Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 agosto 2016

335.jpeg

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una pregunta que me hacen frecuentemente es: ¿si cayeras por accidente en la instalación de un gran simio, cuál elegirías? Yo siempre respondo que los gorilas porque, después de años estudiándolos, he llegado a la conclusión de que son los menos violentos de las cinco especies de grandes simios que existen, humanos incluidos.

Precisamente, esta semana un gorila fue disparado hasta la muerte en el zoológico de Cincinnati cuando un niño de cuatro años traspasó la barrera y resbaló, cayendo accidentalmente al foso de esta especie. Tras unos minutos de incertidumbre, los responsables interpretaron que la vida del niño estaba en grave peligro y dispararon sus escopetas con munición real hasta matarlo.

Investigaciones sobre el estado de las instalaciones, las medidas de seguridad y por qué nadie impidió que el niño cruzara la barandilla se están llevando a cabo por la policía y deben continuar. Pero el análisis que etólogos y primatólogos podemos hacer tras el análisis de las imágenes es diferente. Nuestra duda a resolver es: ¿estaba el niño en peligro realmente?

He revisado varias veces las escenas y, tras varios años observando a gorilas en cautividad, no se observan gestos o señales de miedo. Harambe estaba sintiendo una mezcla entre curiosidad y deseo de protección. Su posición corporal y gestos lo delatan. Las reacciones iniciales y una aparente tranquilidad así lo sugieren. Aunque como ocurre con animales que poseen una intensa vida emocional, los cuidadores son los que mejor conocen a cada individuo y su personalidad.

Desde el punto de vista de la sociedad, entiendo el miedo que provoca ver a un niño siendo arrastrado por un gorila. La primera impresión es que lo está lastimando. Pero debemos saber que estos animales tienen diez veces la fuerza de una persona y tratan así a sus congéneres. Una hembra hubiera mostrado más empatía hacia el niño, como ocurrió en un zoo de Chicago en el que lo llevó a los cuidadores sin un rasguño, pero los machos son más bruscos.

El hecho de que cayera al agua también era un factor de riesgo para el pequeño, así que algo había que hacer. Los dardos sedantes son una opción pero pueden enfurecer al animal, así que quizá eso les frenó a hacerlo. Lo desconocemos. Solo ellos lo saben porque  las imágenes no muestran cómo intervinieron los cuidadores antes de decidir matarlo.

Harambe, nombre que significa “trabajar juntos” en suajili, era un precioso gorila espalda plateada de unos 200 kilogramos de peso, llegado a Cincinnati años atrás desde otro zoológico. Los gorilas son rudos y brutos en sus movimientos, pero no son asesinos. También grandes observadores. Tienen mucha paciencia y suelen evitar los conflictos a no ser que haya una hembra en juego. Normalmente se limitan a hacer algunas demostraciones de fuerza, como golpearse el pecho o patear algún objeto. Pueden propinar algún empujón, pero nunca llegan muy lejos. Si la intención de Harambe hubiera sido matar, el niño hubiera fallecido al instante.

Una vez más, el mito de King Kong planeando sobre nosotros. Muchos creen que los gorilas comen carne y son depredadores pero la verdad es que son vegetarianos. Sólo se alimentan de frutas, hojas y vegetales. La mayor parte del tiempo son muy pacíficos y las trifulcas son más teatro que realidad.

Las reacciones de la familia del niño han sido muy criticadas en las redes sociales y me parece una falta de empatía culpar a la madre. Sólo se le puede responsabilizar de no estar atenta de su hijo. Un ataque de nervios es una reacción comprensible para una madre que no tiene por qué saber qué harán los gorilas cuando un pequeño humano cae ante sus pies. Cualquiera hubiéramos hecho lo mismo.

El hecho de que haya muerto es lamentable y desolador. Quizá Harambe y otros como él nunca debieron haber estado ahí. Por eso el foco de atención debe ser el bienestar de los animales y sus cuidadores. Las causas de la intervención que resultó letal para Harambe y las decisiones que los responsables tomaron deben ser investigadas a fondo. También es necesaria una profunda reflexión sobre si estos animales deben seguir reproduciéndose en cautividad y dónde deben permanecer los que aún siguen vivos. No todos los centros y zoológicos son aptos ni poseen los recursos para ello.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 agosto 2016

169307_635x378.jpg

Ni los otros seres vivos con los que hemos compartido planeta eran tan básicos, ni las personas somos tan lista como nos pensamos. Esta es una de las primeras conclusiones que se pueden extraer a la luz del descubrimiento de una serie de estructuras realizadas hace 175.000 años en las profundidades de una cueva.

La construcción, que se encuentra en la cueva de Bruniquel, en el sur de Francia fue datada con nuevos métodos. Con casi total seguridad, sus “arquitectos” fueron varios neandertales porque en aquella época esta especie de homínido era la única que habitaba la zona. Aún faltaban muchos miles de años para que nosotros llegáramos a Europa. Este hallazgo nos obliga a adentrarnos en algunos de los periodos más misteriosos de la historia evolutiva de las especies.

Los investigadores han descubierto que aquellos inteligentes seres del sur de Francia que también habitaron España, los neandertales, arrancaron unas 400 estalactitas y estalagmitas de las paredes de las cuevas que luego dispusieron en forma circular. Además, se han encontrado restos de producción de fuego sobre ellas.

Lo más chocante es que fueron fabricadas por una especie a la que no hemos atribuido grandes capacidades cognitivas hasta ahora, a pesar de que su coeficiente cerebral es casi tan alto como el nuestro. ¿Esto significa que aún arrastramos prejuicios sobre la exclusividad del ser humano y su diferencia abismal del resto? Sí, probablemente seguimos siendo presos de modelos mentales más propios de siglos anteriores.

Ya existían evidencias de construcciones humanas en el Paleolítico con un récord de 50.000 años. Fabricaciones similares han sido descubiertas en la cueva de la Garma (Cantabria) y en Lazaret (Francia). Por ejemplo, el uso de andamios para poder pintar en zonas altas también tuvo que ocurrir a la fuerza en la cueva de el Pendo (Cantabria), lugar donde existe un panel con varias ciervas a gran altura, imposibles de realizar sin algún tipo de elevación artificial. En el Pendo no hay rastros de perforaciones en la roca donde fijar los palos que conforman un andamio pero en otras cuevas de Francia sí.

El posible carácter ritual y la compleja organización necesarios para elaborarlos convierte a estas estructuras con forma de anillo de Bruniquel en un descubrimiento extraordinario. Pero no volvamos a caer en el error de la exclusividad. La arquitectura también es practicada por otros animales. Son expresiones más sencillas pero complejas y extraordinarias también.

Los primates más alejados del ser humano, los prosimios (lemures, tarseros, lorisiformes y aye-ayes), utilizan cavidades de los árboles como nidos para parir, cuidar de las crías y descansar. Pero los grandes simios (orangutanes, bonobos, chimpancés, gorilas y humanos), construimos nuestras propas viviendas.

Las estructuras más interesantes elaboradas por animales no humanos corresponden a los nidos de los grandes simios. Los chimpancés, por ejemplo son nómadas, lo que les obliga a fabricar uno propio cada noche, donde duermen entre diez y doce horas.

Los fabrican doblando y acomodando distintos tipos de ramas y hojas. Los materiales usados en los nidos revelan una gran flexibilidad a la hora de su construcción. El clima, por ejemplo influye decisivamente en su orientación. Los orangutanes construyen nidos más refugiados durante las lluvias, al contrario que los chimpancés, que los hacen más abiertos para facilitar el secado durante la mañana. Los de los gorilas demuestran una mayor diversidad debido a que los hacen en el suelo. También los refuerzan con heces, porque aíslan del frío.

Varias tribus de cazadores recolectores que pasan varios días fuera de la aldea o son nómadas también los construyen. La tribu de los Mbuti (República Democrática del Congo) fabrican nidos que van usando en sus migraciones. Esta sociedad pasa muchas noches en la selva y utilizan en sus lechos las mismas hojas que los gorilas.

Para construir uno de calidad, se necesitan varios años de práctica y poseer algunos conocimientos, como demuestran los estudios. Una vez aprendida la técnica,  los chimpancés tardan aproximadamente 20 minutos en su elaboración.

Mi querido y admirado Jordi Sabater Pí dedicó parte de su investigación en Guinea Ecuatorial a investigar esta cuestión. Él comprendió rápidamente que había muchas similitudes entre los nidos de los grandes simios y las construcciones en las viviendas humanas de las sociedades tradicionales de Guinea. Incluso publicó un delicioso libro llamado Etología de la vivienda humana en el que compara ambos tipos.

Toda la información apunta una vez más a la idea de que casi nada ha sido inventado por nosotros y las capacidades para crear y construir hunden sus raíces en el pasado más remoto, mucho antes de que aparecieran los primeros humanos hace 200.000 años en África.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 agosto 2016

166946_635x459.jpg

Las filtraciones sobre cantidades de dinero multimillonarias depositadas y acumuladas en paraísos fiscales por cientos de españoles delatan nuestro lado más miserable como primate: la ocultación y la mentira. Hablamos de: ” Los primates de Panamá ”

Varias especies de animales acumulan alimento durante el invierno ocultando los frutos secos bajo la nieve y la tierra, en sus paraísos fiscales particulares. Por ejemplo, el cascanueces de Clark, un córvido que habita norteamérica, esconde miles de ellos cada año. Lo interesante es que en la primavera recupera más del 90% del total, algo que requiere una memoria impresionante. SI los cascanueces de Clark pueden, ¿por qué Mario Conde no? Porque a diferencia de en estas aves, en nuestra especie y otras cercanas sí hay unas reglas que obedecer si deseamos continuar viviendo en grupo.

Muchos animales y sociedades humanas pagan algo parecido a nuestros impuestos modernos. Los que consiguen el alimento están obligados a dar pequeñas partes a otros miembros del grupo. Mediante este altruismo recíproco consiguen satisfacer las necesidades de todos por igual y asegurar la supervivencia del colectivo. Es el caso de los chimpancés y varias comunidades amazónicas.

Pero de manera simultánea a la emergencia de este espíritu de reciprocidad, algunos individuos, a los que desde la biología evolutiva llamamos ” agentes libres ” o free riders en inglés, desarrollaron otras estrategias también presentes en la naturaleza como son la ocultación o las falsas alarmas. Todo comenzó el día en que a un primate, muy probablemente, se le ocurrió esconder comida para poder comérsela él solo después. Es decir, monopolizarla sin nadie a la vista que pueda pedirle una parte. Aunque más sofisticado, en esencia, los implicados en los papeles de Panamá y las estrategias de los primates son las mismas: quedarse el máximo para uno mismo.

De hecho, hacer creer a otro algo falso es una maniobra frecuente en nuestra especie. Desde niños ensayamos estas situaciones cuando hacemos creer cosas a otros que no son verdad o simplemente despistan. Es uno de nuestros juegos favoritos. Si quieren esconder algo dices: “¡mira ahí!”, o sólo diriges la mirada hacia un lugar con cara de sorpresa. Lo más seguro es que otros mirarán también buscando lo que llamó tu atención.

Los chimpancés también realizan maniobras de distracción para robar comida o herramientas a los compañeros, según un vídeo de la Universidad de Kyoto, en la que una cría está jugando con unas herramientas que no tiene intención de soltarlas. En la siguiente escena se ve a la madre hacer los gestos de que desea ser acicalada por él, mostrándole su espalda. En cuanto el pequeño suelta las herramientas para acicalar a su madre, ésta rápidamente se las roba.

Otras especies de primates despliegan tácticas similares. Los monos capuchinos viven en el centro y sur del continente americano; en la selva, forman tropas muy numerosas que cooperan, pero que también compiten entre sí. Cuando uno de ellos detecta un alimento valioso, emite una falsa llamada de alarma para que los compañeros crean que un águila o una serpiente se acerca y salgan disparados en dirección contraria. Así se lo quedan todo para ellos.

Afortunadamente, la mayoría de especies gregarias se controlan. Porque en el fondo sabemos que si llega el día en que los agentes libres o egoístas superan en número a los cooperadores nuestra sociedad desaparecerá. En nuestras manos prensiles está.

 


Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 agosto 2016

El martes pasado fue condecorado un marine norteamericano muy peculiar. Su participación en más de 400 misiones de la guerra de Afganistan le han hecho valedor de una medalla de honor, concedida por una asociación británica que desde hace más de cien años se dedica al cuidado y bienestar de las mascotas (British animal care charity). 

Sí, no has leído mal. El homenajeado no era un militar humano y bípedo, sino una pastora alemana de nombre Lucca, entrenada para detectar minas antipersona por el Sargento del ejército americano Chris Willingham.

Lucca dirigió a las tropas aliadas durante seis años a través de los campos minados por los talibanes sin causar una sola baja. Con un olfato impresionante, marcaba a los soldados las minas con suficiente antelación para desactivarlas o desviarse. Eso sí, en el año 2012 perdió una pata delantera en una peligrosa misión cuando de repente estalló una bomba. Aquella no la pudo detectar pero sí pudo avisar a tiempo a sus compañeros de misión. A día de hoy, Lucca tiene 12 años y reside con Willingham y su familia en California.

En esta misma guerra, peor suerte corrieron Sasha y su entrenador. Juntos localizaron 15 dispositivos explosivos, numerosos morteros, minas y armas. Ambos formaban parte del Real Cuerpo de Veterinarios del ejército británico. Pero en julio de 2008, los talibanes les tendieron una emboscada, lanzándoles un misil que acabó con sus vidas. Se les otorgó la medalla Dickin, creada en 1943 para condecorar a los animales que destacan por su ayuda en conflictos bélicos. Es la homóloga animal de la Cruz Victoria que entregan los británicos a soldados de sus antiguas colonias.

La lista de especies que han recibido esta condecoración incluye desde caballos que han cargado a sus lomos a heridos para ponerlos a salvo hasta palomas que han llevado mensajes clave cruzando las lineas enemigas. Como por ejemplo la paloma Gi Joe, condecorada en agosto de 1946 por salvar la vida a 100 soldados aliados norteamericanos que se encontraban sin identificar por los británicos. Gi Joe voló 21 millas hasta los cuarteles generales británicos y regresó en un tiempo récord portando el mensaje que impidió que fueran bombardeados por sus propios aviones.

Uno de los casos más singulares es el de Rob, un perro border collie macho que participó en los desembarcos de la infantería británica en África durante la II Guerra Mundial. Luego trasladado a la Unidad Aérea Especial en Italia, participó haciendo patrullas y participando en pequeños destacamentos que hacían incursiones en territorio enemigo.Cuando murió, contaba en su haber con nada menos que veinte descensos en paracaídas sobre territorio hostil junto a sus compañeros. Al detectar la presencia del enemigo con antelación a un humano, salvó muchas vidas. En 1945 le fue concedido la medalla Dickin en agradecimiento a su dedicación.

También los gatos son grandes héroes. Los británicos soltaron alrededor de medio millón sobre sus territorios y barcos para limpiar de roedores u otros bichos peligrosos que se comían el poco alimento disponible y además expandían enfermedades. Según cuentan los archivos, el más famoso de todos fue Skittish, quien también cuenta con la medalla Dickin.

Ojalá los humanos no sembremos minas que mutilan personas en los campos de batalla. Ojalá los humanos no fabriquemos guerras con el único fin de aniquilar. Así, algún día, el verdadero homenaje será que no volvamos a usar a los animales para arreglar errores que los humanos cometemos.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 agosto 2016

Europa se adentra en un escenario sangriento y aunque por un lado vivimos una de las épocas de mayor estabilidad de todos los tiempos, por otro el yihadismo nos hace tener la muerte más presente que nunca. Las escenas de duelo y luto se repiten en estadios, plazas y ceremonias de todo tipo. La confusión se ha instalado en el corazón y la mente de los habitantes del viejo continente.

Los seres humanos somos unos mamíferos que establecemos fuertes lazos los unos con los otros, así que es de esperar que sintamos una gran aflicción cuando perdemos a nuestros aliados, ya sean amigos, vecinos, compatriotas o vecinos de continente. Pero no es un sentimiento que podamos considerar patrimonio exclusivo de nuestra especie.

Por ejemplo, el etólogo Marc Bekoff cree que la lista de animales que sienten tristeza cuando un compañero o compañero fallece incluye también a elefantes, perros, gatos, varias especies de primates e incluso a urracas y llamas. Pero sentir malestar no es lo mismo que entenderlo. Es seguro que la conciencia que los animales poseen sobre la muerte es menor que la nuestra, ya que el lenguaje nos permite viajar atrás y adelante en el tiempo mentalmente con facilidad y un mayor número de detalles.

Lo que sí podemos afirmar es que las emociones que acontecen tras la muerte, tanto en humanos como en otros animales se asientan sobre una neurofisiología compartida y sus comportamientos nos recuerdan a los nuestros. Algunos animales dejan de comer cuando su compañero o compañera muere, como dejándose ir. Otros cargan a sus crías durante semanas o los siguen limpiando y cuidando de que las moscas y parásitos no se instalen en el cadáver, como es el caso de los gorilas y los chimpancés. Incluso algunos respetan los lugares donde murieron y los evitan, al igual que nos produce malestar entrar en la habitación donde un ser querido falleció. Se trata de una mezcla de sentimientos de superstición, gran confusión y miedo a recordar.

Las personas damos por supuesto que nuestra especie entiende la muerte pero, ¿y si sólo interiorizamos lo que nos dicen que significa pero en realidad no entendemos nada? Está claro que los humanos comprendemos que cuando alguien muere no volverá pero más allá de eso, no estoy seguro. Visto como si fuera un antropólogo en Marte que observa desde un telescopio a nuestra especie, identifico momentos de tristeza y confusión que canalizamos a través de rituales basados en unas u otras creencias según nuestra cultura.

En algunas tribus de África, los ancestros son sacados de sus tumbas años después por toda la comunidad o la familia, dependiendo de la zona. Con los huesos, realizan una serie de rituales que nos recuerdan a los que llevan a cabo los elefantes cuando se encuentran con los restos óseos de ancestros. Los acarician, hacen rituales extraños y forman guardia en círculo con los restos en el interior. Por ejemplo, en Madagascar  algunas comunidades exhuman los cuerpos de sus antepasados cada diez años y bailan a su alrededor para venerarlos. Luego son envueltos de nuevo en telas y devueltos a sus tumbas. Otras creencias aseguran que vamos al cielo, que las almas continúan o se reencarnan en otros cuerpos. La lista de posibilidades es muy larga.

Lo que sugiero es que dada la cantidad de narrativas disponibles, quizá el origen de estas prácticas hunda sus raíces en nuestra incapacidad para entender la muerte que compartimos con otros animales. Sí, nosotros hemos construido narrativas desde la ciencia y la religión, pero no parecemos aceptarlo ni entenderlo realmente. Al final, tenemos que recurrir a alguna de esas historias que nos han enseñado para hallar alivio. Porque si algo le cuesta aceptar al cerebro humano es la incertidumbre de no entender y prefiere inventar que aceptar que no sabe.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 agosto 2016

No siempre podemos descifrar la mente de los niños y niñas con autismo. Pero, ¿y si otras especies animales sí pudieran conectar con ellos y darles lo que necesitan? Pues no se trata de ciencia ficción sino de una realidad objetiva. Es el caso de la niña Iris Grace y su amiga Thula, una gata.

En año 2010, la preciosa Iris vino al mundo en Leicester, Inglaterra. La mala suerte hizo que a la edad de dos años fuera diagnosticada de un trastorno severo de autismo. Desde entonces, la vida de su madre Carter y su padre Peter no ha sido nada fácil. Los tres han pasado por momentos de mucha oscuridad y callejones sin salida. Antes de que la gata Thula apareciera en sus vidas, la comunicación con su hija era compleja. Iris no podía dormir bien, mostraba un comportamiento obsesivo y no establecía contacto visual, negándose a jugar son sus padres u otros niños. Tampoco hablaba y sólo los libros atraían su atención.

Los padres, tras rastrear por su cuenta los mejores métodos para Iris, lo intentaron con varios animales. En concreto, con un perro y un caballo. Pero Iris no respondió positivamente y los evitaba. Se dieron por vencidos y llegaron a la conclusión de que los animales no podían ayudar a su hija como sí ocurre en otros casos.

Pero en las navidades del año pasado, un hermano mayor tuvo que irse a Suecia y dejó con sus padres a su gato. Al principio estaban temerosos, pero se sorprendieron de lo bien que se toleraron el uno al otro. ¡Una nueva esperanza para comunicarse con Iris!

Así que la pareja se puso manos a la obra e investigaron sobre las razas de gato que mejor se adaptaban a las necesidades de su hija y resultó ser el Mapache de Maine, una raza de Estados Unidos que se caracteriza por ser cariñosa, amable, inteligente y, a diferencia de otras, le gusta el agua. Tras contactar con un criador de la zona, compraron uno y lo llevaron a su  casa. Le pusieron el nombre de Thula y desde aquel día nada ha sido igual. Todo ha cambiado para siempre.

El lazo que establecieron Iris y Thula dejó va más allá de lo explicable. El primer día, Thula ya durmió en los brazos Iris. Esta conexión no tenía precedentes para ellos. Nunca habían experimentado nada igual. Una enorme alegría invadió a todos. “Thula adora hacer todas las cosas que para la niña son una gran dificultad. Es un regalo del cielo”, declaró su padre Peter.

Por ejemplo, bañar a Iris era una pesadilla porque tenía miedo del agua. Pero como a Thula le encanta y acompaña este problema ha desaparecido. Tampoco podían viajar demasiado en automóvil porque Iris se ponía muy nerviosa. Ahora, Thula lo detecta y se sienta en su regazo para calmarla cuando esto sucede. Ya pueden viajar. Otro problema más resuelto gracias a la increíble conexión entre Iris y su gata.

Por las noches, cuando Iris está intranquila, no puede dormir o se despierta en medio de la noche, Thula aparece y juega con ella para calmarla hasta que se duerme de nuevo. Pero las sorpresas no acabaron ahí. Un día, Iris comenzó a hablar para comunicarse con su amiga y ahora dice cosas como “más gato” o “siéntate gato”.

Thula, a su manera, imita lo que hace su amiga y esto la motiva a continuar haciéndolo. Como por ejemplo cuando pintan juntas en el exterior de la casa, proporcionando la seguridad que ella necesita para hacerlo. “Es precioso verlo y me da mucha tranquilidad saber que Iris tiene otros compañeros además de nosotros”, piensa su madre Carter, ahora ya feliz.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 agosto 2016

164258_540x740.jpg            Los cuatro ‘macho alfa’ de la política española, en la sesión de investidura fallida

Cada reunión o debate contiene elementos rituales que hunden sus raíces en la noche de los tiempos. Por ejemplo, la sesión de investidura de estos últimos días, más allá de sus funciones, es una dramatización de los diferentes actores entre los que se repartirán el poder durante los próximos cuatro años.

Pedro Sánchez ha jugado a ser Tarzan, quien se auto-proclamó ‘Rey de los simios’. Ha venido a salvarnos del mal. Pero Tarzan siempre va acompañado por la mona chita. Esta vez le ha tocado ser a Albert. Sólo les ha faltado gritar “¡¡arggggg!!” y saltar por los bancos de la Cámara Alta. Deberíamos asignar un pequeño presupuesto para colgar unas lianas y facilitarlo.

La dramatización es más evidente aún cuando todo el mundo sabía que no iba a prosperar la investidura de Pedro Sánchez. Entonces, si ya se sabía el resultado, ¿a qué asistíamos realmente? La respuesta es que se trata de un ritual moderno en las sociedades humanas, las sesiones del Parlamento, que contienen diversos elementos dignos de ser analizados.

Sin entrar en el contenido del debate en sí, lo que estamos viviendo es un intento de asalto al poder de los jóvenes que aspiran a suceder a los más viejos. Un proceso que toda manada o tribu debe afrontar tarde o temprano. Son pocas las especies donde el alfa se queda en el grupo una vez que su puesto ha sido arrebatado por otro. Los lobos sí lo hacen y aunque uno más joven le sustituya, se quedan en la manada, pero los humanos no. No aceptamos una bajada en la jerarquía fácilmente. ¿Lo harán Mariano Rajoy o Pedro Sánchez si se lo piden?

El contenido tribal de la sesión se podía detectar en el léxico y tono empleado por los jefes de los diferentes clanes, pero también por el reparto de los asientos, las diferentes vestimentas, los jaleos y aplausos, etc. Cada uno de los líderes era respaldado por los miembros de su tribu, que chillaban y pataleaban. En fin, que “montaban el pollo ” como se dice popularmente. Se trata de hacer ruidos que distraigan y varios trucos infantiles más, los cuales también compartimos con los primates.

El objetivo es demostrar quién era el más alfa de todos ellos, mediante demostraciones de fuerza. En los contextos humanos se articulan a través de golpes sobre los asientos, aplausos de los propios, abucheos de los contrarios. Los animales lo hacen dando golpes al aire o contra los árboles, lanzando piedras para mostrar su fuerza o simplemente marcando territorio con orina. Los perros y lobos, por ejemplo, compiten para ver quién orina más alto. Por otro lado, los aliados se abrazan y besan como hizo Iglesias con el portavoz de En Comú Podem, Xavier Doménech.

Cuando Albert Rivera habló sobre su alianza con el PSOE, sólo le faltó cantar “si tú me dices ven,…. “. Pero la bancada del Partido Popular le grito: “¡traidor!”, a lo que Rivera respondió que los traidores eran ellos porque habían pactado años antes con Jordi Pujol en los pactos del Hotel Majestic en Barcelona. Una actitud muy propia de la tribu y el mono que todos llevamos dentro.

Los chimpancés, en situaciones de inestabilidad y nerviosismo, tienen en común con nosotros el uso de chivos expiatorios. Se trata de echarle la culpa a alguien y atizarle entre todos. Esta vez, le tocó el turno al PP. Pero también Podemos cargaba contra todos. Y claro, Pablo recibió el boomerang de vuelta sin guantes. Todos parecían ser sus enemigos. O juegas conmigo o con nadie, trataba Pablo Iglesias de hacer entender al PSOE, advirtiendo de que deben tener cuidado con la sombra que aún proyecta Felipe González, quien no está a favor de la alianza PSOE-Podemos. Iglesias seguía con su táctica de estás conmigo o eres mi enemigo, así que elige.

En la política de los grandes simios ocurre algo similar. Los enemigos de tus amigos son tus enemigos también. La lealtad es fundamental para mantener esas valiosas alianzas. Pero aunque aislar al oponente suele ser útil, al final puedes ser tú la víctima de dicha estrategia. Así que en esta ocasión, a Podemos les ha salido el tiro por la culata y ahora los aislados son ellos.

En general, los líderes de cada uno de los partidos en juego se dirigió al hemiciclo con tono agresivo y autoritario. Todos querían hacernos creer que están en la posesión de la verdad. Por una parte se disputaban quién era más agresivo, pero a la vez a ver quién era el lobito bueno que ha intentado por todos los medios que no vayamos a unas próximas elecciones.

Rajoy jugó al mito de King Kong, ese monstruo que todo lo rompe por donde pasa. Más seguro y sarcástico que nunca, una vez se quitó el peso de llevar la iniciativa. El problema de los déspotas es que unen al resto en su contra, como ocurre con las comunidades de algunas especies de primates.

Otro dato interesante es el papel conciliador que trató de tener el Presidente del Congreso, Patxi López. Me recordaba a los primates conciliadores, que se interponen entre dos adversarios para evitar la pelea. Esto ocurre con los macacos dorados, una especie que tiene una gran habilidad para la resolución de conflictos. O también los llamados “chimpancés policía”, que se interponen entre dos contendientes que se están pegando.

En definitiva, no hay mucha diferencia entre nuestro comportamiento político y las maniobras de los chimpancés para hacerse con el poder. El hombre ha salido de la selva pero la selva sigue sin salir de nosotros. Nuestro instinto tribal permanece intacto cientos de miles de años después.

 


Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 agosto 2016

163560_540x304                     James Isaac, junto a su perro Mahe en el hospital. LOUISE GOOSSENS

Ya no me quedan palabras para describir la lealtad de un perro con sus amigos y amigas. El lenguaje hablado se queda corto para expresar estos sentimientos. Su dedicación no tiene límites ni condiciones.

El último caso ha salido publicado la semana pasada. Se trata de la historia de James Isaac, un niño autista que se apoya en un perro labrador negro allá donde va. James rechaza la mirada y el contacto físico de sus padres, pero no el de Mahe, el cual hace de intermediario entre la familia y él.

James tampoco ha hablado nunca. La confianza y seguridad que necesita para no salir corriendo a causa del pánico que le producen las situaciones sociales se las proporciona Mahe. Para este perro no existe otra persona en el mundo más importante que James. Y para James, no hay nadie más importante que Mahe.

Recientemente, James ha sido ingresado en el hospital para niños de Wellington en Nueva Zelanda. La razón es determinar la causa de unos ataques que sufre, los cuales le han tenido ingresado durante unos días. Cuando le anestesiaron, poco antes de perder la conciencia, Mahe le miraba preocupado y le acariciaba con el hocico suavemente. Estuvo hasta que ya no le dejaron más. “Sólo miraba a James y parecía realmente preocupado “, declaró su madre Michele Isaac.

Pero la preocupación del perro iba más allá del niño. Mientras la madre esperaba a que terminaran las pruebas que le estaban realizando, no podía controlar su ansiedad. Sufría demasiado al ver a su hijo luchando. Entonces, el inteligente Mahe se sentó a su lado para tranquilizarla. Y lo consiguió.

                      Mahe, junto a James Isaac en el hospital. LOUISE GOOSSENS/CCDHB

 

Una vez que James fue trasladado a una habitación, Mahe, que significa “regalo de Dios” se echó con su mejor amigo, casi encima de él. Cuando el personal médico trató de separarlos, Mahe se negaba a abandonar la habitación. Allí pasaron las horas juntos, en contacto físico el uno con el otro. Haciendo lo que mejor saben hacer: quererse.

El día a día de esta familia ha mejorado mucho desde que Mahe se integró como un miembro más. James solía correr de pánico en cualquier dirección hasta que el perro apareció en sus vidas. Mahe está entrenada para asistir a James y van atados por un arnés cuando salen a la calle. Así, si sale despavorido, Mahe puede sentarse y detenerle para que no ponga en peligro su vida si corre hacia una carretera todo descontrolado.

Los lazos que los niños autistas y personas con otras necesidades establecen con los animales no son algo nuevo aunque nunca dejan de sorprendernos. Se trata de un lazo indestructible que se crea entre especies, proporcionando a los niños el afecto y la comprensión que muchos humanos no sabemos darles. En cierto sentido es algo mágico e inexplicable.

Porque los perros no tienen prejuicios ni son celosos de su tiempo. Aman a quien los cuida y les hace compañía. Para ellos la manada está por encima de todo y no hay peor castigo que separarlos de sus amigos. La superficialidad humana no tiene hueco en la mente de esta especie con la que tenemos una alianza desde hace más de 20.000 años.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 agosto 2016

163029_635x434

 

La política nació en la selva y los chimpancés, simios muy astutos, practican juegos de alianzas y despliegan estrategias muy similares a las que están llevando a cabo los líderes de los principales partidos españoles. Los chimpancés no se juegan la Moncloa, pero sí el reparto del poder. Y para ser sinceros, es lo mismo.

En la colonia de chimpancés de Arhem (Holanda), se vivió un proceso muy parecido al que estamos viviendo los españoles. Un viejo macho, Yeroen, tuvo que enfrentarse al ascenso y diferentes cambios de alianzas que otros grupos de poder emergentes creaban con el fin de cuestionar su poder. Durante sus primeros años de reinado,Yeroen había usado la fuerza bruta para mantener su posición de alfa pero también contaba con muchos seguidores. Se podría decir que en número de aliados, Yeroen poseía la mayoría absoluta como la que tenía Mariano.

Pero el joven Luit, aunque bien podría llamarse Pedro, el segundo macho de la colonia había comenzado su carrera para destruirle y empezó con sus demostraciones de fuerza, algo que esta especie lleva a cabo iniciando alocadas carreras y tirando a su paso palos y piedras. Todo ello con el fin de parecer más fuerte de lo que realmente uno es. Aquí, según el primatólogo holandés Frans de Waal “se levantó el telón de un prolongado ciclo de impresionantes conflictos y exhibiciones de fuerza entre ambos”.

Luit comenzó a atacar directamente a Yeroen en varias ocasiones. Cada vez que esto ocurría, el viejo macho corría hacia sus aliados para abrazarse y así reclutar su ayuda, algo típico en esta especie. Lo curioso es que algunos comenzaron a negarse y ya no se interponían entre Yeroen y Luit, negándole el abrazoPor ejemplo, Jimmy, una hembra que siempre le había apoyado, se alejaba cuando esto ocurría como si hubiera dimitido o no estuviera de acuerdo con el plan. Algo que me recuerda a la actitud de Esperanza o de Susana.

Los que continuaron del lado deYeroen fueron atacados de una manera u otra por Luit, con lo que fueron obligados a cambiarse de bando con alguna que otra excepcióncomo Mamá, una hembra que se resistió a abandonar a Yeroen hasta el final como hace nuestra Soraya. El viejo alfa perdía a sus partidarios poco a poco y fue aislado hasta que cedió ante el poder de Luit, quien se convirtió en alfa durante los meses siguientes.

Luit, a su vez, también poseía algunos aliados, como Nikkie, un macho que al principio no contaba nada para el grupo y ocupaba uno de los puestos más bajos de la jerarquía. Según De Waal, existía una coalición abierta entre Luit y Nikkie. Es decir, nunca actuaban juntos ni interaccionaban de forma especial entre ellos pero su objetivo final parecía coincidir, al principio. Y digo al principio porque mientras Yeroen y Luit se desgastaron el uno al otro en numerosas peleas, Nikkie miraba hacia otro lado y seguía ascendiendo en la jerarquía. Tanto que, al cabo de unos meses, Nikkieterminó por enfrentarse a su aliado y alfa Luit , arrebatándole el poder. El orden anterior quedó desbaratado y la organización tuvo que llegar a un nuevo equilibrio.

De Waal, al fin pudo entender por qué Nikkie se cabreaba tanto cada vez que Luit se acercaba a uno de sus enemigos. Al fin y al cabo, enfrentar a tus amigos con tus enemigos es una estrategia astuta si quieres obtener más apoyos para tu causa. Una táctica, que bien podría coincidir, tanto con las acciones de Pablo como con las de Albert. Y es que su objetivo final era el asiento más alto en la mesa donde se reparte la tarta del poder. Mientras que le convino, Nikkie apoyaba a Luit. Pero una vez alcanzado el primer objetivo, se olvidó de las alianzas y puso en marcha su proyecto personal.

Nuestros políticos, antiguos o emergentes, nos hacen creer que sus diferencias son irreconciliables y los impedimentos para aliarse se basan en diferencias de programa o de perfiles sociológicos de votantes distintos. Pero en el fondo, nuestros políticos saben que también se están jugando quién será el próximo macho alfa de la selva española. Motivaciones todas ellas que conectan con nuestro mono interior y hunden sus raíces en la selva.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 10 agosto 2016

162516_635x423

Un macho decide dejar a una hembra y marcharse con una jovencita, quien desde ese momento se convierte en su favorita. Pero la nueva pareja decide acabar con la vida de la ex para poder seguir juntos y vivir así con mayor tranquilidad. Cuando parece que están a punto de conseguirlo, aparece otro macho y la salva de una muerte segura. Hasta aquí, este tipo de asesinatos o crímenes pasionales podrían haber sido escritos por el propio Shakespeare, como ya hizo con Hamlet, una obra en la que hay envenenamientos y conspiraciones varias para acabar con la vida del príncipe danés y su padre el Rey. Pero lo que lo convierte este caso que os voy a contar en más interesante es que no hablamos de personas, sino de orangutanes.

Anna Marzec, primatóloga de la Universidad de Zurich, registró el incidente en la selva de Mawas, en Isla de Borneo (Indonesia) tras miles de horas de observación. Posteriormente lo publicó en la revista científicaBehavioral Ecology and Sociobiology. Marzec cuenta cómo en la reyerta estaban implicados una joven hembra llamada Kondor, quien había perdido a su cría unas semanas antes, y otra hembra más vieja, Sidony. La única interacción previa que se conoce fue hace unos años cuando la pequeña Kondor se llevó un mordisco de Sidony por acercarse a su cría de 7 años de edad. Ni siquiera este precedente pudo presagiar lo que sucedió tiempo después.

Todo se complicó el día que apareció el gran macho orangután Ekko. Irremediablemente, Kondor y él comenzaron a ligar. Entonces aparecieron de entre las ramas la vieja Sidony y su hijo. Ekko, al ver interrumpido su cortejo, inspeccionó sexualmente a la recién llegada pero decidió regresar con la jovencita y tener relaciones sexuales con ella. Cuando Sindony se marchaba, Kondor detuvo la copula y en un ataque de ira se abalanzó sobre ella. Pero lo más impresionante es que el macho Ekko se unió a la pelea y comenzó también a golpearla, ayudando a su nueva consorte Kondor como si fuera su “guardaespaldas”. Ambos se coordinaron e impidieron que Sidony pudiera escapar de la brutal paliza y mordiscos que le propinaron.

Pero las tornas cambiaron cuando otro macho “guardaespaldas”, Guapo, llegó en auxilio de Sidony. Primero echó al macho Ekko, y luego se interpuso entre las dos hembras impidiendo que la pelea continuara. Todo un caballero el orangután Guapo. 

Este hallazgo es sorprendente porque nunca se habían visto antes coaliciones de este tipo en esta especie, la cual está formada por una hembra y un macho que se enfrentan a otra hembra, que a su vez fue apoyado por otro macho. Tristemente, Guapo no pudo impedir que Sidon muriera días después debido a la infección de las heridas dejando un huérfano más en la selva.

A uno le cuesta creer que dos hembras se peleen hasta la muerte con el fin de quedarse con un macho con el que poder tener descendencia, pero también sucede en humanos reales, y no sólo en las películas. Por ejemplo, el año pasado en la ciudad de Los Angeles, una mujer de 48 años de edad llamada Myrna Tegones, trató de matar a la nueva pareja de su exmarido, entrando en la casa con una pistola y disparando a quemarropa. La víctima resultó herida pero finalmente se salvó.

Desconocemos la motivación real que llevó a la joven Kondor a atacar con tal violencia a Sidony. Quizás quería deshacerse de su competidora para quedarse con Ekko para ella sola. Ni siquiera si aquel primer mordisco tuvo algo que ver. Lo que sí podemos asegurar es que los celos son sentimientos que también están presentes en los animales no-humanos.