Autor: Pablo Herreros Ubalde 13 septiembre 2017

A pesar de la prohibición de que se mate al Toro de la Vega este año, aún habrá quien piense que los animales no sienten dolor. Un asunto que para muchos ciudadanos es inexistente e inapreciable comparado con el que sentimos las personas. Pero, ¿cómo llegamos a la conclusión de que un animal siente dolor?

Es cierto que no podemos experimentar el dolor que sienten otros directamente. De hecho, tenemos grandes dificultades para valorarlo en humanos también. Lo que sí podemos hacer es observar si en los animales intervienen los mismos mecanismos e indicadores neurofisiológicos que en nosotros. Adicionalmente, comparar sus respuestas ante situaciones potenciales de dolor.

Por ejemplo, las respuestas fisiológicas de los toros cuando les clavan objetos punzantes como son las banderillas, o lanzas son los siguientes: aumento de la tensión arterial, sudores, dilatación de las pupilas, inflamaciones, aumento del ritmo cardiaco así como también del pulso. Si el daño continúa, entonces la tensión desciende hasta niveles críticos. Los análisis demuestran que se liberan hormonas relacionadas con el estrés y el sufrimiento.

Las manifestaciones en el comportamiento son muy parecidas a las nuestras. En un primer momento aparecen estrategias para evitar el dolor o el peligro si es posible, lo que requiere de la nocicepción, es decir, el movimiento reflejo que consiste en retirar el cuerpo o la parte que está en peligro. Todos los vertebrados poseen las áreas del cerebro que procesan esta información.

Si el daño ya se ha producido, entonces aparecen los retorcimientos, contorsiones y gemidos. También gestos o expresiones asociados al miedo y el pánico como son abrir la boca y sacar la lengua, algo que podemos ver en el toro antes de la estocada final que le dará la muerte.

De hecho, no debería sorprendernos porque todos los mamíferos, peces, aves, reptiles e incluso invertebrados como varios cefalópodos poseemos sistema nervioso. Por algo pertenecemos a la familia de los cordados, cuya característica es precisamente esta. El  sistema nervioso de los animales ha evolucionado como el nuestro. Fue favorecido por selección natural para que los miembros de las especies eviten fuentes potenciales de peligro que pongan en juego su supervivencia.



3 Respuestas to “¿Sienten dolor los toros?”

  1. Adrián López Galera:

    Hola, Pablo:

    Aprovecho el texto para señalar que, éticamente, lo relevante para el respeto no radica en que otros animales puedan sentir dolor (una forma de percepción); sino en el hecho de que poseen intereses inalienables (vida, integridad y libertad) tan importantes para ellos como para nosotros los nuestros. Es por esta razón por la cual debemos rechazar toda forma de explotación animal de la misma manera en que todos nos oponemos a la explotación humana. Los demás animales son nuestros esclavos y no debieran serlo.

    Un saludo.

  2. Pablo Herreros Ubalde:

    No estoy de acuerdo en que el dolor sea lo de menos ya que ambos asuntos no son excluyentes. Además el artículo pone el énfasis en los indicadores que prueban que sienten dolor y no tanto en la ética. No son intereses, una palabra muy ambigua, sino derechos inalienables. Saludos y gracias. Felicidades por tu blog.

  3. Adrián López Galera:

    Hola, Pablo:

    No quise dar a entender que el dolor no posea valor en ética; sino que la cuestión moral no se limita ni se centra en el dolor. El dolor es sólo una parte de la conciencia sensitiva y la consideración moral abarca todo el ámbito de la conciencia y no sólo el dolor. Este aspecto queda importante recalcarlo porque vivimos en una sociedad con un pensamiento mayoritariamente bienestarista. Aunque sus artículos no traten de ética, comprenderá que juzgar acciones basándonos en aspectos biológicos no corresponde a la ciencia (estudio de la naturaleza y fenómenos). En Derechos Animales usamos el término “interés” para hacer referencia a necesidades conscientes que surgen por la posesión de células nerviosas; los derechos inalienables serían la consecuencia moral para los agentes morales (el respeto que les debemos) en consideración con ese hecho.

    Un saludo cordial.

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