Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 Agosto 2016

164258_540x740.jpg            Los cuatro ‘macho alfa’ de la política española, en la sesión de investidura fallida

Cada reunión o debate contiene elementos rituales que hunden sus raíces en la noche de los tiempos. Por ejemplo, la sesión de investidura de estos últimos días, más allá de sus funciones, es una dramatización de los diferentes actores entre los que se repartirán el poder durante los próximos cuatro años.

Pedro Sánchez ha jugado a ser Tarzan, quien se auto-proclamó ‘Rey de los simios’. Ha venido a salvarnos del mal. Pero Tarzan siempre va acompañado por la mona chita. Esta vez le ha tocado ser a Albert. Sólo les ha faltado gritar “¡¡arggggg!!” y saltar por los bancos de la Cámara Alta. Deberíamos asignar un pequeño presupuesto para colgar unas lianas y facilitarlo.

La dramatización es más evidente aún cuando todo el mundo sabía que no iba a prosperar la investidura de Pedro Sánchez. Entonces, si ya se sabía el resultado, ¿a qué asistíamos realmente? La respuesta es que se trata de un ritual moderno en las sociedades humanas, las sesiones del Parlamento, que contienen diversos elementos dignos de ser analizados.

Sin entrar en el contenido del debate en sí, lo que estamos viviendo es un intento de asalto al poder de los jóvenes que aspiran a suceder a los más viejos. Un proceso que toda manada o tribu debe afrontar tarde o temprano. Son pocas las especies donde el alfa se queda en el grupo una vez que su puesto ha sido arrebatado por otro. Los lobos sí lo hacen y aunque uno más joven le sustituya, se quedan en la manada, pero los humanos no. No aceptamos una bajada en la jerarquía fácilmente. ¿Lo harán Mariano Rajoy o Pedro Sánchez si se lo piden?

El contenido tribal de la sesión se podía detectar en el léxico y tono empleado por los jefes de los diferentes clanes, pero también por el reparto de los asientos, las diferentes vestimentas, los jaleos y aplausos, etc. Cada uno de los líderes era respaldado por los miembros de su tribu, que chillaban y pataleaban. En fin, que “montaban el pollo ” como se dice popularmente. Se trata de hacer ruidos que distraigan y varios trucos infantiles más, los cuales también compartimos con los primates.

El objetivo es demostrar quién era el más alfa de todos ellos, mediante demostraciones de fuerza. En los contextos humanos se articulan a través de golpes sobre los asientos, aplausos de los propios, abucheos de los contrarios. Los animales lo hacen dando golpes al aire o contra los árboles, lanzando piedras para mostrar su fuerza o simplemente marcando territorio con orina. Los perros y lobos, por ejemplo, compiten para ver quién orina más alto. Por otro lado, los aliados se abrazan y besan como hizo Iglesias con el portavoz de En Comú Podem, Xavier Doménech.

Cuando Albert Rivera habló sobre su alianza con el PSOE, sólo le faltó cantar “si tú me dices ven,…. “. Pero la bancada del Partido Popular le grito: “¡traidor!”, a lo que Rivera respondió que los traidores eran ellos porque habían pactado años antes con Jordi Pujol en los pactos del Hotel Majestic en Barcelona. Una actitud muy propia de la tribu y el mono que todos llevamos dentro.

Los chimpancés, en situaciones de inestabilidad y nerviosismo, tienen en común con nosotros el uso de chivos expiatorios. Se trata de echarle la culpa a alguien y atizarle entre todos. Esta vez, le tocó el turno al PP. Pero también Podemos cargaba contra todos. Y claro, Pablo recibió el boomerang de vuelta sin guantes. Todos parecían ser sus enemigos. O juegas conmigo o con nadie, trataba Pablo Iglesias de hacer entender al PSOE, advirtiendo de que deben tener cuidado con la sombra que aún proyecta Felipe González, quien no está a favor de la alianza PSOE-Podemos. Iglesias seguía con su táctica de estás conmigo o eres mi enemigo, así que elige.

En la política de los grandes simios ocurre algo similar. Los enemigos de tus amigos son tus enemigos también. La lealtad es fundamental para mantener esas valiosas alianzas. Pero aunque aislar al oponente suele ser útil, al final puedes ser tú la víctima de dicha estrategia. Así que en esta ocasión, a Podemos les ha salido el tiro por la culata y ahora los aislados son ellos.

En general, los líderes de cada uno de los partidos en juego se dirigió al hemiciclo con tono agresivo y autoritario. Todos querían hacernos creer que están en la posesión de la verdad. Por una parte se disputaban quién era más agresivo, pero a la vez a ver quién era el lobito bueno que ha intentado por todos los medios que no vayamos a unas próximas elecciones.

Rajoy jugó al mito de King Kong, ese monstruo que todo lo rompe por donde pasa. Más seguro y sarcástico que nunca, una vez se quitó el peso de llevar la iniciativa. El problema de los déspotas es que unen al resto en su contra, como ocurre con las comunidades de algunas especies de primates.

Otro dato interesante es el papel conciliador que trató de tener el Presidente del Congreso, Patxi López. Me recordaba a los primates conciliadores, que se interponen entre dos adversarios para evitar la pelea. Esto ocurre con los macacos dorados, una especie que tiene una gran habilidad para la resolución de conflictos. O también los llamados “chimpancés policía”, que se interponen entre dos contendientes que se están pegando.

En definitiva, no hay mucha diferencia entre nuestro comportamiento político y las maniobras de los chimpancés para hacerse con el poder. El hombre ha salido de la selva pero la selva sigue sin salir de nosotros. Nuestro instinto tribal permanece intacto cientos de miles de años después.

 



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