Autor: Pablo Herreros Ubalde 12 marzo 2010


Los monos capuchinos tienen capacidad de enfadarse si sus compañeros reciben una recompensa mayor que la suya en igualdad de condiciones. (Imagen: Aitor Agirregoikoa.)

Te dan cien euros con la única condición de que lo repartas con otra persona. Tú decides cuanto te quedas tú y cuanto ofreces al compañero. La regla del juego consiste es que si él rechaza la propuesta, los dos os quedáis sin nada. El 75 % de los individuos suele rechazar cualquier oferta inferior al 30 o 40% de la cantidad y ambos acaban con los bolsillos vacíos. A este experimento se denomina “juego del ultimátum” y de sus resultados se desprende la idea de que el sentimiento de justicia que posee nuestra especie es tan poderoso, que preferimos quedarnos con nada antes que aceptar situaciones que consideramos injustas.

Para que la evolución de la cooperación fuera posible, ha sido fundamental para los individuos poder comparar sus esfuerzos y recompensas con las de sus compañeros. Para este fin, es fundamental desarrollar un estándar sobre lo que consideramos justo e injusto. El rechazo surge cuando se rompe con las expectativas del sujeto sobre lo que debería haber pasado según ese patrón o estándar. Un sistema de dar y recibir favores, como es el de los primates, no se sostiene por gran tiempo si los actores no ponen obstáculos a conductas que lo destruyen, como la injusticia, el engaño, etc. Si alguien hace trampas, pone en peligro el sistema y los intereses de aquellos que no las hacen. Seguramente esta es la causa de que los humanos seamos en promedio tan buenos detectando a mentirosos. Este mecanismos es tan importante para el individuo, como para el grupo, pues si la cantidad de individuos egoístas supera en número a los altruistas, el futuro del grupo se verá amenazado y probablemente desaparezca. Este es uno de los argumento que apoya la teoría de que descendemos de homínidos muy cooperativos.

Los primatólogos Sara Brosnan y Frans de Waal, de la universidad de Emory, enseñaron a monos capuchinos a cambiar unas fichas de plástico por dos tipos de recompensa: uvas y pepino. Estos primates, al igual que nosotros, tienen preferencia por las uvas, pero se comen el pepino de una manera natural y sin grandes miramientos. El experimento comienza con el intercambio de la ficha por un trozo de pepino. En el siguiente paso, se introduce la condición de injusticia, dando sólo a uno de los dos una uva por la misma ficha. Lo interesante del caso es que cuando ven a un compañero recibir una recompensa mayor, llegado su turno rechazan el pepino y se niegan a realizar el intercambio, arrojando el alimento fuera de la instalación y mostrando conductas que nos recuerdan a la indignación humana. El principio de equidad requiere de la capacidad cognitiva de saber calcular el valor de lo que uno recibe y lo que da y es un potente mecanismo evitador de los conflictos sociales. Además, cumple la función de equilibrar la diferencia entre los costes y beneficios de la vida en grupo.

El sentido de la justicia, intercambio y atribución de valor en los primates:

En unas pruebas realizadas con chimpancés, se le da una bandeja que contiene alimento a un sujeto A. La particularidad de la bandeja es que está fijada a unos carriles y atada por unas cuerdas. Desde una jaula adyacente, un sujeto B puede tirar de ella y quedarse con toda. El sujeto A cuenta con una palanca que le permite abortar la operación, arrojando toda la comida al suelo si la situación no es de su agrado. Cuando el investigador proporciona la bandeja a A, lo que normalmente ocurre es que B tira de la cuerda y le roba la comida. A se enfada y acciona el mecanismo que deja caer la recompensa al suelo. Por el contrario, cuando desde el inicio, el investigador proporciona la bandeja a B, A se controla y no suele accionarlo. La conclusión es que el sujeto A parece entender la diferencia entre el hurto y una situación justa.

Sentido de la justicia en chimpancés:

Otro contexto interesante donde surgen las primeras experiencias relacionadas con la justicia y las normas sociales es el juego. En el juego animal existen unas reglas que los participantes deben seguir para no ser lastimados. Cuando un individuo las rompe e interacciona de una manera brusca y violenta con los compañeros, es habitual ver como el juego se para y aflora un sentimiento de rechazo que en el caso de los perros se manifiesta ladrando vivamente. Estas conductas son frecuentes entre cánidos, donde el orden social es clave en la supervivencia de la manada.

Unos perros de la raza pastor de Anatolia jugando:

Lo que se desprende de estas y otras investigaciones es que la moral, al menos en sus manifestaciones más primarias, no es un asunto cultural ni un fenómeno exclusivamente humano. Toda apunta a que el sentido de la justicia posee un componente biológico y que algunas tendencias que popularmente llamamos “valores” son innatas. Nacemos con cierta información sobre lo que está bien o mal, algo que podemos calificar con el nombre de “protomoral” o “moral arcaica” y que probablemente comenzó a desarrollarse hace cientos de millones de años.



53 Respuestas to “Moral animal”

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