Autor: Pablo Herreros Ubalde 31 mayo 2013

Esta es la segunda parte del artículo «¡Pura vida! (1)», publicado por Pablo Herreros en este mismo blog el 23 de mayo.

Desde las selvas de Ojochal me trasladé en un peculiar “taxi” hasta Sierpes, a unos 80 km al suroeste, muy cerca de la frontera con Panamá. El conductor era el frutero del pueblo, quien por unos pocos dólares me llevó en un coche destartalado hasta el lugar donde tomé el bote que me condujo a Corcovado, una de las selvas primarias mejor conservadas del mundo. Esta zona, a pesar de su pequeña extensión, posee el 1,4% de todas las especies conocidas de la Tierra. En Centroamérica, Corcovado es conocido como el Amazonas de Costa Rica.

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Un 46.8% de la superficie continental total de Costa Rica se encuentra cubierta de bosques y selvas (imagen: “Pablo Herreros”).


Ya en el bote, seguimos el curso del Río Sierpes hasta su desembocadura. Durante el trayecto observé varios cocodrilos tomando el sol en las orillas. También pude fotografiar a un oso perezoso que colgaba de un árbol. Tras una hora y media navegando, llegamos a la Bahía de Drake, lugar donde pasé la noche en unas cabinas. Al caer el sol, desde el balcón podía escuchar los sonidos de los monos aulladores: unos fascinantes primates que se alimentan solo de hojas y que no suelen moverse más de 400-500 metros al día como media. Los espectaculares aullidos que emiten no parecen corresponder con su tamaño. Esta es una estrategia muy usada por el Reino Animal en general: si no puedes moverte o atacar con facilidad, aparenta ser muy fiero haciendo mucho ruido.

Al principio es un poco ensordecedor, pero cuando te acostumbras, los ruidos de la selva son una parte más de la aventura. Ranas, monos, chicharras y un largo etcétera de insectos parecen competir por ser los más llamativos de la selva. Pero entre todo ese montón de sonidos, uno cae en la cuenta de que existe gran cantidad de información valiosa. Hembras en celo, llamadas de cortejo, símbolos de identidad y unidad, machos desafiantes… En el caso de los monos aulladores, una especie del género Alouatta, los sonidos que emiten al atardecer y amanecer se tratan de llamadas de aviso a otros grupos de su especie que se encuentren en el área. También cumplen una función de cohesión, lo mismo que ocurre con los aullidos de los lobos.

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Mono aullador en el que se aprecia el enorme tamaño de sus testículos (imagen: “Pablo Herreros”).

Otra característica que llama la atención de estos monos, es el enorme tamaño de los testículos que poseen los machos. Cuando un animal macho los tiene muy grandes, normalmente es debido a que ha habido competición espermática entre ellos. Es decir, durante su historia evolutiva, varios machos copulaban con la misma hembra eyaculando en su interior aunque solo el esperma de uno fecundaba el óvulo. Los machos que más cantidad de esperma introducían eran los que pasaban sus genes a la siguiente generación. Dado el pequeño tamaño de los testículos humanos, comparados con otros mamíferos, creemos que este tipo de competición no se ha producido en nuestra evolución.

Al amanecer, otro bote me llevó hasta Playa Sirena, en el corazón de la selva. Allí me esperaba un biólogo experto llamado Breinand Ayala, que conocía bien los hábitos de uno de mis primates favoritos que pertenece al género Ateles: los monos araña. Caminamos unas horas hasta abandonar los senderos. La altura de los árboles provoca dolor de cuello de tanto mirar hacia arriba y la humedad que va desprendiendo el sustrato de la selva hace que sudes como nunca antes lo hayas hecho en tu vida. Pero en la selva todo tiene su recompensa. Al llegar a una zona fangosa que se forma en la orilla del río, nos encontramos con un tapir dormido, al cual despertamos con nuestros susurros sin querer. Continuamos para no interrumpir su siesta. Poco tiempo después nos sorprendió un pizote nervioso que husmeaba en todas direcciones. Desapareció con la misma rapidez con la que había aparecido. Selva adentro, comenzaron a aparecer los primeros árboles estranguladores, los cuales crecen alrededor de otros, nutriéndose de ellos hasta que los asfixian y finalmente los matan para poder continuar su desarrollo.

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Monos araña (imagen: “Pablo Herreros”).

Cuando ya pensábamos que no aparecerían los monos araña, comenzamos a escucharlos sobre nuestras cabezas. Breinand y yo nos sonreímos y apuntamos rápidamente con nuestros prismáticos y zooms hacia ellos. Allí estaban mirándonos boca abajo, con sus colas prénsiles enrrolladas en las ramas, las cuales usan como quinta extremidad. Estas pueden soportar su propio peso. El momento era muy interesante, ya que otros miembros estaban peinándose con unos frutos puntiagudos en forma de bola llamados precisamente “peines de mono”. En su interior, hay unas pepitas rodeadas de una sustancia oleosa que contiene minoxidil: un componente utilizado en muchos productos anti-caída de pelo de los que usamos los humanos.

Esta especie vive en grupos organizados mediante fusión-fisión, un tipo de organización social muy usada por las tribus humanas pre-industriales. Se trata de unirse o separarse dependiendo del contexto y de algunas variables, como por ejemplo la cantidad de comida disponible o el tipo de amenazas. Esta flexibilidad social es muy adaptativa para entornos cambiantes o inestables.

Tras un buen rato observándolos, abandonamos el lugar y regresamos a la zona de la playa. Allí nos despedimos y nos deseamos buena suerte. Tras tres semanas de intensas emociones, había terminado mi aventura selvática por uno de los países más bellos que he visitado en mi vida. No era la primera selva que visitaba, pero el estado de conservación de algunas selvas de Costa Rica lo hacen incomparable. Ahora entiendo a la perfección por qué el saludo nacional en vez de Hola es… ¡Pura vida!



3 Respuestas to “¡Pura vida! (y 2)”

  1. Edgar Porras-Thames:

    ¡Lindo artículo! Lo felicito. Solamente quería decirle que en Costa Rica, a los monos aulladores se les denomina “monos congos”.

  2. EDELY ROMERO:

    Estoy fascinada con toda esta información que usted comparte al realizar estas investigaciones

  3. Ana:

    Me ha encantado! Lo has descrito fenomenal, es dificil hacer llegar lo que se siente cuando uno está inmerso en la selva, entre tanta vida. Estuve hace unos años en el Amazonas y me has hecho revivir aquella maravillosa experiencia.

    Muchas gracias.

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