Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 agosto 2016

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La personalidad y las reacciones de Donald Alfa Trump son muy pedagógicas para explicar muchos de los instintos y contradicciones que se activan dentro del ser humano cada día. Así que vamos a repasarlos para aprender sobre ese mono inseguro y negativo que todos llevamos dentro.

Para empezar, las demostraciones de fuerza que realizan los chimpancés para probar a otros machos su poder están presentes todas ellas en Alfa Trump. Es común que Trump se enfade y grite a los periodistas por preguntarle algo que no le gusta o le deja en evidencia, como le ocurrió al periodista de la principal televisión Univisión, Jorge Ramos, quien fue expulsado por el propio Trump de la sala tras incomodarle con sus preguntas. También en los debates chilla a sus contrincantes, no les deja hablar y se marcha de las entrevistas cuando le cuestionan.

Alfa Trump sólo sabe usar las dos estrategias más básicas en los animales: ataque o huida. En sus discursos públicos o rallies, ha legitimado el uso de la violencia para parar a aquellos que vengan a boicotear los actos. Como hacen algunas tribus de indios norteamericanos antes de una guerra, hace llamamientos para desenterrar el hacha. Algo que sucede en la mayor parte de los grupos de primates, la violencia del líder se contagia hacia abajo y eleva la agresividad entre los seguidores.

Por otro lado tenemos el miedo a los extranjeros, ese pánico a lo desconocido que le ha llevado a alimentar la idea de que necesitan un muro en su frontera sur con México. Dado que la inmigración no sólo procede de los países latinoamericanos sino de todo el mundo, este muro es absurdo. Se trata más de un símbolo que de algo realmente útil o funcional. La mayoría de los inmigrantes que llegan a Estados Unidos lo hacen en avión. La mitad aproximadamente, según la Oficina de Inmigración Americana. Pero su mensaje conecta muy bien con el cerebro reptiliano que todos aún poseemos, el lugar donde reside el miedo.

La xenofobia de Alfa Trump no le ha impedido casarse con extranjeras. Su esposa en la actualidad, Melania Knavs, es una ex modelo eslava que se enamoró de Trump “por su inteligencia”, según sus palabras. Llegó con visado de trabajo a Estados Unidos y posteriormente consiguió la ciudadanía en un tiempo récord. Ha posado desnuda para la revista GQ en una sesión que se celebró en el propio avión privado de los republicanos. Pero para Alfa Trump hay excepciones: a él no le importa que haya sido criada bajo un régimen comunista.

Pero hay más contradicciones en Trump. Sus abuelos eran alemanes de pura cepa y su madre nacida en Irlanda. Su verdadero apellido paterno es Drumpf. Algo que sus padres cambiaron rápidamente para que pareciera anglosajón e integrarse en la comunidad. Quizá por eso también matricularon al pequeño Trump en la academia militar donde estudió.

Cuando terminó sus estudios en Economía, se metió en el negocio de la construcción, pero también en el juego, llegando a poseer varios establecimientos en Atlantic City. Su mujer por entonces, Ivana Marie Zelnícková, también se cambió el nombre porque en años de la Guerra Fría sonaba mal. Ivana era una esquiadora olímpica checoslovaca y, por lo tanto, también educada bajo mando soviético.

Trump saca partido de los sentimientos de confusión e impotencia que han aflorado en las naciones que son objetivo del terrorismo, como los chimpancés autoritarios se aprovechan de la inestabilidad de su grupo para ascender al poder. Porque los primates solemos responder a los tiempos de guerra eligiendo a alguien fuerte y con energía. Algo que también les sucede a los chimpancés. A Alfa Trump, cada ataque le sirve para reforzar su mensaje y le acerca más a su objetivo.



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