Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 Agosto 2016

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Un macho decide dejar a una hembra y marcharse con una jovencita, quien desde ese momento se convierte en su favorita. Pero la nueva pareja decide acabar con la vida de la ex para poder seguir juntos y vivir así con mayor tranquilidad. Cuando parece que están a punto de conseguirlo, aparece otro macho y la salva de una muerte segura. Hasta aquí, este tipo de asesinatos o crímenes pasionales podrían haber sido escritos por el propio Shakespeare, como ya hizo con Hamlet, una obra en la que hay envenenamientos y conspiraciones varias para acabar con la vida del príncipe danés y su padre el Rey. Pero lo que lo convierte este caso que os voy a contar en más interesante es que no hablamos de personas, sino de orangutanes.

Anna Marzec, primatóloga de la Universidad de Zurich, registró el incidente en la selva de Mawas, en Isla de Borneo (Indonesia) tras miles de horas de observación. Posteriormente lo publicó en la revista científicaBehavioral Ecology and Sociobiology. Marzec cuenta cómo en la reyerta estaban implicados una joven hembra llamada Kondor, quien había perdido a su cría unas semanas antes, y otra hembra más vieja, Sidony. La única interacción previa que se conoce fue hace unos años cuando la pequeña Kondor se llevó un mordisco de Sidony por acercarse a su cría de 7 años de edad. Ni siquiera este precedente pudo presagiar lo que sucedió tiempo después.

Todo se complicó el día que apareció el gran macho orangután Ekko. Irremediablemente, Kondor y él comenzaron a ligar. Entonces aparecieron de entre las ramas la vieja Sidony y su hijo. Ekko, al ver interrumpido su cortejo, inspeccionó sexualmente a la recién llegada pero decidió regresar con la jovencita y tener relaciones sexuales con ella. Cuando Sindony se marchaba, Kondor detuvo la copula y en un ataque de ira se abalanzó sobre ella. Pero lo más impresionante es que el macho Ekko se unió a la pelea y comenzó también a golpearla, ayudando a su nueva consorte Kondor como si fuera su “guardaespaldas”. Ambos se coordinaron e impidieron que Sidony pudiera escapar de la brutal paliza y mordiscos que le propinaron.

Pero las tornas cambiaron cuando otro macho “guardaespaldas”, Guapo, llegó en auxilio de Sidony. Primero echó al macho Ekko, y luego se interpuso entre las dos hembras impidiendo que la pelea continuara. Todo un caballero el orangután Guapo. 

Este hallazgo es sorprendente porque nunca se habían visto antes coaliciones de este tipo en esta especie, la cual está formada por una hembra y un macho que se enfrentan a otra hembra, que a su vez fue apoyado por otro macho. Tristemente, Guapo no pudo impedir que Sidon muriera días después debido a la infección de las heridas dejando un huérfano más en la selva.

A uno le cuesta creer que dos hembras se peleen hasta la muerte con el fin de quedarse con un macho con el que poder tener descendencia, pero también sucede en humanos reales, y no sólo en las películas. Por ejemplo, el año pasado en la ciudad de Los Angeles, una mujer de 48 años de edad llamada Myrna Tegones, trató de matar a la nueva pareja de su exmarido, entrando en la casa con una pistola y disparando a quemarropa. La víctima resultó herida pero finalmente se salvó.

Desconocemos la motivación real que llevó a la joven Kondor a atacar con tal violencia a Sidony. Quizás quería deshacerse de su competidora para quedarse con Ekko para ella sola. Ni siquiera si aquel primer mordisco tuvo algo que ver. Lo que sí podemos asegurar es que los celos son sentimientos que también están presentes en los animales no-humanos.

 



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