Autor: Pablo Herreros Ubalde 23 Febrero 2016

Llega la fecha más escalofriante de todo el año: la fiesta de Halloween. Las personas que lo celebran se vestirán con disfraces que inducen al terror y pasarán una noche de miedo asustándose los unos a los otros.

¿Pero por qué nos gustan tanto las películas e historias de terror? Han pasado millones de años de evolución y aún tenemos un instinto animal que nos hace temer la oscuridad, las sombras, los animales con dientes largos y ojos profundos, o las arañas. Un instinto de supervivencia que emergió hace cientos de millones de años, pero que aflora en cualquier momento del presente de manera inconsciente y nos estimula cuando tenemos miedo a que nos coman vivos.

La cuestión es que aún tenemos muchas reminiscencias de aquel instinto y modelos mentales que nos impulsaron a sobrevivir en la selva primero y en la sabana después. El psicólogo Nobuo Masataka, ha demostrado que los niños de tres años tienen más facilidad para detectar en una pantalla serpientes que flores. Además, su amígdala derecha, la zona del cerebro relacionada con el aprendizaje de los miedos, se activa con mayor intensidad cuando se les muestra animales que cuando son personas las que aparecen en la película.

¿Y el resto de los grandes simios? ¿También se enganchan ellos con las películas de miedo? En la Universidad de Kioto, uno de los laboratorios de primatología más importantes del mundo, unos científicos han descubierto que a los chimpancés también les gustan las películas de terror y además memorizan con facilidad escenas previas.

Vídeo: experimento sobre la afición de los chimpancés a las películas de miedo en la Universidad de Kioto.

Los chimpancés fueron expuestos a películas realizadas por el equipo investigador en las que un humano disfrazado de King-Kong atacaba y robaba a humanos. A continuación, otro vídeo mostraba a los humanos vengándose del falso gorila y atacándole con un martillo. Otros vídeos consistían en humanos disfrazados de chimpancés que aparecían en escena para robar y hacer el mal a personas. Lo que pasó a continuación es fascinante porque los chimpancés, con tal de poder ver cómo acababa la historia, ¡incluso dejaron de comer y de beber! ¡Estos simios lo estaban disfrutando a tope! Además, en un segundo pase de las películas, recordaban lo sucedido y ya fijaban sus miradas con anterioridad en las puertas desde dónde saldría los villanos.

Volviendo a nuestra especie, Sigmund Freud y los psicoanalistas de aquella época pensaban que las películas de terror nos gustan porque ese horror proviene de una misteriosa emergencia e identificación de imágenes con pensamientos de nuestra época más primitiva, que posteriormente han sido suprimidos por el ego civilizado. Por otro lado, el suizo Carl Gustav Jung también pensaba que este tipo de escenas “golpean” arquetipos enterrados en nuestro subconsciente colectivo: las imágenes de sombras, por ejemplo.

Pero este interés en el porqué de la atracción hacia las historias de miedo ya comenzó hace siglos, mucho antes de la aparición del cine. Algunos filósofos clásicos, como Aristóteles, pensaba que los cuentos de terror y violencia daban a las personas una oportunidad para purgar sus emociones negativas, un proceso llamado catarsis.

Otras teorías, como la de la transferencia de la excitación, formulada por el psicólogo Dolf Zillmannn subrayan que si la película termina con el héroe vencedor, se intensifican las emociones positivas. El problema de esta teoría es que la mayoría no acaban así.

Queda mucho por saber en este área y una gran cantidad de hipótesis por contrastar, pero a la luz de lo descubierto con los chimpancés y niños, en un primer análisis podemos llegar a la conclusión de que las películas de miedo y los cuentos de terror nos atraen porque despiertan nuestro sentido de la supervivencia, y quizás nos entrenan para peligros que existían en el pasado aunque en buena medida han dejado de amenazarnos en el presente.



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