Autor: Pablo Herreros Ubalde 17 Diciembre 2016

Esculturas de penes, expuestas en Burgos, que reflejan la visión de los homínidos sobre el sexo. ICAL

 

De los cientos de especies de primates, solo tres carecen de un hueso en el interior del pene llamado báculo. ¿Sabéis cuál es una de ellas? Sí, habéis acertado, los machos humanos. Si lo dijera por WhatsApp hubiera insertado ese emoticono tan cursi de la carita triste. La realidad es que los machos humanos solo tenemos un miserable músculo que nos da tantos problemas como satisfacciones. El balance es un tema personal que cada uno debe hacer en su casa y en silencio.

El báculo de los chimpancés mide algo más de un centímetro, mientras que el de los macacos, siendo un primate de tamaño medio, llega a los cinco. Si pensamos en los 65 centímetros que tiene el de las morsas, entonces apaga y vámonos. Para no dar más bajones a los lectores y porque es Navidad, hoy me centraré en los primates.

Los humanos perdimos ese hueso para siempre hace aproximadamente 1,9 millones de años, cuando aún éramos Homo erectus y faltaba mucho tiempo para que surgiera el primer Homo sapiens en África.

La utilidad de este hueso tan particular ha sido debatida durante años, sin una conclusión clara hasta el día de hoy. El biólogo Richard Dawkins, cree que se fue para siempre porque las hembras necesitan información sobre la salud de los machos. Una persona con una presión sanguínea suficiente como para mantener una erección largo tiempo es un buen indicador. Pero la explicación de Dawkins nunca ha convencido a los investigadores.

Entonces, ¿por qué perdimos ese hueso? Esta semana se ha publicado un estudio científico que aporta nueva información. Las autoras, Kit Opie y Matilda Brindle, del Colegio Universitario de Londres, creen que cuanto más grande es el tamaño de este hueso en diferentes especies, mayor es el tiempo que el macho aguanta copulando.

Este tiempo extra tiene dos ventajas. La primera es que el macho se asegura de que su semen llegue a lo más profundo de la vagina, lo que se traduce en mayores probabilidades de fecundación. Por otra, dado que durante nuestro pasado en la selva, otros machos merodeaban como locos para tener sexo con cualquier hembra, si el macho es capaz de pasar más tiempo con una de ellas también mantiene a los moscones alejados, dando también más oportunidades a sus espermatozoides de alcanzar el óvulo.

Pero, ¿en qué lugar nos deja a los hombres este descubrimiento? Que nadie se enfade, pero según estudios, el acto sexual humano, contando desde la penetración hasta la eyaculación dura en promedio dos minutos. Para tranquilizarnos, os aconsejo pensar en cuales de vuestros amigos está bajando la media nacional. Porque aquí se aplica con más razón que nunca aquello de ” si la mitad de España come dos pollos y la otra mitad ninguno, nos toca a uno por cabeza “.

En este caso la naturaleza es cruel, porque quién sabe si de no haber perdido ese hueso, quizás los hombres no tendríamos tantos traumas en la actualidad, los cuales gastamos billones de euros en la batalla contra la impotencia, ya sea mediante remedios de curanderos o medicamentos como el Viagra.

Pero el estudio genera debates adicionales. Se trata de la consolidación de la monogamia en los seres humanos, lo que provocó la desaparición paulatina del hueso o báculo. Si solo tienes una pareja, no hace falta copular tantas veces para asegurarte de que tendrás descendencia y que esos hijos llevan tu ADN.

Esto es lo que pasa cuando no hay mucha competición entre machos durante cientos de miles de años, algo que parece ser aplicable a nuestra especie. Curiosamente, una de las consecuencias de este patrón de apareamiento y cuidado parental es la facilitación de la aparición de  familias, ya que al compartir más tiempo se potenciaba el apego y los lazos afectivos.

Aquella promiscuidad de hace millones de años no permitía estar seguro de cuáles eran tus hijos, lo que dificulta la predisposición a dedicar tiempo y energía en su cuidado. Pero también afectaba a la convivencia, tanto para las mujeres como para los hombres.



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