Autor: Pablo Herreros Ubalde 23 Mayo 2013

Costa Rica posee el 4,7% de la totalidad de especies que existen en el planeta tierra. Debido a esta gran biodiversidad, me trasladé a este país centroamericano hace unas semanas, con la intención de observar por mi mismo los cuatro tipos de primates que allí habitan, además de cualquier otro animal que se cruzara por mi camino.

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Selva de Ojochal en Costa Rica (imagen: “Pablo Herreros”).


El punto de partida del viaje fue la zona de la costa pacífico sur, en el Cantón de Osa, donde acuden cada año las ballenas jorobadas que habitan tanto en el ártico como en la antártico. Allí se encuentran ambas poblaciones para reproducirse y parir en aguas cálidas. El intercambio genético que allí se produce es muy beneficioso para la especie. Desafortunadamente no era la época y no pude asistir a tal espectáculo.

Un amigo y experto en la zona, Aitor Agirregoikoa, me hizo de guía durante varios días por las selvas de Ojochal. En las playas cercanas, van a desovar las tortugas loras (Lepidochelys Olivacea) cada año. Las tortugas son un conjunto de especies que habitan el planeta desde hace millones de años y representan uno de los grandes misterios de la naturaleza. Desde que nacen, regresan de manera periódica a la misma playa temporada tras temporada. Siempre eligen el mismo lugar. Aitor es uno de los responsables de poner a buen recaudo estos huevos hasta que estén listos para iniciar la vida en el mar. Esta es una de las labores principales de la Fundación Reserva Natural Playa Tortuga a la que pertenece.

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Tortugas loras desovando en las playas del pacífico sur de Costa Rica (imagen: “Reserva Playa Tortuga“).

Aitor me comentó que el mayor peligro para estos animales es el mito que existe sobre sus efectos afrodisíacos. Cuando llega la temporada, salen a cogerlos de manera ilegal, ya que son apreciados por algunos costaricenses que los comen crudos aderezados con chile. Hicimos el cálculo y debido a la acción del hombre y otros depredadores, como por ejemplo los mapaches y las águilas, solo uno de cada mil llegan al mar. Todos los años acuden decenas de voluntarios para ayudar en esta y otras tareas indispensables para la preservación de la especie.

Comenzamos la caminata por una zona de manglares, donde es común encontrar a los monos capuchinos, ya que de ahí obtienen varios tipos de crustáceos de los que se alimentan. Como ya me ha sucedido en otros viajes, la tropa que allí habita nos recibió tirándonos ramas y orinando sobre nosotros para que nos alejáramos. Hicimos caso de tan elegante advertencia y nos apartamos unos metros.

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Los mapaches son una de las 231 especies de mamíferos que habitan en Costa Rica (imagen: “Pablo Herreros”).

Los monos capuchinos, para abrir los cangrejos, por ejemplo, los golpean contra los troncos. Pero también se alimentan de otros animales. Gracias a la rapidez con la que se mueven, son capaces de agarrar serpientes y arrancarles la cabeza de un mordisco. Si queda malherida o encuentran alguna moribunda, las golpean con palos desde una distancia prudente, y cerciorarse así de que ya no representan un peligro. Este dato es interesante ya que el uso de herramientas ha sido uno de los argumentos más usados en el pasado para diferenciar a los humanos de otros animales. Ahora sabemos que no es así.

En poblaciones del interior de Brasil, se ha llegado a constatar el hecho de que ponen a madurar frutos. Luego los transportan desde varios kilómetros de distancia hasta lugares donde existen piedras lisas que sirven de yunques y allí, con la ayuda de esas piedras redondas que recogen en los ríos, las abren.

Los capuchinos son unos primates extremadamente inteligentes que viven en tropas de 20 a 30 individuos. Al igual que los chimpancés, saben fabricar herramientas y cooperan de manera estrecha los unos con los otros. También saben manipular a otros emitiendo falsas llamadas de alarma que ahuyentan a los compañeros, permitiéndoles quedarse con toda la comida. Algunos científicos creen que este pudo ser el origen de la mentira.

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Monos capuchinos (imagen: “Pablo Herreros”).

Para mi, esta especie tiene un interés especial más allá de todo lo dicho porque en pruebas de laboratorio han demostrado poseer sentido de la justicia o valores; algo que muchos filósofos y religiones han argumentado durante siglos como lo más característico de nuestra especie. En dichas pruebas, cuando a uno de los miembros de una pareja de estos animales se le daba una recompensa mayor por intercambiar una ficha de plástico que a su compañero, este se indignaba y se negaba a intercambiar o aceptar la injusta recompensa. Ahora sabemos que al igual que ocurrió en el caso de las herramientas, tampoco los valores son patrimonio exclusivamente humanos. Una protomoral pudo surgir hace millones de años. No es de extrañar que por estas increíbles habilidades mentales se les considere los “chimpancés del Nuevo Mundo”.

Continuará la próxima semana….



2 Respuestas to “¡Pura vida! (1)”

  1. Yo:

    Ártico y Antártico

  2. ROSA:

    ES MUY AGRADABLE PODER APRENDES COSA ATRABE DE LA SABIDURIA DE LOS EXPERTOS CON LAS PREGUNTA DE NUESTRO AMIGO

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