Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 agosto 2016

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Las Navidades, el día de acción de gracias y algunas fiestas patrias son probablemente los rituales más importantes del mundo occidental. Connotaciones religiosas aparte, lo que tienen en común todas estas fiestas es su función cohesionadora y de reunión de personas que mantienen alianzas entre sí, ya sea en forma de familiares, amigos o compañeros de trabajo. Pues a esta función, debemos añadir una nueva ventaja: estar acompañado nos hace vivir más y mejor.

Durante los últimos millones de años, la supervivencia de muchas especies de primates ha dependido de la calidad y cantidad de relaciones con los compañeros de grupo. Aún sigue siendo así. Las cosas nos van mal cuando nos aíslan o aislamos del resto de la sociedad. Pero lo asombroso es que no se trata solamente de un tema que afecte a nivel psicólogico sino también a la expresión genética, llegando a provocar la caída de las defensas del organismo.

Un estupendo estudio publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, llevado a cabo por un equipo de investigadores de la Universidad de California y la de Chicago, ha demostrado que los ancianos con sentimientos de soledad tienen la expresión de los genes que nos ayudan a defendernos de los virus en niveles muy bajos. Mientras que aquellos que poseen una vida social satisfactoria no presentaban esta anomalía.

El estudio analizó más de 400 sistemas de genes asociados a la creación de defensas y buscaron cómo se correlacionaban con la vida social de los 141 participantes. El total del 26% de las personas que se sentían solas tenían esta expresión genética que genera inmunodeficiencia. Pero además, los genes responsables de las inflamaciones estaban también más activos. Esta puede ser la razón por la que en estas edades, algunas personas son más susceptibles a enfermedades comunes como la gripe o la demencia, por ejemplo, mientras que otras no. Pero también explicaría por qué hay una mayor tasa de mortalidad dentro de los grupos de ancianos solitarios que en los que se sienten acompañados.

Algo interesante es que en otros primates ocurre exactamente lo mismo. Y para demostrar hasta qué punto es verdad, los investigadores dividieron en dos a un grupo de monos de la especie macaco rhesus. Uno de ellos recibió la visita de nuevos miembros mientras que el otro no. Lo impresionante es que el grupo que interaccionó con nuevos individuos tenían más monocitos circulando por la sangre, que son unas células responsables de sistema inmunitario más básico en los vertebrados, humanos incluidos por supuesto.

Este estudio viene a sumarse a otras evidencias científicas que demuestran la necesidad del contacto con otros congéneres. El etólogo Marc Bekoff descubrió que algunos individuos de las manadas de coyotes y lobos son expulsados del grupo a vivir en soledad. En algunos casos, la causa es una falta de autocontrol y exceso de agresividad con el resto de los miembros. El hecho es que una vez en solitario, además de que el éxito en la caza es menor, estos cánidos viven hasta cinco años menos que sus compañeros que lo hacen en grupo. Mucho tiempo menos para unas especies que rara vez superan los 25 años de vida.

También la percepción del dolor es diferente cuando nos sentimos acompañados y nos tocan. Segregamos hormonas asociadas al placer y nuestro ritmo cardiaco desciende. En una prueba, se propinaban golpes e inyectaban vacunas con jeringuilla a varias personas, algunas de las cuales venían solas y otras acompañadas. Las que estaban en contacto físico con otras en el momento de la agresión, en una encuesta posterior, declaraban haber sentido menos daño.

La lección está bien clara. Relacionarnos y poseer una red social de amigos y familiares nos sienta bien a todos los niveles: físico y emocional. Y es que, por mucho que nos pese, somos unos mamíferos muy sociales y gregarios. Por eso el aislamiento puede ser uno de los peores castigos para nuestra especie y muchas otras también.

Así que si dudas sobre si ir o no a esa cena o comida , no te encabrones con la idea de tu cuñado o tu suegro o suegra dándote la lata. Pensad también que estáis invirtiendo en salud.



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