Autor: Pablo Herreros Ubalde 6 Agosto 2017

Selfie de Lupo y Pablo

Para algunos regresar a casa significa dormir en su cama y tener todas sus cosas a mano. Otras veces son la familia o lo hijos. Pero para mí hay alguien o algo sobre todos las demás: la presencia de Lupo y su olor. Son imágenes y sensaciones que me viene a la mente cuando estoy solo, dando conferencias o grabando lejos de casa y te da el bajón. Es un pensamiento-estrategia que me ayuda a tranquilizarme si el día ha sido estresante o echo de menos mi hogar. Escenas como los dos durmiendo la siesta con el ventilador; o en el despacho, él sobre su alformbra y yo escribiendo como ahora mismo hago, me inundan de paz. Una sensación que pocos amigos o familiares pueden proporcionarte. He llegado a la conclusión que Lupo es mi Hogar.

Lupo y yo somos cómplices, aliados y amigos. Y no siento que humanizo a los animales por usar estas palabras. Él me ha visto hacer y decir cosas que otros no. Le confieso mis ansiedades y miedos, y aunque sé que no los entiende como una persona, sí reacciona cuando aparecen y se acerca a consolarme, lo cual es más valioso que las palabras o frases hechas que usamos los humanos. Lupo es un poco pasota pero cuando las cosas se tuercen, él siempre está ahí, juntando su cuerpo contra el mío, como diciéndome: !Ey, aquí me tienes colega! Entonces yo sonrío de nuevo y recuerdo que estoy con mi mejor amigo.

La amistad está ampliamente extendida entre las especies animales. La que se establece entre un humano y un perro o gato, excepcionalmente con algunas especies de mamíferos salvajes, no difieren mucho de las que se dan exclusivamente entre personas. Los comportamientos y emociones que afloran en ambos son muy similares.

A nivel neurológico sabemos que surgen hormonas relacionadas con el amor cuando un perro y un humano se miran, sustancia que aparece también cuando dos personas se aman. Entonces, ¿por qué no iba a estar presente el amor en otros especies si poseen las mismas hormonas? Además, los primates, mamíferos marinos y elefantes cuentan con estructuras cerebrales similares a las nuestras. Del mismo modo, con determinados individuos se comportan de idéntica forma a cómo lo hacemos tú y yo con nuestros amigos. Es decir, en estos momento, es más difícil probar que no tiene amigos que lo contrario.

La ciencia ya ha avalado con múltiples investigaciones qué comportamientos delatan amistades y alianzas entre animales de la misma especie (intra-específica) pero también entre distintas (inter-específica). Por ejemplo, uno de los comportamientos que evidencia amistad o grado de afiliación entre dos individuos es el tiempo que se dedican el uno al otro. En chimpancés, tanto sus alianzas como amistades, correlacionan positivamente con el tiempo que se dedican a acicalarse por turnos. Los gatos se enredan entre tus pies y levantan la cola. También se echan cerca tuyo o directamente se duermen en tu regazo. Todas son señales de que el felino te aprecia como amigo.

También en delfines, el número de caricias que se hacen cuando nadan y frotan suavemente su piel, acariciándose, son indicadores de amistad. Mismo objetivo tienen los elefantes cuando enredan su trompas. Son comportamientos que demuestran la intensidad de su relación. De idéntica forma, en humanos, podríamos identificar quiénes mantienen una relación preferencial observando cuánto tiempo se hablan el uno al otro, o ya en contextos más íntimos, midiendo el número de caricias, besos o abrazos. Nuestro repertorio es algo más amplio pero el sentimiento que subyace probablemente es muy compartido por varias especies. Puede que se trate de amor de perro o de elefante, pero amor al fin y al cabo. Ni siquiera las diversas culturas humanas del mundo están de acuerdo con qué es este sentimiento. Cada sociedad, pero también cada individuo lo vive y expresa de formas distintas.

Otra variable presente en la calidad de una relación es la disponibilidad a la hora de ayudar, y llegado el caso, incluso salvar. Son varios los casos documentados en los que perros han alertado a su familia por humo o han rescatado a algunos de sus miembros en un incendio, normalmente bebés o niños pequeños, salvándoles de una muerte segura. Mi propio perro me ha defendido en un par de ocasiones, una de ellas de unos navajeros de poca monta como ya escribí en otro artículo.

En cuanto al trabajo en equipo, el perro es el más dispuesto de todas las especies a involucrarse con humanos. Sabemos que su genética se vio modificada para poder comer pan y estar atentos a las personas, tanto a lo que piensan como a lo que sienten. Desde hace miles de años nos ayudan de múltiples formas, desde en la caza, hasta en la defensa del grupo o el pastoreo. Ya en la era moderna, los entrenamos para detectar sustancias peligrosas o rescatar a víctimas atrapadas entre escombros o con ataques de hipoglucemia. Todo ello gracias a una motivación innata que les predispone a colaborar con los humanos. Otras especies son muy cooperativas también pero de manera innata como lo son los perros con nuestra especie.

Por ejemplo, Tara, mi otra perra, solía cooperar a su manera. Cuando veía que hacíamos agujeros para las plantas de tomate o las patatas, ella se ponía a hacer agujeros también. Es obvio que no entendía el objetivo final pero ella ” echaba una pata ” y aunque provocaba un desastre en la huerta pisando otras plantas, esa era su manera de ayudar.

En otra ocasión, años después, en otra finca familiar donde han llegado a convivir decenas de perros juntos, en su mayor parte rescatados de la calle, sucedió un hecho más difícil de explicar. Estábamos moviendo unos sacos de tierra de un lugar a otro, cuando cuatro de ellos, comenzaron a llevar sacos agarrándolos con sus dientes. Aquella escena me dejó impactado. Aquellos perros sin raza, callejeros, colaborando con nosotros sin que les hubiéramos entrenado para ello ni hubiéramos hecho ese trabajo antes. Me dejó fascinado, dejándome pensando desde entonces sobre lo qué pasó por esas mentes inquietas que tanto nos ayudaron. ¿Entendían que nuestro objetivo era trasladarlos o simplemente nos copiaban como hacía Tara? Difícil de responder pero la energía empleada en su acto de cooperación y las consecuencias son las mismas, ¿verdad?

Otros comportamiento asociado a la amistad es compartir. En esto, los gatos suelen traer y ofrecerte sus presas, ratones y pájaros. Es la manera que tienen ellos de regalar y demostrar que te aceptan y aprecian como amigo. Los chimpancés también comparten comida con los mas allegados. Otros primates actúan del mismo modo.

En mi experiencia, el caso más tierno era el de Victoria, una hembra de orangután adulta que vivía en el Zoo de Santillana del Mar. Durante unas prácticas hace muchos años, cada mañana, Victoría le llevaba su botella de Coca-Cola vacía que le llenaban con leche a Budddy, un macho enorme con quien crió a cuatro pequeños orangutanes durante su vida, hasta que falleció hace unos pocos años. No es normal que se comparta de manera activa entre animales. Lo normal es dejar coger o el “robo tolerado” según los denominamos los primatólogos. Así que no te sientas mal si tu perro nunca te ha regalado una de sus ” deliciosas ” bolitas de pienso. Los lobos en libertad, permiten que otros coman a su lado pero es solo en el contexto de la maternidad cuando se proporciona directamente.

Como en todo proceso de cooperación, en la naturaleza también hay normas no escritas, como por ejemplo la reciprocidad o el no aprovecharse de la otra parte. De lo contrario, pederás a tu aliado y/o amigo. Por ejemplo, el pueblo yap que habita en África, lleva siglos cooperando con unos pájaros que les llevan hasta donde están las preciadas colmenas de miel. Un estudio de la Universidad de Cambridge ha demostrado que ambos, humanos y pájaros, utilizan sonidos y códigos que tan solo emplean durante esta actividad. Cuando los vecinos se llevan la miel, les dejan una parte, porque de no hacerlo no les conducirán la próxima vez al lugar correcto. Así que no olvides que tú también debes ayudarlos y auxiliarlos, ya sean perros, gatos, caballos u otros animales cercanos, del mismo modo que ellos harían contigo. Esto de la amistad es un dar y tomar.

Confieso que en esto de la amistad coincido al 100% con los pensamientos del biólogo Charles Darwin, quien escribió en una ocasión que ” la nobleza de una persona se mide por la cantidad y calidad de las relaciones que mantiene con otras “. Ahora que lo pienso, es la hora de la siesta y mi mejor amigo me espera bajo la cama. Encenderé el ventilador para que nos dé un toque tropical a pesar de que estamos en el norte y el cielo está gris.

Fdo.

Yo, mono



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