Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 Agosto 2016

¿Vamos a permitir que un grupo de asesinos manche el historial de cooperación de nuestra especie? Los últimos atentados terroristas llevados a cabo en varios países del mundo me hacen pensar que entramos en una época oscura para lo que pensamos sobre nosotros mismos. Ahora más que nunca crece la idea de que los humanos somos malos por naturaleza. Vuelve la interpretación del mundo como un lugar donde impera ” la ley de la selva “.

Pablo Jáuregui y Pablo Herreros hablan en una jaula sobre si somos buenos o malos

En el caso de los genocidas, asesinos de varios tipos, psicópatas y violadores, sus actos borran automáticamente cualquier atisbo de comportamiento positivo que hayan llevado a cabo en el pasado. Pero la vida de las personas normales, la mayoría de nosotros, es muy larga como para tener que elegir si una persona es buena o mala. Los primeros son unos miserables sin matices, pero éstos solo representan un porcentaje pequeño del total. Aún así, todos poseemos luces y sombras.

En las catástrofes y accidentes, las personas suelen cuidar de los heridos y tratan de salvarlos. Así lo demostraron los acontecimientos del 11M, 11S o los ocurridos más recientemente en Francia y Bélgica. Son solo algunos ejemplos de los muchos que suceden cada día. Lo mismo ocurre en los accidentes de tráfico, aéreos o de cualquier otro tipo. La gente siente empatía por las víctimas y echa una mano sin preguntarse qué obtendrá a cambio. Como hacen otros primates, según un reciente descubrimiento, el grupo vuelve a rescatar a sus compañeros incluso tras hacerlo sin éxito varios días. Así sucedió con un grupo de bonobos, los cuales volvieron a por un congénere que había quedado atrapado en una trampa puesta por cazadores furtivos.

Quizá lo más adecuado sea lo que mi amigo Pablo Jáuregui y yo llevamos defendiendo en este blog durante años: los seres humanos, como especie, somos capaces de lo mejor y lo peor simultáneamente. El mono bipolar. Lo cierto es que debemos aceptar que somos ese mono de dos caras que actúa dándolo todo por su familia y auxilia a personas que no conoce poniendo en peligro su propia vida. Pero también somos ese otro que que asesina sin piedad arrollando a cientos de personas con un camión o degollando a un inocente en nombre de su dios.

Entonces, ¿se trata de algo innato o aprendido? La respuesta es sí a ambas. Gracias a varias investigaciones, como es el caso de las realizadas por el psicólogo Michael Tomasello, sabemos que los comportamientos de ayuda aparecen de manera temprana en los humanos y no son solo producto de la cultura ni de la socialización de los padres. Nacemos con tendencias altruistas que más adelante son moldeadas por el entorno. Este enfoque es esperanzador, pues ya no se trata de inculcar normas y valores en los niños, sino de alimentar los que ya existen en todos nosotros de nacimiento, favoreciendo su aparición con entornos en los que ser cooperativo sea ventajoso toda la sociedad.

Por esta razón, es una gran lástima que una especie que basó su éxito en el altruismo y la cooperación para hacer frente a los profundos cambios del medio ambiente, ahora recurra a la violencia más extrema y sinsentido. No dejemos que los ataques terroristas e iniciativas paranoicas de una minoría conviertan en verdad aquello de “que paguen los justos por pecadores”. Porque conceptos como el altruismo o la bondad son fundamentales para entender nuestra supervivencia hasta el día de hoy y no vamos a permitir que un grupo de asesinos nos lo arrebate.



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