Autor: Pablo Herreros Ubalde 29 mayo 2015

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http://www.elmundo.es/ciencia/2015/05/29/55675750ca47411d558b45a7.html

Decía Darwin que observar a nuestros parientes más cercanos del reino animal puede aportarnos más información sobre la naturaleza humana que cualquier tratado filosófico. Bajo esta premisa, ELMUNDO.es inicia hoy una nueva aventura divulgativa desde el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, en Cantabria, un espacio que desde hace 25 años acoge un centenar de especies de los cinco continentes.

El objetivo es conocernos mejor a nosotros mismos a través de la observación de los monos, los elefantes, los leones, las jirafas y muchos otros animales con los que compartimos muchos más aspectos de nuestro comportamiento de los que nos creemos.

Guiados por el antropólogo y primatólogo Pablo Herreros, autor del blog Yo, mono de este periódico, y del libro con el mismo título, cada semana pondremos la lupa sobre una especie diferente para aprender más sobre la evolución y la naturaleza del Homo sapiens. Al fin y al cabo, nunca debemos olvidar que nuestra psicología se formó hace millones de años en las ramas de los árboles.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 15 mayo 2015

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La conformidad con el líder vigente nunca es eterna. En una comunidad de primates de cualquier especie, incluida la nuestra, los jóvenes siempre esperan el momento de obtener una pequeña cuota de poder que con el paso del tiempo, finalmente resulte en la ascensión a lo más alto del liderazgo. Es decir, con paciencia y decenas de maniobras, van trabajando para algún día alcanzar su objetivo final. Muchos de ellos no descansan hasta el día que obtienen el deseado puesto de alfa.

Los jóvenes de chimpancés con mayores habilidades sociales y políticas, es decir, los homólogos de Rivera e Iglesias de la selva, comienzan su “carrera política” con pequeñas maniobras que les aseguren una buena posición dentro del poder establecido, en el interior de  las líneas de poder tradicionales y bien asentadas, junto a los poderosos machos alfa y beta.

Con el paso de los años, los juveniles, si no consiguen un puesto de primera fila, no se sienten satisfechos. Este es el origen de toda ascensión al poder de los jóvenes, ya sean chimpancés o humanos. Hace mucho frío en la oposición por poca edad que uno tenga. No es un momento de la vida como para andar solo en la compleja selva política. Aún les queda mucho por aprender. Con tan pocos años, es muy pronto para emprender una aventura en solitario.

Este fenómeno, que encontramos en varias especies de primates, coincide con la trayectoria de Pablo y Albert, que antes de independizarse y fundar sus propios partidos políticos militaron en las filas de Izquierda Unida y el Partido Popular respectivamente. Pero el tiempo pasa muy rápido y las ambiciones se transforman a medida que éste transcurre.

Según pasan los años, algunos con especial vocación de alfa, y que además se sienten seguros en el área de las maniobras políticas y sociales, quieren mucho más. No es suficiente estar en un tercer o cuarto plano como cuando estaban en las filas de los partidos tradicionales. El carisma que poseen y que sus seguidores les reconocen, hacen que deseen más.

Los mas veteranos suelen meter la pata con abusos de poder o posturas conservadoras en exceso, producto de la edad y la sensación de impunidad que otorga estar en lo más alto durante tanto tiempo. Los jóvenes, por su lado, tienen otras motivaciones, algunas de ellas muy nobles.  Pero también poseen otras de tipo narcisista y egocéntrico. Al fin y al cabo, quieren ser los nuevos protagonistas de la escena política y social. O lo que es lo mismo, convertirse en la nueva casta.

Es ley de vida que los más jóvenes reten a los más adultos para poder reemplazarlos y así debe ser probablemente. Esto ocurre desde en las manadas de lobos hasta en los partidos políticos, pasando por las grandes corporaciones multinacionales. No hay nada de nuevo al respecto. Muchos de los que ahora se aferran al sillón y observan con cara de terror lo que se les viene encima, esos mismos que ahora tiemblan, ejercieron ese rol de jóvenes transgresores y con energía que ahora encarnan los líderes de Podemos o Ciudadanosno hace tanto tiempo. La historia se repite como sucede en cualquier comunidad de chimpancés, babuinos o macacos. Todas ellas especies muy políticas y jerarquizadas como son la nuestra.

Pero por mucha independencia que deseen los nuevos y jóvenes líderes, las alianzas con otras fuerzas son fundamentales. Eso lo sabe cualquier chimpancé, como también Teresa Rodriguez y Susana Díaz, jóvenes también. La moraleja es que ningún primate puede llegar demasiado lejos por sí solo. Además, la fuerza bruta tampoco es suficiente. En nuestras sociedades de primates tan complejas nadie puede obtener el poder si no es con la ayuda de otros, o al menos el beneplácito de personajes y/o colectivos relevantes de la comunidad.

Quizás aquí esté la razón por la que los partidos políticos que han irrumpido estén buscando posiciones intermedias que no les dejen en una situación desfavorable para lo que se avecina en el futuro. Los chimpancés, aunque con matices, deben actuar de manera similar. Un exceso de autoridad puede acabar con el resto de su equipo interno en su contra y con la sociedad

Así pasó con los chimpancés de la colonia de Arnhem, donde el primatólogo holandés Frans de Waal estudió el proceso de destitución de un viejo líder llamado Yeroen, a manos de una alianza de dos chimpancés más jóvenes: Nikkie y Louit. Durante más de dos años, ambos estuvieron lanzando tentativas y socavando su poder del viejo Yeroen, incluso cuando uno de ellos había sido su aliado durante varios años de su reinado. El día que llegó el momento del asalto final, el resto del grupo, que había apoyado a Yeroen durante mucho tiempo, miró para otro lado: lo que en humanos equivale a la pasividad o la abstención del voto.

Por lo tanto, las elecciones de mayo, pero también las otras que nos esperan este año, son un momento perfecto para descubrir el lado más político de los primates humanos y sacar al descubierto el zoon politikon (animal político) que llevamos dentroUna capacidad que el filósofo Aristóteles atribuía de manera exclusiva al ser humano. Sin embargo, ahora sabemos que los otros primates emplean las mismas estrategias que nosotros desde hace miles, e incluso puede que millones de años. Tampoco en esto estamos solos.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 24 abril 2015
Bisonte y manos humanas de la cueva del Castillo

Bisonte y manos humanas de la cueva del Castillo

¿Cuál es el origen de esas capacidades? Hipótesis de la Inteligencia Social o “cerebro social”

Un proceso tan complejo como es el desarrollo de la Inteligencia Social, sólo pudo ser favorecido por Selección Natural si aporta beneficios claros a la especie que la emplea. A lo largo de su carrera, el psicólogo Nicholas Humphrey realizó cientos de pruebas a macacos criados en cautividad. Humphrey estaba intrigado porque no lograba entender cómo eran capaces de realizar con éxito unas tareas tan complicadas como las que les proponía. Estos monos nunca habían tenido que buscar comida por si solos ni defenderse de depredadores. Humphrey llegó a la conclusión de que lo que desencadena la inteligencia es el contexto social, ya que estos macacos sí vivían en grupos muy complejos. Estas conjeturas le llevaron a formular la “hipótesis de la inteligencia social”. Dicha propuesta desarrolla la idea de que la inteligencia superior de algunos primates fue estimulada por la compleja red de relaciones en la que nos desenvolvemos.

El biólogo evolucionista Robert Dunbar, de la Universidad de Oxford, ha probado que en los mamíferos, existe una correlación entre el volumen relativo del cerebro -o coeficiente de encefalización– y el tamaño del grupo en el que vive esa especie. Dunbar recuerda que no es exclusivamente un asunto de dimensiones, sino también de conexiones cerebrales, ya que éstas se incrementan con la calidad y la cantidad de las relaciones que mantenemos.

 

La neurofisiología y desarrollo de la Inteligencia Social

Hace un par de décadas, la psiquiatra de la Universidad de California Leslie Brothers, sugirió que determinadas zonas de la corteza prefrontal del cerebro que están relacionadas de una manera directa con la Inteligencia Social y la empatía. Esta estructura, fue la última que se desarrolló en la evolución y es considerablemente mayor en los humanos que en otras especies. Aún así, el cortex prefontal no actúa de manera independiente, ya que necesita de la interacción con otras áreas más primitivas del cerebro para su correcto funcionamiento. Un hecho que confirma esta idea, es que individuos que sufren una lesión que daña la comunicación entre dichas estructuras, ven afectado su comportamiento e Inteligencia Social.

Un buen ejemplo de esta relación entre diversas partes del cerebro y de la importancia de las emociones en la Inteligencia Social, fue recogido por el neurocientífico Antonio Damasio, quien cuenta el caso de un brillante abogado al que se le diagnosticó un tumor cerebral y tuvo que ser operado de urgencia. Durante la operación, el cirujano desconectó el córtex pre-frontal -el área de control del cerebro- de la amígdala -el área del que surgen las emociones-. Después de la intervención la situación que se produjo era sorprendente: en los tests de inteligencia, memoria y atención, el abogado era tan inteligente como antes; pero era incapaz de llevar a cabo su trabajo. Al poco tiempo lo perdió y también se rompió su matrimonio. Desesperado, acudió a la consulta de Damasio para que le ayudara con su problema. Al principio, Damasio estaba totalmente confundido porque las pruebas indicaban que el abogado estaba sano. La solución la descubrió cuando preguntó: “¿cuándo podemos tener la próxima visita?”. Fue entonces cuando comprobó que el paciente podía darle todo tipo de explicaciones, incluso mencionar las ventajas e inconvenientes de todas las posibilidades, pero no podía decidirse por la mejor. Damasio cree que para tomar una buena decisión necesitamos tener sentimientos sobre nuestras ideas y la lesión del abogado había dañado esas conexiones que existen entre los pensamientos y las emociones.

 

La empatía

Otro aspecto fundamental de la Inteligencia Social es la empatía o capacidad de ponerse en el lugar de otro. En los años 90, el neurocientífico Giacomo Rizzolatti, identificó unas células nerviosas, llamadas “neuronas espejo”, que son la evidencia física de la existencia de la empatía y de otras emociones sociales. Estas neuronas se activan en el observador al detectar algún tipo de acción y reflejan en el interior del cerebro lo que está sucediendo en el exterior. El sofisticado mecanismo nos permite imitar y comprender a otros, ya que es como si nosotros mismos ejecutáramos esas acciones. Están directamente relacionadas con la Inteligencia Social, porque gracias a ellas podemos “sentir los sentimientos de otros” y entender sin necesidad del razonamiento, puesto que se produce una simulación directa en el cerebro de lo que observamos.

Pero no sólo contamos con mecanismos neurofísicos para conectar mentalmente con las personas, sino que también poseemos otros relacionados con el comportamiento y la expresión de las emociones. Los seres humanos usamos multitud de estrategias, conscientes e inconscientes, para vincularnos con los demás, como son el humor, las miradas, el contacto físico, el ajuste del tono de la voz o la imitación. Algunas de estas cualidades son innatas, pero la mayoría comienzan su entrenamiento desde el mismo día en que nacemos.

 

De hecho, Goleman sitúa los primeras fases del desarrollo de la Inteligencia Social a partir de las experiencias de placer que sentimos con nuestros parientes cercanos los primeros meses de nuestra existencia. Mediante expresiones faciales, movimientos de los brazos o determinados sonidos, la madre conecta y se sincroniza con el bebé. Los registros cerebrales indican que, ya en esas primeras fases de la vida, la transmisión del estado emocional es inmediata. Sentirse sincronizado genera satisfacción y más adelante intentamos reproducir estas situaciones en otros contextos.

 

Este tipo de evidencias avalan la idea de que los humanos estamos “diseñados” para vivir en grupo, porque en los últimos millones de años de la evolución, además de estar obligados a interaccionar con un entorno físico o medio ambiente, también ha habido una fuerte presión ambiental para gestionar un entorno social compuesto de un sofisticado universo de relaciones sociales. En este contexto, ser capaz de conectar de una manera positiva con los otros miembros es algo fundamental para nuestra supervivencia.

 

Por esta y otras razones, la mayor parte de los expertos creemos que los factores de éxito de las personas depende más de la Inteligencia Emocional y Social que de otros tipos. Administrar las relaciones adecuadamente, es el factor determinante a la hora de, por ejemplo, ascender de empleo o conseguir que me ayuden mis vecinos.

 

Lejos quedan los días en que la inteligencia era medida a través de expedientes académicos o pruebas de cociente intelectual. No hay correlación alguna entre ser el más listo de la clase y el éxito personal o profesional. En nuestra especie, éste depende de una infinidad de aptitudes más, la mayoría de ellas relacionadas con la vida en grupo y la Inteligencia Social.

 

Pablo Herreros <herrerospablo@gmail.com>


Autor: Pablo Herreros Ubalde 18 abril 2015

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Según Goleman, la Inteligencia Social está dividida en dos grandes áreas: conciencia social -lo que percibimos respecto a los otros individuos- y aptitudes sociales -lo que hacemos con ese conocimiento.

La conciencia social requiere de un conjunto de un mecanismos automáticos y conocimientos, algunos de los cuales son inconscientes y por lo tanto están basados en la intuición. De acuerdo a lo anterior interpretamos las señales emocionales de otros sujetos o grupos que observamos. Se trata de una habilidad empática que nos permite conectarnos con el entorno.

El modo en que gestionamos toda esa información son las aptitudes sociales. A través de ellas, despertamos emociones o influimos en las decisiones de los demás. Entre otras muchas están la comunicación, el compromiso, la facilidad para sincronizarse y vincularse, etc.

Uno de las manifestaciones más apasionantes de la Inteligencia Social es la formación de alianzas. Todos los seres humanos sentimos más afinidad por unas personas que por otras. En el día a día, gestionamos esas relaciones para ascender de estatus o ganar más dinero. De hecho, el éxito de grandes empresarios o políticos se explica más fácilmente desde el análisis de la pericia para generar lealtades en otras personas que desde su currículo académico.

Pero este fenómeno social no es exclusivo de nuestra especie. Uno de los estudios más interesantes sobre las consecuencias de estas alianzas, lo llevó a cabo el primatólogo Ronald Hall con babuinos en Kenia. Éste pudo demostrar que el éxito de los líderes de esta especie depende de su tendencia a luchar, pero aún más de su predisposición a formar alianzas y cooperar.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 abril 2015

Winston Churchill no era precisamente un estudiante ejemplar. Cuando estuvo internado en un colegio de élite de la ciudad de Ascot, fue castigado con frecuencia y sus notas siempre se encontraron entre las peores de la clase. Año tras año, era incluido en el grupo de los menos avanzados y también le rechazaron varias veces en las pruebas de acceso a la Academia Militar de Sandhurst. Pero lo que muchos desconocían por aquel entonces, es que Churchill poseía otro tipo de habilidades que iban a jugar un papel fundamental en el futuro de la humanidad.

El joven, tras los episodios de fracaso, empezó a destacar en la política. Sus dotes de orador y el sentido del humor que mostraba en sus intervenciones públicas seducían a todos los británicos. La afinada intuición sobre lo que estaba pasando en la Alemania de los años treinta y la manera que tenía de gestionar las relaciones con los personajes más influyentes de la época, lo elevaron hasta el puesto más alto de la diplomacia británica. Una vez en el gobierno, fue capaz de unir en una alianza en contra los nazis, a países tan reticentes por aquel entonces, como eran los Estados Unidos de América y la Unión Soviética, lo que determinó para siempre el rumbo de la II Guerra Mundial y la historia. Poco después de ganar la guerra, fue recibido con honores, por amigos y enemigos, en el Parlamento.

Su gran carisma y facilidad para emocionar a sus compatriotas lo convirtieron en el primer ministro más famoso de todos los tiempos. La vida y logros de Churchill son un ejemplo perfecto de lo que puede conseguir una persona que posee una excepcional Inteligencia Social. Un concepto que introdujo en 1920 el psicólogo norteamericano Edward Thorndike, y que remite a la capacidad para comprender y relacionarse con sabiduría en nuestro trato con otros individuos. Thorndike abrió de esta manera, por primera vez, el debate de la existencia de inteligencias múltiples, una teoría que hoy en día es ampliamente aceptada. Este modelo de inteligencia, que incluye una dimensión social, fue apartado hasta tiempos recientes, cuando divulgadores y científicos lo han rescatado del olvido.

En la actualidad, el psicólogo e investigador de la Universidad de Harvard, Howard Gardner, es uno de los mayores defensores de la existencia de varios tipos de inteligencias. Gardner habla de hasta ocho diferentes: linguística, espacial, matemática, naturalista, corporal, musical, intrapersonal e interpersonal. Siendo esta última análoga a la Inteligencia Social. Entre los autores que más han contribuido al desarrollo del concepto se encuentra el psicólogo Daniel Goleman, quién han recopilado en sus libros una gran cantidad de investigaciones y anécdotas que demuestran la importancia, tanto de la Inteligencia Emocional como de la Inteligencia Social. Para Goleman, la Inteligencia Emocional es la cualidad de reconocer las emociones propias y gestionarlas de una manera eficaz. Pero la Inteligencia Social va un paso más allá de la psicología individual y se centra en cómo usamos toda esa información emocional para conectarnos mentalmente con los demás.

La Inteligencia Social es, por tanto, un conjunto de capacidades que todos poseemos, en mayor o menor grado, para comprender qué ocurre a nuestro alrededor e interaccionar con otras personas. La gente que tiene una Inteligencia Social muy desarrollada suele empatizar y hacer sentir bien a los que le rodean. Por medio de su comunicación verbal y no-verbal, emiten mensajes a su entorno que provocan sensaciones de aprecio y respeto. Además, son capaces de transmitir emociones positivas, lo que se traduce en más posibilidades de obtener la colaboración, llegar a un acuerdo favorable o incluso resolver un grave conflicto. Estas competencias sociales se pueden entrenar a lo largo de la vida y son tan necesarias en el patio de un colegio, como en las transacciones bursátiles más importantes de Wall Street. Un buen caso de cómo aplicar esas cualidades en situaciones difíciles nos la proporcionó uno de los padres de la Teoría de la Comunicación Humana, el psicólogo austriaco Paul Watzlawick, quien cuenta la historia de un oficial del ejército al que ordenaron dispersar un motín en una plaza pública. El oficial, cuando se acercó al lugar con su destacamento, apuntó a la gente y gritó: “Señores, tengo la orden de despejar la concentración, pero tengo entendido que hay muchos hombres buenos entre ustedes, por lo que les ruego se aparten para no herir a ningún inocente”. De manera inmediata, las emociones de la muchedumbre sufrieron un cambio radical y el lugar quedó despejado en pocos minutos sin que hubiera un solo disparo, gracias a la Inteligencia Social del militar.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 6 abril 2015

La amistad animal existe. Son lazos que nos unen con otras personas. Gracias a las amistades, muchas especies hemos sobrevivido a épocas de gran inestabilidad. Así que no lo olvides, en la amistad está la clave de tu supervivencia.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 5 abril 2015

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Hasta hace bien poco, en la naturaleza y por extensión a la sociedad humana también, se asumía un modelo mental donde reinaba la dominación masculina. Pero ahora, sabemos que nada es lo que parece. La dominación sobre las hembras no es tan intensa en aspectos fundamentales de la vida, como son la reproducción o la libertad de movimiento, por ejemplo.

Lo que ocurre es que las hembras emplean estrategias menos obvias y más sutiles para conseguir lo que desean o influir en la toma de decisiones. Son las verdaderas armas de mujer. Al fin y al cabo, las hembras son las dueñas del destino de nuestra evolución, pues ellas no sólo seleccionan al padre de su hijos sino que también son las principales sustentadoras y las que más tiempo emplean en el cuidado de los más pequeños de nuestra especie. En este sentido poco ha cambiado en millones de años.

Soy consciente de que acciones como la perpetrada por el talaverano Mario García Montealegre, agresor de una mujer desconocida en Barcelona, con el simple objetivo de ser famoso y trasladar una imagen de impunidad e superioridad a su manada de amigos, ponen difícil defender lo contrario. Mario es más loco que machista. Probablemente hubiera hecho lo mismo con un minusválido o chico flacucho y con gafas.

Además, ha sucedido precisamente la semana en la que se celebra el Día Internacional de la Mujer. Pero no olvidemos que siempre habrá psicópatas, sociópatas y demás individuos que se salen de la media y para los cuales auguro un futuro muy negro. Aún hoy quedan reminiscencias de la idea de que existe una dominación masculina.

Entre chimpancés, es verdad que pueden llegar a ser rudos con las hembras, pero no olvidemos que esta especie tiene seis veces más de fuerza que un humano. Lo que quiere decir que lo que desde el punto de vista humano puede parecer un golpetazo, puede ser un empujoncito para ellas. Además, ellas tampoco se quedan cortas. A veces, como he comprobado por mí mismo, algunas chimpancés y gorilas también arrean a los machos. Pero todo lo que ocurre dentro de un mismo grupo está controlado. El equilibrio es necesario.

Por ejemplo, hay machos que pueden llegar a ser muy violentos con las hembras. El colectivo al completo puede ser víctima de la inestabilidad que provocan. En estas situaciones, las hembras y las crías son los miembros más vulnerables. Para contrarrestar esta amenaza, las hembras suelen aliarse entre sí y forman una coalición en contra de los agresivos, evitando así salir perjudicadas.

Ésta es una estrategia de la que las personas debemos aprender mucho. Lo que frena la violencia de los machos es la alianza o coalición de las hembras que los hagan frente. Por eso, en mis seminarios o cursos, siempre aconsejo la asociación, la creación de alianzas, ya sea mediante asociaciones o grupos de amigas y amigos. Es decir, la creación de una red social para cada uno de nosotros que pueda hacer frente a los abusadores en caso de agresión, física o psicólogica.

Otra idea errónea hasta que pudimos hacer análisis de paternidad mediante el análisis de ADN es que los machos son los que deciden si serán padres o no, copulando con todas las hembras posibles. Pues bien, ésta puede ser la estrategia de muchos machos donde no practican la monogamia, pero ellas también tienen las suyas, mucho más complejas, como siempre. A veces es el engaño, llegando a escaparse por las noches para copular con machos jóvenes periféricos o de otros grupos, como sabemos que ocurre con los gorilas. De manera similar, las aves, reinas de la monogamia hasta ahora, también lo practican visitando nidos vecinos. Se nos cayó otro mito.

¿Y sobre la elección de padre? La falsa idea de que ellas no han elegido y simplemente se han dejado hacer en nuestra especie y otras de mamíferos es aún más errónea. En varias especies de primates donde las hembras solo están receptivas sexualmente unas pocas semanas al año, puede ocurrir que éstas copulen con diversos machos en la época de celo.

Es cierto que a veces algunos machos muy dominantes presionan a las hembras a copular con ellos. Pero lo que se ha descubierto recientemente es que las hembras detectan cuáles son los días exactos en los que son fértiles. Debido a que el esperma no se mantiene activo más allá de un par de días dentro del útero, la mayoría de los encuentros sexuales que ocurren en el periodo receptivo no terminan fecundando el óvulo. Lo interesante es que en los 2-3 días de fertilidad real, las hembras copulan con los que ellas desean realmente. De esta manera, ejercen un control sobre la paternidad de la descendencia y se aseguran de que es el padre que quieren para su descendencia.

En conclusión, nada es lo que parece a primera vista en lo que respecta al poder. Al fin y al cabo, la evolución de nuestra especie está en manos de las hembras. De nuestras madres, abuelas, hermanas, hijas, nietas… Por eso se merecen una atención especial, sea o no el Día de la Mujer. Hasta en esto de la evolución, ellas deciden.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 31 marzo 2015

Culos salvajes

Publicado originalmente en elmundo.es:

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/yomono/2015/02/14/culos-salvajes.html

En los últimos tiempos, no pasa una semana sin que la enésima imagen del voluptuoso trasero de Kim Kardasian se convierta en un fenómeno viral en las webs de todo el mundo. ¿Por qué fascina tanto? ¿Cuáles son las raíces de semejante obsesión planetaria?

Con los culos y las tetas, nos pasa un poco como cuando preguntas quién ve La 2. La gente dice lo que cree que debería ser y no lo que realmente es. Unos estudios antropológicos con culturas de todo el mundo, realizados hace más de una década, revelaron que a la mayoría de los hombres nos gustan las mujeres gorditas, con muchas curvas y senos grandes. Todo lo contrario del ideal televisivo o de Hollywood.

Existen universales compartidos por personas del mundo que son contradictorios con los que nos presentan las grandes casas de moda en las pasarelas: mujeres con poco pecho y muy delgadas. Un físico que, en principio, es menos eficaz para procrear. Así que, aunque sea sólo por una vez, vamos a a ser sinceros y arrojemos un poco de luz científica en este tema: ¿por qué a los hombres nos gustan que estas partes del cuerpo sean grandes?

La hipótesis tradicional, desde la biología evolutiva, siempre especuló sobre la idea de que una mujer con caderas anchas es más fértil y además tendrá partos más sencillos. De esta manera se incrementan las posibilidades de supervivencia de la progenie. La misma lógica siguen el tamaño de los senos y la consecuente capacidad de producir alimento para el bebé. Desde la primatología se añade un elemento mas: los culos grandes recuerdan al hinchazón del trasero que experimentan algunas hembras de primate cuando están celo. Del mismo modo, los labios carnososo pintados de rojo recuerdan ese estado.

Existen más posibilidades para explicar esta irresistible atracción de las féminas. El científico Gordon Gallup Junior, en declaraciones a la revista Psychology today, cree que las grasas de esta área, llamadas gluteofemorales, guardan una estrecha relación con la atracción por otras razones. Estas grasas, según Gallup, juegan un papel fundamental en el desarrollo del cerebro de los niños. Varios estudios han encontrado cierta correlación entre estos lípidos y la inteligencia de sus niños. Pero no sólo la descendencia, parece que las madres también lo son, asegura Gallup. El problema de estos resultados está en el concepto de inteligencia, por lo que en mi opinión, estos estudios son muy controvertidos.

Sin embargo, no todo es biología. La cultura, incluido el momento histórico y social, también incide en los gustos que las personas tienen. Un ejemplo contemporáneo es que a muchas hembras no les gusta ser más altas que nosotros, tacones sumados, claro. Os lo dice alguien que mide 1,75 cm, tacones incluidos también.

Otra idea de naturaleza cultural es que la tendencia humana desde nuestros orígenes ha sido la de valorar aquello que escasea. Por esta razón, hasta la llegada de la sociedad de la opulencia, el hambre hizo que nos gustaran las mujeres gorditas porque era un indicador de salud. Ahora ya no importa o incluso juega en contra por el aumento de la obesidad entre la población mundial. Los obesos tienen más enfermedades en la sociedad actual.

Fenómeno similar ha sucedido con el tono de la piel. Antiguamente, el bronceado era sinónimo de vida dura en el campo. Más adelante se convirtió en señal de disponibilidad de ocio, lo que está directamente relacionado con el estatus económico. Ahora, quizás porque el bronceado ya está al alcance de todos y el miedo asociado al cáncer de piel, parecen haber detenido esta obsesión.

En conclusión, el resultado de la interacción entre la cultura y la biología provocan una gran diversidad de preferencias posibles, pero aún se mantienen preferencias inconscientes que provienen de nuestro pasado en el árbol y después en la sabana. Es decir, además de lo aprendido, también hay razones biológicas inconscientes y automáticas por las que nos gustan unos rasgos determinados del sexo contrario. Casi nada es aleatorio en este área.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 21 marzo 2015

Somos cooperativos

Porque el grupo es mucho más que la suma de todos. Porque nada de lo que ves a tu alrededor hubiera sido posible sin la cooperación de millones de personas. Porque cada objeto y cada idea que te rodea es producto de la colaboración de nuestra especie. Porque desde hace millones de años los humanos nos ayudamos los unos a otros.

 Somos altruistas

Porque muchas veces damos sin recibir nada a cambio. Porque poseemos una tendencia innata a la preocupación por otros. Porque somos capaces de imaginar lo que otros sienten y actuar en consecuencia. Porque en muchas ocasiones cedemos parte de nuestros recursos y compartimos desinteresadamente. Porque somos capaces de arriesgar nuestra vida por desconocidos que jamás volveremos a ver.

Somos justos

Porque la vida en grupo hubiera sido imposible sin algún tipo de tendencia que regule las interacciones sociales. Porque descendemos de homínidos que siguieron las reglas del juego limpio. Porque éstos han sido más numerosos en la historia de nuestra especie que los tramposos. Porque nos indignamos ante las injusticias y actuamos para remediarlas. Porque preferimos quedarnos sin nada antes que aceptar una solución injusta.

 


Autor: Pablo Herreros Ubalde 20 marzo 2015

Según las últimas investigaciones, sobre las paredes de las cuevas de Altamira y El Castillo (Cantabria) se encuentran pintadas unas manos y puntos rojos, datadas con una antigüedad de 40.000 años. Hasta el momento, representan las manifestaciones artísticas más antiguas de la humanidad. Pero, ¿es el arte un fenómeno exclusivo de nuestra especie o las bases cerebrales para que esto fuera posible comenzaron a desarrollarse muchos millones de años antes?

El zoólogo Desmond Morris, en los años sesenta, enseñó a pintar a varios chimpancés. Morris comprobó que los chimpancés tenían sentido de la composición. Dibujaban círculos y repartían las distintas figuras por el papel. El problema es que los recompensaban y pronto dejaron de tener interés. El trabajo comenzó a ser de la peor calidad y ya no existía armonía en sus pinturas. Morris, bromeando, afirmó haber encontrado los orígenes del arte comercial.

Poco después lo intentó con otro chimpancé llamado Congo. Esta vez permitió que empleara las pinturas de manera espontánea, es decir, sin un entrenamiento previo y sin recompensas. Cada día, se sentaba en una pequeña mesa de madera y pintaba a su antojo. Pronto comprobaron que Congo equilibraba las composiciones por sí mismo y se mantenía en los límites del papel. Si se le proporcionaba un dibujo ya empezado, él escogía los mismos colores. Por ejemplo, si un lado contenía rojo, él usaba el rojo también.

El chimpancé impresionista abstracto

Morris contó que una vez le quitó a Congo sus papeles y pinturas cuando estaba dibujando algo similar a un ventilador. Cuando pudo regresar, retomó el trabajo en el mismo punto que lo había dejado, mostrando que tenía un objetivo y no eran simples manchones.

A la edad de cuatro años ya había realizado cientos de obras y los críticos de arte lo calificaron de estilo “lírico abstracto impresionista”. Las reacciones en el mundo del arte oscilaron entre el escepticismo y la admiración absoluta. El mismo Pablo Picasso tenía un cuadro de Congo colgado en su casa de París. Joan Miró, cambió dos de sus obras por una de Congo y Salvador Dalí declaró en una ocasión que Congo era el artista, y el pintor abstracto Jackson Pollock el auténtico chimpancé.

Uno de los cuadros de 'Congo'. | CongoUno de los cuadros de ‘Congo’. | Congo

Desafortunadamente, Congo murió poco después por tuberculosis y la investigación se detuvo. Hace unos años, tres de las obras de Congo alcanzaron la cifra de 25.000 dólares en un lote subastado por la casa Bonhams, en Londres, junto a cuadros de Renoir y Andy Warhol.

Frans de Waal cuenta una anécdota que demuestra lo peligroso que puede ser interponerse entre un primate y sus creaciones. En el Zoo de Amsterdam, Bella, una chimpancé solía pintar muy concentrada y con tranquilidad, pero en una ocasión, el cuidador intentó quitarle los materiales en mitad del proceso creativo. Bella perdió los nervios e intento atacarle.

El ojo artístico de las palomas

Pero el arte, o al menos la capacidad para su percepción, no parece ser patrimonio exclusivo de los primates. Shigeru Watanabe puso a prueba la capacidad de las palomas para diferenciar cuadros de Monet de los de Picasso. Tras un entrenamiento con varios cuadros, se les mostraban unos nuevos. Entonces debían elegir a cuál de los dos pintores correspondían. Las palomas acertaron en un 90% de las ocasiones. Pero aún hay más, cuando se les enseñó cuadros de los impresionistas Renoir y Cezanne, los cuales nunca había visto, los agruparon junto a los de Monet, impresionista también.

El mismo equipo quería poner a prueba la capacidad de discriminar el “buen arte” del “mal arte” y poder establecer comparaciones con los parámetros y cánones que poseemos los humanos. Para poder hacerlo, primero pidieron a varios humanos que clasificaran en buenos y malos una gran cantidad de dibujos hechos por niños. Las palomas coincidieron en la mayor parte de las ocasiones con el juicio de los humanos.

Pero, ¿cómo perciben las figuras los primates no humanos? El primatólogo Tetsuro Matsuzawa llevó a cabo una serie de experimentos. Los resultados probaron que eran capaces de usar figuras geométricas complejas. Además, la percepción del color y de las formas resultó ser muy similar a la que tenemos los humanos.

Lo que sugieren todas estas investigaciones es que, a pesar de que las primeras manifestaciones artísticas humanas aparecen hace aproximadamente 40.000 años en el Paleolítico superior, cierto sentido de la estética, el gusto por la simetría y el reparto de figuras en el espacio, sentara sus bases mucho antes de que los primeros Homo Sapiens dejaran constancia de ello sobre las paredes de las rocas de la vieja Europa.