentido poco ha cambiado en millones de años.

Soy consciente de que acciones como la perpetrada por el talaverano Mario García Montealegre, agresor de una mujer desconocida en Barcelona, con el simple objetivo de ser famoso y trasladar una imagen de impunidad e superioridad a su manada de amigos, ponen difícil defender lo contrario. Mario es más loco que machista. Probablemente hubiera hecho lo mismo con un minusválido o chico flacucho y con gafas.

Además, ha sucedido precisamente la semana en la que se celebra el Día Internacional de la Mujer. Pero no olvidemos que siempre habrá psicópatas, sociópatas y demás individuos que se salen de la media y para los cuales auguro un futuro muy negro. Aún hoy quedan reminiscencias de la idea de que existe una dominación masculina.

Entre chimpancés, es verdad que pueden llegar a ser rudos con las hembras, pero no olvidemos que esta especie tiene seis veces más de fuerza que un humano. Lo que quiere decir que lo que desde el punto de vista humano puede parecer un golpetazo, puede ser un empujoncito para ellas. Además, ellas tampoco se quedan cortas. A veces, como he comprobado por mí mismo, algunas chimpancés y gorilas también arrean a los machos. Pero todo lo que ocurre dentro de un mismo grupo está controlado. El equilibrio es necesario.

Por ejemplo, hay machos que pueden llegar a ser muy violentos con las hembras. El colectivo al completo puede ser víctima de la inestabilidad que provocan. En estas situaciones, las hembras y las crías son los miembros más vulnerables. Para contrarrestar esta amenaza, las hembras suelen aliarse entre sí y forman una coalición en contra de los agresivos, evitando así salir perjudicadas.

Ésta es una estrategia de la que las personas debemos aprender mucho. Lo que frena la violencia de los machos es la alianza o coalición de las hembras que los hagan frente. Por eso, en mis seminarios o cursos, siempre aconsejo la asociación, la creación de alianzas, ya sea mediante asociaciones o grupos de amigas y amigos. Es decir, la creación de una red social para cada uno de nosotros que pueda hacer frente a los abusadores en caso de agresión, física o psicólogica.

Otra idea errónea hasta que pudimos hacer análisis de paternidad mediante el análisis de ADN es que los machos son los que deciden si serán padres o no, copulando con todas las hembras posibles. Pues bien, ésta puede ser la estrategia de muchos machos donde no practican la monogamia, pero ellas también tienen las suyas, mucho más complejas, como siempre. A veces es el engaño, llegando a escaparse por las noches para copular con machos jóvenes periféricos o de otros grupos, como sabemos que ocurre con los gorilas. De manera similar, las aves, reinas de la monogamia hasta ahora, también lo practican visitando nidos vecinos. Se nos cayó otro mito.

¿Y sobre la elección de padre? La falsa idea de que ellas no han elegido y simplemente se han dejado hacer en nuestra especie y otras de mamíferos es aún más errónea. En varias especies de primates donde las hembras solo están receptivas sexualmente unas pocas semanas al año, puede ocurrir que éstas copulen con diversos machos en la época de celo.

Es cierto que a veces algunos machos muy dominantes presionan a las hembras a copular con ellos. Pero lo que se ha descubierto recientemente es que las hembras detectan cuáles son los días exactos en los que son fértiles. Debido a que el esperma no se mantiene activo más allá de un par de días dentro del útero, la mayoría de los encuentros sexuales que ocurren en el periodo receptivo no terminan fecundando el óvulo. Lo interesante es que en los 2-3 días de fertilidad real, las hembras copulan con los que ellas desean realmente. De esta manera, ejercen un control sobre la paternidad de la descendencia y se aseguran de que es el padre que quieren para su descendencia.

En conclusión, nada es lo que parece a primera vista en lo que respecta al poder. Al fin y al cabo, la evolución de nuestra especie está en manos de las hembras. De nuestras madres, abuelas, hermanas, hijas, nietas… Por eso se merecen una atención especial, sea o no el Día de la Mujer. Hasta en esto de la evolución, ellas deciden.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 31 marzo 2015

Culos salvajes

Publicado originalmente en elmundo.es:

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/yomono/2015/02/14/culos-salvajes.html

En los últimos tiempos, no pasa una semana sin que la enésima imagen del voluptuoso trasero de Kim Kardasian se convierta en un fenómeno viral en las webs de todo el mundo. ¿Por qué fascina tanto? ¿Cuáles son las raíces de semejante obsesión planetaria?

Con los culos y las tetas, nos pasa un poco como cuando preguntas quién ve La 2. La gente dice lo que cree que debería ser y no lo que realmente es. Unos estudios antropológicos con culturas de todo el mundo, realizados hace más de una década, revelaron que a la mayoría de los hombres nos gustan las mujeres gorditas, con muchas curvas y senos grandes. Todo lo contrario del ideal televisivo o de Hollywood.

Existen universales compartidos por personas del mundo que son contradictorios con los que nos presentan las grandes casas de moda en las pasarelas: mujeres con poco pecho y muy delgadas. Un físico que, en principio, es menos eficaz para procrear. Así que, aunque sea sólo por una vez, vamos a a ser sinceros y arrojemos un poco de luz científica en este tema: ¿por qué a los hombres nos gustan que estas partes del cuerpo sean grandes?

La hipótesis tradicional, desde la biología evolutiva, siempre especuló sobre la idea de que una mujer con caderas anchas es más fértil y además tendrá partos más sencillos. De esta manera se incrementan las posibilidades de supervivencia de la progenie. La misma lógica siguen el tamaño de los senos y la consecuente capacidad de producir alimento para el bebé. Desde la primatología se añade un elemento mas: los culos grandes recuerdan al hinchazón del trasero que experimentan algunas hembras de primate cuando están celo. Del mismo modo, los labios carnososo pintados de rojo recuerdan ese estado.

Existen más posibilidades para explicar esta irresistible atracción de las féminas. El científico Gordon Gallup Junior, en declaraciones a la revista Psychology today, cree que las grasas de esta área, llamadas gluteofemorales, guardan una estrecha relación con la atracción por otras razones. Estas grasas, según Gallup, juegan un papel fundamental en el desarrollo del cerebro de los niños. Varios estudios han encontrado cierta correlación entre estos lípidos y la inteligencia de sus niños. Pero no sólo la descendencia, parece que las madres también lo son, asegura Gallup. El problema de estos resultados está en el concepto de inteligencia, por lo que en mi opinión, estos estudios son muy controvertidos.

Sin embargo, no todo es biología. La cultura, incluido el momento histórico y social, también incide en los gustos que las personas tienen. Un ejemplo contemporáneo es que a muchas hembras no les gusta ser más altas que nosotros, tacones sumados, claro. Os lo dice alguien que mide 1,75 cm, tacones incluidos también.

Otra idea de naturaleza cultural es que la tendencia humana desde nuestros orígenes ha sido la de valorar aquello que escasea. Por esta razón, hasta la llegada de la sociedad de la opulencia, el hambre hizo que nos gustaran las mujeres gorditas porque era un indicador de salud. Ahora ya no importa o incluso juega en contra por el aumento de la obesidad entre la población mundial. Los obesos tienen más enfermedades en la sociedad actual.

Fenómeno similar ha sucedido con el tono de la piel. Antiguamente, el bronceado era sinónimo de vida dura en el campo. Más adelante se convirtió en señal de disponibilidad de ocio, lo que está directamente relacionado con el estatus económico. Ahora, quizás porque el bronceado ya está al alcance de todos y el miedo asociado al cáncer de piel, parecen haber detenido esta obsesión.

En conclusión, el resultado de la interacción entre la cultura y la biología provocan una gran diversidad de preferencias posibles, pero aún se mantienen preferencias inconscientes que provienen de nuestro pasado en el árbol y después en la sabana. Es decir, además de lo aprendido, también hay razones biológicas inconscientes y automáticas por las que nos gustan unos rasgos determinados del sexo contrario. Casi nada es aleatorio en este área.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 21 marzo 2015

Somos cooperativos

Porque el grupo es mucho más que la suma de todos. Porque nada de lo que ves a tu alrededor hubiera sido posible sin la cooperación de millones de personas. Porque cada objeto y cada idea que te rodea es producto de la colaboración de nuestra especie. Porque desde hace millones de años los humanos nos ayudamos los unos a otros.

 Somos altruistas

Porque muchas veces damos sin recibir nada a cambio. Porque poseemos una tendencia innata a la preocupación por otros. Porque somos capaces de imaginar lo que otros sienten y actuar en consecuencia. Porque en muchas ocasiones cedemos parte de nuestros recursos y compartimos desinteresadamente. Porque somos capaces de arriesgar nuestra vida por desconocidos que jamás volveremos a ver.

Somos justos

Porque la vida en grupo hubiera sido imposible sin algún tipo de tendencia que regule las interacciones sociales. Porque descendemos de homínidos que siguieron las reglas del juego limpio. Porque éstos han sido más numerosos en la historia de nuestra especie que los tramposos. Porque nos indignamos ante las injusticias y actuamos para remediarlas. Porque preferimos quedarnos sin nada antes que aceptar una solución injusta.

 


Autor: Pablo Herreros Ubalde 20 marzo 2015

Según las últimas investigaciones, sobre las paredes de las cuevas de Altamira y El Castillo (Cantabria) se encuentran pintadas unas manos y puntos rojos, datadas con una antigüedad de 40.000 años. Hasta el momento, representan las manifestaciones artísticas más antiguas de la humanidad. Pero, ¿es el arte un fenómeno exclusivo de nuestra especie o las bases cerebrales para que esto fuera posible comenzaron a desarrollarse muchos millones de años antes?

El zoólogo Desmond Morris, en los años sesenta, enseñó a pintar a varios chimpancés. Morris comprobó que los chimpancés tenían sentido de la composición. Dibujaban círculos y repartían las distintas figuras por el papel. El problema es que los recompensaban y pronto dejaron de tener interés. El trabajo comenzó a ser de la peor calidad y ya no existía armonía en sus pinturas. Morris, bromeando, afirmó haber encontrado los orígenes del arte comercial.

Poco después lo intentó con otro chimpancé llamado Congo. Esta vez permitió que empleara las pinturas de manera espontánea, es decir, sin un entrenamiento previo y sin recompensas. Cada día, se sentaba en una pequeña mesa de madera y pintaba a su antojo. Pronto comprobaron que Congo equilibraba las composiciones por sí mismo y se mantenía en los límites del papel. Si se le proporcionaba un dibujo ya empezado, él escogía los mismos colores. Por ejemplo, si un lado contenía rojo, él usaba el rojo también.

El chimpancé impresionista abstracto

Morris contó que una vez le quitó a Congo sus papeles y pinturas cuando estaba dibujando algo similar a un ventilador. Cuando pudo regresar, retomó el trabajo en el mismo punto que lo había dejado, mostrando que tenía un objetivo y no eran simples manchones.

A la edad de cuatro años ya había realizado cientos de obras y los críticos de arte lo calificaron de estilo “lírico abstracto impresionista”. Las reacciones en el mundo del arte oscilaron entre el escepticismo y la admiración absoluta. El mismo Pablo Picasso tenía un cuadro de Congo colgado en su casa de París. Joan Miró, cambió dos de sus obras por una de Congo y Salvador Dalí declaró en una ocasión que Congo era el artista, y el pintor abstracto Jackson Pollock el auténtico chimpancé.

Uno de los cuadros de 'Congo'. | CongoUno de los cuadros de ‘Congo’. | Congo

Desafortunadamente, Congo murió poco después por tuberculosis y la investigación se detuvo. Hace unos años, tres de las obras de Congo alcanzaron la cifra de 25.000 dólares en un lote subastado por la casa Bonhams, en Londres, junto a cuadros de Renoir y Andy Warhol.

Frans de Waal cuenta una anécdota que demuestra lo peligroso que puede ser interponerse entre un primate y sus creaciones. En el Zoo de Amsterdam, Bella, una chimpancé solía pintar muy concentrada y con tranquilidad, pero en una ocasión, el cuidador intentó quitarle los materiales en mitad del proceso creativo. Bella perdió los nervios e intento atacarle.

El ojo artístico de las palomas

Pero el arte, o al menos la capacidad para su percepción, no parece ser patrimonio exclusivo de los primates. Shigeru Watanabe puso a prueba la capacidad de las palomas para diferenciar cuadros de Monet de los de Picasso. Tras un entrenamiento con varios cuadros, se les mostraban unos nuevos. Entonces debían elegir a cuál de los dos pintores correspondían. Las palomas acertaron en un 90% de las ocasiones. Pero aún hay más, cuando se les enseñó cuadros de los impresionistas Renoir y Cezanne, los cuales nunca había visto, los agruparon junto a los de Monet, impresionista también.

El mismo equipo quería poner a prueba la capacidad de discriminar el “buen arte” del “mal arte” y poder establecer comparaciones con los parámetros y cánones que poseemos los humanos. Para poder hacerlo, primero pidieron a varios humanos que clasificaran en buenos y malos una gran cantidad de dibujos hechos por niños. Las palomas coincidieron en la mayor parte de las ocasiones con el juicio de los humanos.

Pero, ¿cómo perciben las figuras los primates no humanos? El primatólogo Tetsuro Matsuzawa llevó a cabo una serie de experimentos. Los resultados probaron que eran capaces de usar figuras geométricas complejas. Además, la percepción del color y de las formas resultó ser muy similar a la que tenemos los humanos.

Lo que sugieren todas estas investigaciones es que, a pesar de que las primeras manifestaciones artísticas humanas aparecen hace aproximadamente 40.000 años en el Paleolítico superior, cierto sentido de la estética, el gusto por la simetría y el reparto de figuras en el espacio, sentara sus bases mucho antes de que los primeros Homo Sapiens dejaran constancia de ello sobre las paredes de las rocas de la vieja Europa.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 16 marzo 2015

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Los humanos tenemos una intensa vida sexual. La novela 50 sombras de Grey, recientemente llevada al cine, ha despertado muchas fantasías entre la población de medio mundo. Ha descubierto prácticas inconfesables para algunos hasta ahora. Para otros, quizás ha proporcionado ideas, nuevos contextos asociados a narrativas eróticas o situaciones excitantes. Incluso proporciona sugerencias sobre posturas o maneras de copular.

¿Y los animales?¿Poseen una intensa vida sexual también? La respuesta es sí, y mucho. Quizás los bonobos, unos grandes simios tan cercanos a nosotros genéticamente como son los chimpancés, sean los que más se parecen a las personas. Practican el sexo en varias posturas: ventro-lateral, popularmente llamada la cucharita, la tijerita, el seseintanueve, el perrito, etc…

Pero lo más impresionante es cuando esta especie lo hace cara a cara, también llamada postura del misionero. Lo hacen mirándose a los ojos como hacemos en la mayor parte de las ocasiones los humanos. En esta postura se favorece la empatía, la conexión y la complicidad cuando hacemos el amor. Quizás en los bonobos también, ya que muestran una mayor sensibilidad y menores tasas de agresión que otros primates que no la usan.

Si miramos a otros animales, la diversidad de posturas es enorme. Incluso el leve juego de sadomasoquismo que aparece en la película también está presente. Los koalas macho abrazan a las hembras por detrás en lo alto de los árboles y les dan un mordisco mientras copulan. Pero el sexo más soso es el de algunos pulpos porque corren el peligro de ser asesinados por las hembras: despegan su pene del cuerpo y lo introducen en la hembra. De esta manera desaparecen rápidamente evitando el peligro.

La eyaculación y los orgasmos son otras funciones fundamentales en el acto sexual. Los de los chimpancés parecen fugaces, de muy corta duración, aunque eyaculan mayor cantidad de esperma que los machos humanos. La razón está en que las hembras de chimpancé copulan con varios machos que eyaculan en su vagina. Como el semen puede mantenerse activo hasta tres días, se produce lo que llamamos competición espermática. Sólo uno de ellos llegará a fecundar el óvulo. Es decir, en principio, los hijos de una hembra pueden ser de cualquier macho del grupo. Una estrategia eficaz para evitar infanticidios.

Sin embargo, en lo que respecta a los orgasmos hay cierta diversidad. Chimpancés y bonobos parecen experimentarlos, algo que se creía exclusivamente humano hasta hace bien poco. El psicólogo William Lemmon cree que se puede provocar el orgasmo en casi cualquier especie de primate. Su equipo estimuló mediante electricidad el clítoris y la vagina de ambas especies. Lemmón halló respuestas casi idénticas a las humanas: enrrojecimiento del clítoris, contracciones involuntarias, extensión de la vagina, espasmos en brazos y piernas, expresiones faciales y vocalizaciones asociadas, etc. Es decir, las chimpancés tenían verdaderos orgasmos y además “se dejaban estimular para continuar excitadas. Una de ellas lo permitió hasta en diez ocasiones”, escribieron en el diario los investigadores. En bonobos, la cosa parece estar clara también. Esta especie, sexualmente más activa que los chimpancés, experimenta reacciones idénticas. Según Frans de Waal, las hembras los tienen más prolongados.

Y es que el orgasmo parece cumplir una función muy importante en los humanos y quizás también en estos dos grandes simios. El objetivo consiste en unir a la pareja. En unos estudios se demostró que las parejas que tenían orgasmos se sentían más unidas frente a otras parejas que decían no tenerlos. Se cree que ésta es una de las razones por las que a veces se finge, algo que hacen tanto los hombres como las mujeres a pesar de las leyendas urbanas.

En conclusión, pocos animales parecen practicar sexo con otros u otras por el simple hecho de disfrutar, sin objetivo reproductivo. En esta lista de “elegidos”, de momento, estamos los bonobos, los delfines y los humanos. Pero según avancen las investigaciones, las ‘sombras de Grey’ pueden acariciar en un futuro cercano a más especies de lo que habíamos pensado hasta ahora.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 19 diciembre 2014

Un año más, y por séptimo consecutivo, La Ciudad de las Ideas se celebró en Puebla, México, con el mayor de los éxitos. En este macrocongreso, al que tuve el honor de asistir como ponente, se daban cita científicos, pensadores, filósofos, divulgadores, personas con capacidades asombrosas, escritores, cineastas, músicos y un largo etcétera.

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La Ciudad de las Ideas (imagen: Werther mx / Wikimedia Commons.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 25 septiembre 2014

En los últimos meses, la defensa e invasión de diferentes zonas de Ucrania, Siria e Irak, entre otros países más, ponen en evidencia el instinto más territorial de nuestra especie. También otros primates defienden su territorio y son hostiles con los vecinos.

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Chimpancés en Uganda (imagen: USAID Africa Bureau / Wikimedia Commons.