Autor: Pablo Herreros Ubalde 26 octubre 2013

La caza y la guerra están en las raíces del deporte. Los juegos olímpicos de la antigüedad se celebraron durante más de 400 años en la ciudad griega de Olimpia. Era costumbre llegar a una tregua durante su celebración que permitiera concentrarse y diera libertad de movimiento a los deportistas. En ellos se enfrentaban varias ciudades independientes, muchas de las cuales estaban en guerra entre sí. Las disciplinas consistían en correr, saltar, luchar, lanzar jabalinas y competir en carreras de cuadrigas, y con ello, los juegos ensalzaban virtudes que eran imprescindibles para los guerreros de entonces.

caza

Pintura de una caza de búfalos, en la región del Sahara de Algeria (imagen: Gruban / Wikimedia Commons).

En los juegos de persecución y localización, como indios y vaqueros o el escondite, detectamos huellas de nuestro pasado evolutivo como cazadores-recolectores. Hasta hace bien poco, al igual que en la guerra, el éxito en la caza también era fundamental para la supervivencia del grupo. Llegar a casa con carne fresca era más complicado que en la actualidad, donde existen fincas rellenadas con animales de manera artificial para que el éxito esté asegurado. Tampoco había supermercados ni carnicerías donde te la dan a cambio de dinero. Muy al contrario, en la selva o en la sabana, a veces se regresaba a casa con las manos vacías, lo que tenía consecuencias negativas para la supervivencia del grupo. Por eso los mejores cazadores obtenían gran prestigio en la comunidad.

Desde tiempos remotos, a los humanos nos ha gustado practicar actividades físicas con el objetivo de ganar prestigio. Correr más rápido, arrojar lanzas a distancia o perseguir en carrera eran aptitudes deseadas por todos. Además, los que las poseían adquirían un mayor estatus debido a su importante contribución a la defensa y alimentación. Estos «primeros deportistas» eran admirados por el grupo porque les ponía en ventaja frente a otros grupos.

Este es el origen de nuestra fascinación por deportistas de élite como Leo Messi o Cristiano Ronaldo. De vivir aún en el Paleolítico, todos querríamos tenerlos como miembros de nuestra tribu. Varios estudios antropológicos entre los hazda de Tanzania y los aché de Paraguay han demostrado que los hombres prefieren cazar con los que son hábiles en estas actividades, porque así tienen más probabilidades de conseguir carne de calidad. Es decir, los hazda también eligen a los Messi de la tribu.

Una trainera bajo el sol del atardecer (imagen: Alberto Rincón / Flickr).

Con el paso del tiempo, otras tareas también se convirtieron en fundamentales para la vida humana. Cortar árboles, navegar, segar hierba o levantar pesos adquirieron importancia tras el Neolítico, cuando nos asentamos y domesticamos las primeras plantas y animales. En los deportes rurales que existen en la actualidad podemos rastrearlo. Todos los años se celebra en la bahía de la Concha de San Sebastián la gran prueba de las traineras: unas barcas tradicionales de la costa cantábrica que se usaban en la pesca antiguamente. Cada septiembre, traineras que representan a pueblos del norte reman para ser los más rápidos en regresar al puerto donostiarra. El pueblo entero se traslada a esta prueba para apoyar a sus remadores. La competición, que sobrepasa ya los 130 años de historia tiene su origen en el hecho de que los primeros pescadores en regresar a la lonja conseguían los precios más altos.

Otros deportes ancestrales también están conectados a la supervivencia. Los aizkolaris vascos cortan troncos de madera subidos en ellos, los segadores cántabros compiten por cortar hierba o los pasiegos saltan con varas de madera por encima de los arroyos. Todos estos deportes reflejan prácticas ancestrales que nos han ayudado a adaptarnos mejor al entorno en los últimos siglos.



7 Respuestas to “Yo quiero a Messi en mi tribu”

  1. Adriana:

    También yo quiero a Messi!

  2. javier lópez lopez:

    La lógica del origen del deporte nos acerca a nuestra condición de especie animal. Nuestros deseos, nuestros pasatiempos está dirigido a garantizar la supervivencia de la especie. Esto es un dato más. Es lógico que el deporte tenga su origen en la caza. Una perspectiva interesante e ingeniosa.

  3. javier lópez lopez:

    Una cuestión: nuestra condición de especie animal. la búsqueda de la supervivencia de la especie, no cambia que mantenemos atendidos a los miembros que ya no son aparentemente útiles (los viejos), esto sí nos diferencia.

    ¿En otras especies hay algo parecido?

  4. javier lópez lopez:

    Al final de nuestras vidas no somos “cazadores” , ¿que rol desempeñamos? Por otro lado, ¿estamos programados para el deporte? ¿Sentimos bienestar psicológico al hacer deporte por que nuestros organismos están programados para la caza?
    Disculpas si son preguntas demasiado básicas.

  5. Yo quiero a Messi en mi tribu:

    […] Yo quiero a Messi en mi tribu […]

  6. Manuel Caballero Merino:

    ¡¡¡Yo quiero a Punset en mi tribu!!!

  7. Darwin Russell:

    Yo no quiero a Messi en mi tribu. Su especial habilidad para manejar una esfera con sus patas posteriores no compensa su desconsideración tribal sobre el terreno de juego, al abroncar a sus compañeros en público, al hacer trampas marcando goles con la mano, al escupir al contrario, etc….. por no hablar de presuntos problemas con Hacienda publicados en la Prensa.. La solidaridad tribal debe primar por encima de todo para un buen funcionamiento del grupo.

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