Autor: Pablo Herreros Ubalde 31 marzo 2015

Culos salvajes

Publicado originalmente en elmundo.es:

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/yomono/2015/02/14/culos-salvajes.html

En los últimos tiempos, no pasa una semana sin que la enésima imagen del voluptuoso trasero de Kim Kardasian se convierta en un fenómeno viral en las webs de todo el mundo. ¿Por qué fascina tanto? ¿Cuáles son las raíces de semejante obsesión planetaria?

Con los culos y las tetas, nos pasa un poco como cuando preguntas quién ve La 2. La gente dice lo que cree que debería ser y no lo que realmente es. Unos estudios antropológicos con culturas de todo el mundo, realizados hace más de una década, revelaron que a la mayoría de los hombres nos gustan las mujeres gorditas, con muchas curvas y senos grandes. Todo lo contrario del ideal televisivo o de Hollywood.

Existen universales compartidos por personas del mundo que son contradictorios con los que nos presentan las grandes casas de moda en las pasarelas: mujeres con poco pecho y muy delgadas. Un físico que, en principio, es menos eficaz para procrear. Así que, aunque sea sólo por una vez, vamos a a ser sinceros y arrojemos un poco de luz científica en este tema: ¿por qué a los hombres nos gustan que estas partes del cuerpo sean grandes?

La hipótesis tradicional, desde la biología evolutiva, siempre especuló sobre la idea de que una mujer con caderas anchas es más fértil y además tendrá partos más sencillos. De esta manera se incrementan las posibilidades de supervivencia de la progenie. La misma lógica siguen el tamaño de los senos y la consecuente capacidad de producir alimento para el bebé. Desde la primatología se añade un elemento mas: los culos grandes recuerdan al hinchazón del trasero que experimentan algunas hembras de primate cuando están celo. Del mismo modo, los labios carnososo pintados de rojo recuerdan ese estado.

Existen más posibilidades para explicar esta irresistible atracción de las féminas. El científico Gordon Gallup Junior, en declaraciones a la revista Psychology today, cree que las grasas de esta área, llamadas gluteofemorales, guardan una estrecha relación con la atracción por otras razones. Estas grasas, según Gallup, juegan un papel fundamental en el desarrollo del cerebro de los niños. Varios estudios han encontrado cierta correlación entre estos lípidos y la inteligencia de sus niños. Pero no sólo la descendencia, parece que las madres también lo son, asegura Gallup. El problema de estos resultados está en el concepto de inteligencia, por lo que en mi opinión, estos estudios son muy controvertidos.

Sin embargo, no todo es biología. La cultura, incluido el momento histórico y social, también incide en los gustos que las personas tienen. Un ejemplo contemporáneo es que a muchas hembras no les gusta ser más altas que nosotros, tacones sumados, claro. Os lo dice alguien que mide 1,75 cm, tacones incluidos también.

Otra idea de naturaleza cultural es que la tendencia humana desde nuestros orígenes ha sido la de valorar aquello que escasea. Por esta razón, hasta la llegada de la sociedad de la opulencia, el hambre hizo que nos gustaran las mujeres gorditas porque era un indicador de salud. Ahora ya no importa o incluso juega en contra por el aumento de la obesidad entre la población mundial. Los obesos tienen más enfermedades en la sociedad actual.

Fenómeno similar ha sucedido con el tono de la piel. Antiguamente, el bronceado era sinónimo de vida dura en el campo. Más adelante se convirtió en señal de disponibilidad de ocio, lo que está directamente relacionado con el estatus económico. Ahora, quizás porque el bronceado ya está al alcance de todos y el miedo asociado al cáncer de piel, parecen haber detenido esta obsesión.

En conclusión, el resultado de la interacción entre la cultura y la biología provocan una gran diversidad de preferencias posibles, pero aún se mantienen preferencias inconscientes que provienen de nuestro pasado en el árbol y después en la sabana. Es decir, además de lo aprendido, también hay razones biológicas inconscientes y automáticas por las que nos gustan unos rasgos determinados del sexo contrario. Casi nada es aleatorio en este área.



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