Autor: Pablo Herreros Ubalde 18 diciembre 2017

sad-soul

Unos pocos cuidadores de acuarios dicen haber visto a sus delfines perder interés por vivir que tras un tiempo se dejaban hundir en la piscina, ahogándose. Los cetáceos son especies candidatas a cometer suicidio porque a diferencia de nuestra respiración que es un reflejo, ellos pueden controlarla todo el tiempo.

Por ejemplo, en el año 1965, la investigadora en comportamiento animal Margaret Howe Lovatt, enseñó varias palabras en inglés al delfín Peter. Tras perder los fondos para su investigación, Peter fue trasladado a un minúsculo tanque donde apenas podía moverse. Irremediablemente al poco tiempo se deprimió. Lovatt asegura que un día se suicidó negándose a respirar. La BBC exploró esta posibilidad en un documental llamado « La mujer que hablaba a los delfines ».

Algo después, en los años setenta, el entrenador de delfines Ric O’Barry, confesó que una hembra de delfín con la que trabajó en SeaWorld llamada Kathy, uno de los escogidos para participar en la serie de televisión « Flipper », cambió su vida para siempre. Un día, sin saber por qué, saltó a sus brazos en la superficie del agua y mirándole a los ojos, paró voluntariamente de respirar para después desaparecer en el fondo de la piscina que había sido su prisión, dejando así de existir para siempre. Su muerte hizo que dejara el trabajo y se uniera al activismo en contra de este tipo de lugares. « Kathy vivía en condiciones deprimentes y estaba cansada de seguir miserable », dice O’Barry, quien se siente culpable de lo que pasó ya que fue la persona que lo capturo a él y otros delfines salvajes más en el mar.

Dado el nivel de conciencia de estos animales y el hecho de que pueden dejar de respirar como a veces amenazan los niños, les convierte en una de las especies que nos hacen dudar sobre si su vida llega a ser tan angustiante que deciden dejarse un día para desaparecer de este miserable mundo en el que les hemos encerrado.



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