Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 agosto 2016

159580_540x292.jpg                         Un mandril de resaca tras haber consumido marula fermentata

 

Seguro que algunos están pensando en poner el contador a cero tras estos dolores de cabeza que provoca la resaca del alcohol y el sentimiento de culpa asociado. Otros se olvidarán mañana y aún les dará tiempo para una última borrachera más antes de volver al curro.

El caso es que los seres humanos caemos una y otra vez en la tentación de agarrarnos cogorzas y olvidamos rápidamente los “efectos colaterales”. Hasta hace pocas décadas, se pensaba que las adicciones eran algo exclusivo de nuestra especie. El propio Charles Darwin estaba convencido de que ningún animal era tan tonto como para pasarlo mal después de ingerir alcohol y volver a hacerlo de nuevo. Pues en este caso, Darwin no acertó ni por asomo. Los animales beben y se drogan como nosotros.

El último caso descubierto, apareció este año publicado en la revista Royal Society Open Science, producto de una investigación de diecisiete años en las selvas de Bossou en Guinea con chimpancés. Allí existe un tipo de palmera que segrega en la copas un líquido con alto contenido en etanol. Las comunidades de personas que habitan estas zonas, suelen taparlas con plásticos para así poder recolectar el preciado líquido por las mañanas y al atardecer. Lo que ha sorprendido a los investigadores es que los chimpancés también lo consumen asiduamente.

Estos grandes simios, se acercan en grupos a estos árboles y montan verdaderos botellones en la selva. Para poder extraer el líquido, utilizan esponjas fabricadas con puñados de hojas que introducen en los huecos de las palmeras. Luego van ingiriendo la bebida poco a poco.

No se trata de la primera vez que se registran casos de consumo de alcohol u otras drogas en animales. Lo que sí ha permitido este seguimiento de más de diecisiete años es determinar las cantidades que ingieren.

El Director de la investigación, el primatólogo Kimberley Hockings, ha calculado que se trata de una bebida con un contenido de alcohol del 3% aproximadamente, similar al que contienen las cervezas. En cuanto a la cantidad, es algo que sorprendió a los descubridores. Los chimpancés se pimplan el equivalente a una botella de vino. Además, tras hacerlo, mostraban claros signos de estar ebrios. Se caían de las ramas o se quedaban dormidos poco después de beber. Sólo algunos parecían muy animados y saltaban de rama en rama de una manera agitada. El mismo tipo de perfiles que podemos encontrar en cualquier pandilla de amigos.

En otras zonas de África, por ejemplo, cuando los frutos de la marula fermentan generan un alcohol que se queda dentro. Es el momento en el que todos los animales de la zona se olvidan de sus diferencias y se acercan a pasar un buen rato como si estuvieran en un pub. Tras unas horas, se ve a los elefantes y jirafas haciendo eses, y a los monos caer de los árboles debido a las borracheras que se agarran.

En fin, parece que esto de los botellones forman parte de nuestra naturaleza y el destino hará que volvamos a caer el año que viene como monos, nunca mejor dicho.



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