Autor: Pablo Herreros Ubalde 21 noviembre 2016
A male and a female chimpanzee (Pan troglodytes) looking deeply in each others eyes

                     Un macho y una hembra de chimpancé se miran intensamente a los ojos 

 

Los besos son un lenguaje poderoso. Pueden dar alas a una relación o matarla para siempre. Los humanos utilizamos los besos en varias situaciones, algunas sin ninguna connotación sexual. Cuando nos besamos con alguien que nos atrae obtenemos información sobre él o ella. Los besos transmiten olores, texturas y sabores, los cuales se transforman en sensaciones en nuestro interior. También se detectan rasgos de la personalidad a través de este sutil lenguaje que supone el tacto con nuestros sensibles labios, como por ejemplo si la persona es delicada, impulsiva, expresiva o pasional.

El resultado y análisis inconsciente de toda esa información hará que queramos besar de nuevo a la potencial pareja o le demos un portazo para siempre. Muchas personas confiesan haber dejado de sentirse atraídos por un individuo tras besarse. Otros besos provocan todo lo contrario: nos hacen caer en una espiral en la que la atracción y el deseo aumentan.

Desde el punto de vista neurofiosiológico, los besos también tienen características interesantes ya que si gustan, aceleran el ritmo cardiaco y se liberan hormonas como la oxitocina, asociada al amor y encargada de crear lazos entre individuos. Además, el biólogo Claus Wedekind encontró que las mujeres se sienten más atraídas por el aroma y sabor de los hombres que tienen unos genes determinados, relacionados con el sistema inmune, más diferente a los suyos.

Los primeros estudios antropológicos detectaron que en el 90% de las culturas del mundo se besan. Pero los datos incluyen también los que sus padres dan a su hijos. Si hablamos de parejas y relaciones sexuales, en otra revisión más reciente del año 2015, dirigida por el antropólogo William Jankowiak solo lo encontró en un 46% de las culturas analizadas sobre una muestra de 168 grupos culturales. Algunas sociedades ni siquiera lo desean y algunas tribus lo consideran repugnante, como es el caso de los Menihaku de Brasil según Jankowiak. Pueden tratarse de tabúes culturales concretos en los que el autor no ha profundizado.

Pero, si hay dudas sobre si es un comportamiento universal en nuestra especie, el próximo paso es comprobar si está presente en otros animales. La realidad es que es muy poco frecuente en el Reino Animal tal cual lo concebimos los humanos, aunque elefantes, delfines y osos tienen estos patrones afectivos muy similares al beso simio. Porque los que sí lo practican mucho son nuestros hermanos de evolución: chimpancés y bonobos.

Entonces, ¿de dónde proviene este maravilloso gesto del tacto? Quizá la razón esté en que otros animales no necesitan acercarse tanto para obtener esa información, junto al hecho de que no han desarrollado un lenguaje afectivo tan complejo como los grandes simios. El sentido del olfato de la mayoría de los primates es pobre comparado al que poseen otros mamíferos, lo que nos obliga a acercarnos más. Pero también poseemos una intensa vida emocional. Otras hipótesis sobre el origen del beso creo que sus raíces están en la acción de pasarse la comida de boca a boca, bien masticada o regurgitada, algo que suelen hacer muchos animales con sus crías. Es decir, está relacionada con el acto de compartir, como hacen a veces los recién enamorados humanos.

Fuera del contexto sexual y familliar, los besos también están asociados a procesos de reconciliación. De hecho, es una manera de ” hacer las paces ” entre chimpancés, normalmente machos. Es un símbolo que indica el cese de las hostilidades, al igual que hacemos en muchas culturas los humanos. Por último, tenemos a los bonobos, que llevan esto al extremo y se dan besos de tornillo o con lengua. Verdaderos morreos, para que nos entendamos todos. Algo que no es de extrañar teniendo en cuenta el papel conciliador que el sexo juega en su sociedad.

Quedan muchos misterios por resolver en lo que respecta al origen de los besos y por qué se desarrollaron tanto en nuestra especie. También otras cuestiones sobre su uso en contextos tan diferentes, a diferencia de otros animales. Mientras averiguamos más sobre el por qué han alcanzado este valor, sigamos practicando la comunicación tan sutil que suponen los besos. Porque como dice un antiguo escrito védico de hace 3500 años escrito en sánscrito: ” besar es el acto de inhalarse el uno al otro el alma “.



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