Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 Agosto 2016

 

No es tarea fácil predecir lo que sucederá si una persona cae en un zoo por accidente a las instalaciones de una especie en la que los machos pesan alrededor de 190 kilogramos, con una fuerza que se estima diez veces superior a la humana, como es el caso de los gorilas.

Desafortunadamente, han sucedido varios accidentes de este tipo en las últimas décadas con diferentes especies. A veces el final ha sido trágico, como ocurrió con un hombre borracho que se cayó al recinto de los tigres en el zoo de Delhi, en la India. Este hombre fue atacado por el felino y resultó muerto. Otro caso aunque sin final letal, aconteció en el Zoo de Barcelona hace un par de años, tras entrar un hombre a la instalación de los leones por voluntad propia. Pero los felinos en cautividad no son como los primates. En el caso de estos últimos se han producido reacciones muy interesantes que representan toda una lección para el ser humano, pero que además nos desvelan la verdadera naturaleza de estos maravillosos seres.

Uno de los más antiguos sobre el que tenemos evidencias sucedió en el año 1986 en el Zoológico de Jersey, en el Reino Unido. Lo que le ocurrió a Levan Merritt, quien tenía cinco años por entonces, fue que resbaló cuando se subió a la valla de seguridad, cayendo al espacio reservado para los gorilas. El niño quedó inconsciente y los asistentes se esperaban el peor de los desenlaces al ver que el gigante espalda plateada, Jambo, se abalanzó rápidamente hacia el niño.

Pero nada de lo que esperaban ocurrió. Jambo comenzó a proteger al pequeño y mostraba signos de afectividad. Un instante después, comenzó a tocarle el cuerpo con mucho cuidado hasta que  éste recuperó la conciencia. Cuando el niño rompió a llorar, los gorilas se asustaron y se alejaron de Levan, permitiendo que fuera rescatado. Tristemente, Jambofalleció hace años pero una estatua en su honor se erige en el zoo para siempre.

Ha salido a la luz de nuevo esta semana debido a la publicación de las declaraciones de aquel niño 30 años después, en el periódico británico The Daily Mail. Su objetivo es la desmitificación del prejuicio de que estos animales son peligrosos. Es cierto que la leyenda de King-Kong, junto a otros relatos similares son interpretaciones literarias de gente que desconoce totalmente a los grandes simios y me atrevería decir que a los animales en general. Éstas han hecho mucho daño a la imagen que tenemos de los grandes simios, ya que en sus diferentes versiones caracterizan a este gran simio como un ser agresivo, tonto y con un insaciable deseo de destrucción.

La película no es la única responsable de estos prejuicios, algunos de los cuales arrastra nuestra sociedad hasta el día de hoy. Pero lo que pocos saben es que los gorilas comen sólo hojas y frutas. Son veganos estrictos en la naturaleza. Su enorme tamaño se debe a la competición que existe entre los machos por las hembras pero no para atacar a otras especies.

Aún más asombroso fue lo que lo acontecido en el Zoo de Brookfield, en la ciudad de Chicago, en el año 1996. Una vez más, un niño de tres años se precipitó de nuevo al foso de los gorilas tras trepar por la barrera. Cuando parecía que todos los machos estaban a punto de abalanzarse sobre él, una preciosa hembra de nombre Binti le recogió en sus brazos para defenderlo y lo llevó justo a la puerta desde donde los cuidadores entran a limpiar la instalación. Un gran movimiento táctico, ya que Binti hizo posible que fuera rescatado de inmediato. Toda una heroína y un ejemplo para nuestra sociedad y especie. Binti, aún vive en el mismo lugar de Chicago y esperemos que siga viva por muchos años más. Abrazos desde España, querida Bindi. Te seguimos atentamente.



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