Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 Agosto 2016

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El “selfie” de Naruto

No me cabe duda que asociaciones tan prestigiosas dedicarán el dinero a una buena causa. No es ese el asunto que me ocupa, pero…¿otorgarles derechos de propiedad redundará en su bienestar físico y mental?

Comprendo, aunque no comparto, el juego de palabras y el mensaje que el directivo de PETA, Jeff Kerr hizo público días atrás: “Por primera vez, estamos defendiendo que un animal puede ser un propietario en vez de ser sólo la propiedad de alguien”, declaró Kerr frustrado tras el fallo negativo de un juez norteamericano, quien no cree que se puedan atribuir derechos de imagen a los animales.

Quiero pensar que la intención del dirigente de PETA es llamar la atención sobre los derechos de los animales en general, principalmente aquellos que se refieren a una vida digna, al bienestar físico y mental o a ser tratados conforme a sus necesidades. También aquellos que incumben el proporcionarles un entorno digno o adecuado para cada especie.

Quizás, lo que sí debería ser una propiedad de los animales son las selvas, los parques nacionales o reservas donde habitan. En este enfoque sí veo una ventaja para preservar su especie, pero no veo ventaja en su versión más materialista y liberal. Aunque repito, no creo que esa haya sido la verdadera intención de nadie. Es sólo un pequeño error de comunicación.

Pero vamos a analizar la escena e imaginar qué pudo ocurrir realmente. Desde el punto de vista primatológico, por mucho que nos decepcione, el simpático macaco Naruto no tenía ni idea de que estaba sacándose fotografías. Quizás le llamó la atención el sonido o alguna luz que se encendía al presionar el botón disparador. Pero creedme que ni por asomo estaba intentando hacerse selfies.

Lo más interesante es saber si la cámara poseía una pantalla en la que aparecían las instantáneas recién tomadas y Naruto podía verlas desde donde estaba. Entonces, quizás, lo que estaba ocurriendo es que se interesaba por la aparición en pantalla de otros miembros de su especie. Los macacos suelen reaccionar con interés ante su imagen, como hemos podido comprobar en pruebas que hemos realizado para elmundo.es meses atrás, precisamente con macacos también. Pero no se reconocen y piensan que son otros. Este grupo de especies que engloba a los macacos no parecen tener una elevada conciencia de sí mismos como la tenemos los grandes simios, humanos incluidos, obvio.

En cuanto a las expresiones faciales del macaco, hay que dejar claro que tampoco está sonriendo como puede parecer a primera vista. Tendría que ver la secuencia completa para poder concluirlo, pero en dos de las tres fotografías a las que he tenido acceso, los gestos parecen coincidir con las señales de alarma y miedo de esta especie.

En conclusión. Por un lado, nada parece lo que es. Por otro, espero que este asunto de otorgarles el derecho a la propiedad no se convierta en otra mofa, como ocurrió en el Parlamento Español, cuando un grupo pidió que se les concedieran derechos básicos a los grandes simios y algunos lo interpretaron malintencionadamente como un intento de proporcionarles trabajo y vivienda. Así va el país.



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