Autor: Pablo Herreros Ubalde 4 noviembre 2015

El presentador Pablo Herreros Ubalde comenta al mago Jorge Blass el fenómeno del contagio de la risa y el bostezo en humanos y chimpancés como indicador de la existencia de empatía. Vemos experimentos realizados por el programa en el metro de Sevilla sobre contagio emocional.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 2 noviembre 2015

El presentador de “Yo, mono” Pablo Herreros Ubalde y el actor Nancho Novo hablan del sexo en animales y humanos. Conoceremos las posturas del bonobo y la función de su sexualidad. También nos acompaña una sexóloga para hablar del placer sexual en mujeres y otras curiosidades más.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 2 noviembre 2015

Programa en el que con el mago Jorge Blas hablamos del origen de las emociones, sus funciones y expresión.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 3 septiembre 2015

Vídeo promocional del programa

¿Qué es “Yo, mono”? 

  • Queremos explicar nuestra forma de ser y nuestra manera de comportarnos

  • Observamos a los animales para conocer más sobre nosotros

  • Cuanto más aprendemos de los animales, más sabemos de nosotros mismos

  • Próximamente, en La 2

YO MONO

YO, MONO es una idea original de Pedro Jiménez Hervás (periodista, escritor y dramaturgo) y Pablo Herreros Ubalde (sociólogo, antropólogo, máster en primatología)

Aquellos que estudien las relaciones sociales de los primates habrán hecho más por el conocimiento de la metafísica humana que todos los filósofos juntos

El concepto fundamental del programa es descubrir cómo somos los humanos. Y a ser posible, explicar de una manera entretenida nuestra forma de ser y nuestra manera de comportarnos partiendo de la observación de los animales en general, y de los primates en particular.

De hecho, cuanto más aprendemos de los animales, más sabemos de nosotros. Ya lo dijo Darwin: “Aquellos que estudien las relaciones sociales de los primates habrán hecho más por el conocimiento de la metafísica humana que todos los filósofos juntos”

 Pablo Herreros Ubalde en el original decorado del programa
Pablo Herreros Ubalde en el original decorado del programa “Yo mono” 

YO, MONO es un espacio de divulgación cuyos contenidos podrían enmarcarse dentro de lo que conocemos como psicología social. El programa incluye diferentes secciones:

Experimentos con animales

Observaremos el comportamiento animal con los primates como protagonistas.

Unos son videos de elaboración propia y otros cedidos por los principales centros de investigación de primates (Universidad de Kioto, Instituto Max Planck de Alemania, Universidad de San Andrews, en Escocia, Fundación Koko, de EEUU…)

Experimentos con humanos adultos

Partiendo de las conclusiones desarrolladas con los primates, salimos a la calle para experimentar con los humanos. Para ello, empleamos la cámara oculta.

  Pablo Herreros es el presentador de
Pablo Herreros es el presentador de “Yo mono”. Formado como sociólogo y antropólogo, es experto en primatología

 

Objetivo: comprobar las reacciones de las personas, su comportamiento general o específico, y si realmente existe mucha diferencia entre ambas especies.

Por ejemplo: entra un viandante en un ascensor, que lógicamente se coloca de cara a la puerta de acceso. A continuación entra un grupo de cómplices del programa y se colocan todos de frente al viandante, mirando la pared del fondo del ascensor. Observamos que nuestro ejemplar humano, primero se extraña, después reflexiona, y poco a poco, se va dando la vuelta y se coloca igual que el resto de sus congéneres.

Experimentos con niños

¿Cómo son los niños? ¿generosos o egoístas? ¿Pícaros o bondadosos? ¿Son capaces de engañar cuando está en juego algo que les gusta?

Hemos querido aprender cómo reaccionan los más pequeños de la casa invitándoles a participar en nuestros experimentos, o visitando unos cuantos colegios en los que realizaremos divertidas pruebas.

Ellos nos enseñarán datos sorprendentes sobre el ser humano: cómo somos desde pequeños, y cómo vamos evolucionando con la socialización o la transmisión de valores en la familia o la escuela.

Los famosos

En cada programa hemos invitado a un personaje popular para que participe de los contenidos y se someta a un experimento en plató.

También descubriremos su “primate interior”, una divertida sección en la que desvelamos a qué tipo de primate pertenece nuestro invitado (gorila, bonobo, chimpancé…) según su manera de ser y comportarse.

Entre lo invitados contamos, entre otros, con Jordi Hurtado, María Adánez, Elena S. Sánchez, Ramón Arangüena, Jorge Blass, Francine Gálvez, Rosario Pardo, Nancho Novo, Juan Carlos Ortega…

 

  •   YO, MONO es una idea original para descubrir cómo somos los humanos

    YO, MONO es una idea original para descubrir cómo somos los humanos

     

  •  El decorado de "Yo mono"

Algunas cuestiones del programa

  • ¿Por qué habitamos en manadas?
  • ¿Por qué mentimos?
  • ¿Somos buenos o malos?
  • ¿Somos inteligentes?
  • La importancia del arte.
  • El sexo
  • La empatía
  • Las emociones…

Productora, equipo y lugar de grabación

YO, MONO es una coproducción entre Televisión Española y Producciones Cibeles. El programa se ha grabado en los estudios de Televisión Española en Sant Cugat, Barcelona.

El director del programa ha sido Pedro Jiménez Hervás; el director adjunto, Manel Arranz, y el realizador Nicolás Albendiz Guillén. El director de producción, Paco Prieto y el Productor Ejecutivo, José Flores.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 18 julio 2015

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Autor: Pablo Herreros Ubalde 17 julio 2015

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Cuando se vive en grupo es inevitable negociar y aunque los animales no hablan, sí hay disputas y consensos respecto a las decisiones que toman, como por ejemplo dónde ir, quién manda o cuál es el mejor momento de defenderse. Es decir, tienen que pactar decisiones, algunas políticas, las cuales guardan muchas similitudes con las humanas.

Entre los primates, las negociaciones que implican un reparto del poder suelen resolverse mediante apoyos. Además, una alianza te convierte consiguientemente en aliado de sus amigos. Al final, a mayor número de colaboradores que consiga un individuo, más posibilidades hay de que éste imponga su criterio y se alce a la posición de alfa. Por ejemplo, en nuestra especie, a nivel colectivo se ha producido este fenómeno de pérdida y atracción de aliados o socios en las últimas elecciones municipales y autonómicas.

Al igual que en la naturaleza, los equilibrios son dinámicos. Es decir, las alianzas y coaliciones van cambiando con el tiempo. El miembro alfa y sus amigos de ayer, hoy pueden acabar aislados y desactivados. Un hecho que me recuerda a UPyD y la dimisión de Rosa Díaz, entre otros ejemplos de nuestro panorama político presente. Otra posibilidad de la selva, con idéntico final, es perder todos los apoyos en el grupo, especialmente el de las hembras si eres un chimpancé, pues tienen un derecho de veto.

En los babuinos ocurre algo similar respecto a la influencia de las hembras. Cualquier adulto puede comenzar la marcha y tiene influencia sobre la orientación del grupo, pero el macho dominante y las dos hembras de mayor posición social tienen la palabra final. Esta semi-libertad con derecho de veto de Pablo Iglesias, parece ser la estrategia de PODEMOS .

En lo que respecta a la coordinación de grandes masas hay otras especies que nos enseñan más cosas interesantes. El ciervo rojo que vive en Asia sólo se levanta para seguir a la masa cuando el 60% de los individuos presentes lo ha hecho ya. Es un número, curiosamente muy cercano a la mayoría absoluta. Estos “votos” de pezuña se cree que reducen la impulsividad del grupo. Trasladado a nuestro sistema de urnas, sería como votar al más fuerte, o lo que es lo mismo, al Partido Popular.

Lo contrario le pasa a las manadas de caribúes, quienes escapan de los depredadores mediante la imitación. Cuando el depredador traspasa la línea imaginaria de peligro que todos tienen trazada mentalmente, en fracciones de segundo el individuo más cercano comienza a correr y todos le copian. Se benefician del contagio que produce reaccionando de la misma manera como si fueran un solo animal. El mecanismo es la imitación del que está más cercano, a su lado. Esta estrategia es usada por los cardúmenes de peces también. ¿Será éste mismo contagio lo que ha provocado o provocará el cambio político en España?

Y es que hasta los invertebrados intentan influir sobre sus congéneres. Los gusanos de tierra se tocan los unos a los otros para condicionar la dirección del camino a seguir. De esta manera pueden viajar en la misma dirección como si fueran una mismo organismo.

Pero hay que tener cuidado con seguir a ciegas a la manada. En un estudio con abejas se demostró que para tomar las mejores decisiones hay que combinar la experiencia grupal con la confirmación individual. No basta sólo con seguir a la masa para tener éxito.

En una especie de abejas, llega un punto en el que la colonia se divide en dos. La reina deja a una hija y emigra, debiendo elegir un nuevo lugar donde vivir. Las abejas exploradoras comienzan entonces a buscar un nuevo asentamiento. Cuando regresan al grupo, cuanto mayor es el movimiento de la abeja exploradora mejor es el sitio. El problema es que hay decenas de ellas apuntando a diferentes lugares y las diferencias entre los avisos de unas y otras son mínimas. ¿Entonces cómo logran dar con el lugar más adecuado? Pues porque combinan la información grupal con la prueba personal, yendo y comprobándolo por sí mismas. Por lo tanto, se benefician tanto de la imitación como de la experiencia personal.

En conclusión, los fundamentos más básicos de la democracia pueden no estar en Atenas  ni en Norteamérica o Francia, sino en las profundidades de la selva hace millones de años. Porque los animales que viven en grupos con redes sociales complejas también pueden tomar decisiones por consenso, en las que el grupo opta por una sola opción. Y para llegar a eso, hay que negociar queridos primates humanos.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 4 julio 2015

 

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Los chimpancés King, Cheeta y Felipa se escaparon del zoológico Oasis Park en Fuerteventura. En un principio atacaron a su cuidador, que sufrió heridas de gravedad en su cara y cuerpo.  Pero también atacaron a los dueños, una pareja que resultó lesionada aunque ya están fuera de peligro.

Los simios al principio sembraron el pánico entre los visitantes del Parque. Dos de ellos fueron abatidos por la Policía, mientras otro regresó por sí mismo a las jaulas. Este mismo año se escaparon otros dos chimpancés de un zoológico en Mallorca: Adán y Eva. Una fuga que acabó con uno de ellos abatido a tiros y otro ahogado en un canal de riego. Entonces no atacaron a nadie. Pero esta vez sí.

Entonces, ¿qué es lo que motiva a estos simios a atacarnos en ocasiones? Primero, debemos tener en cuenta que muchos de estos animales provienen de decomisos y por lo tanto tienen un historial de traumas psicológicos que a veces les convierten en seres peligrosos. En su mayoría son individuos rescatados de lugares más propios de una película de terror: jaulas mínimas, contenedores, sótanos, circos, etc.

A veces, están encadenados de por vida o viajan en una caja por medio mundo en busca de quien los compre. Otros provienen de laboratorios en los que se ha experimentado con ellos dosis de drogas letales o se les ha inyectado enfermedades a propósito para buscar una vacuna para humanos.

Imagina cómo te sentirías si hubieran matado a tu madre y luego te encadenan unos años o te obligan a aprender malabarismos en contra de tu voluntad. O imagina también qué ganas de interaccionar con los humanos tendrías si te hubieran encerrado en un contenedor el día que dejaste de ser una cría graciosa.

Del mismo modo, para entender lo sucedido debemos saber que los chimpancés, al igual que nosotros, tienen personalidad y algunos de ellos se las gastan duro. También poseen emociones y por eso les afecta la vida por la que han pasado.

El test que se les aplica para saber qué carácter tienen es usado también en humanos. Los hay cabezotas, introvertidos, agresivos o simpáticos, entre otros rasgos. Dicha evaluación contiene 43 categorías a partir de las cuales los cuidadores deben elegir en cuál de ellas encajan los chimpancés que están a su cargo.

Otro factor a tener en cuenta es el poco auto-control que poseen algunos chimpancés en especial. Un chimpancé tiene seis veces la fuerza de una persona media. Lo que para un simio de esa potencia puede ser un mordisco moderado, para un humano puede resultar letal.

No es el primer ataque de chimpancés a humanos. Son varios los casos documentados en todo el mundo. Los propios dueños son las víctimas más frecuentes. Incluso se filmó un documental hace años en el que salían testimonios de personas que habían sido víctimas de chimpancés criados por ellos mismos. El fin era evitar que la gente deseara tenerlos como mascotas.

Y es que los chimpancés, como los humanos, somos unos primates con un lado desconocido y oscuro que bajo determinadas circunstancias puede llegar a resultar peligroso. Somos unos animales sensibles cuyo entorno nos afecta para bien o para mal.


Autor: Pablo Herreros Ubalde 30 junio 2015

Delfines ayudan a compañero para subir a superficie y respirar

 


Autor: Pablo Herreros Ubalde 30 junio 2015

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La empatía nos permite llegar a los otros desde las emociones para entenderlos mejor. Por ejemplo, si cada vez que un macaco come otros congéneres sufren una descarga eléctrica en una jaula adyacente, éste se negará a ingerir alimento alguno durante seis días aproximadamente. Es decir, el macaco empatiza con los compañeros y ajusta su comportamiento para no perjudicarles más.

Los humanos también sacrificamos energía y recursos si otros lo necesitan. Nuestra especie está programada para conectar con todo lo que está vivo y le rodea. La empatía es el mecanismo que lo permite, poniéndonos mentalmente en el lugar de otros para acceder así a sus sentimientos y emociones. Gracias a ella podemos comprender las situaciones por las que la gente pasa sin necesidad de vivirlas nosotros mismos. Evolucionó porque sirvió a los animales a sobrevivir de varias formas. Por un lado, los primates necesitamos ser conscientes de las necesidades de la descendencia, ya que ésta depende de los adultos durante muchos años.

Los episodios empatía, o simpatía para ser más exactos, es un buena manera de acceder al mundo emocional de los animales. Una cría de pájaro malherida cayó al foso de agua de una instalación de primates, en un zoológico de los Estados Unidos. Mientras luchaba por salir del agua sin éxito, apareció un orangután que había observado la escena. Este, con la ayuda de una hoja que arrancó de un arbusto cercano y tras varios intentos, logró al fin rescatarlo del agua. Ya en tierra firme, el gran simio acaricia al polluelo con suma delicadeza dando muestras de empatía con un ser vivo muy alejado de su especie, y por tanto, con necesidades completamente distintas.

Esta anécdota es muy similar a la que relata el primatólogo Frans de Waal, cuyo protagonista fue una hembra de bonobo, quien un día recogió un pájaro que cayó en un foso tras estrellarse contra el cristal del recinto en un Zoo de Inglaterra. Esta hembra se acercó, lo agarró y escaló hasta el punto más alto de la instalación. Entonces, aferrándose al tronco con sus piernas para poder tener las manos libres, la bonobo desplegó las alas del pájaro con mucho cuidado y lo arrojó con fuerza en dirección al exterior del recinto. Desafortunadamente, el pájaro no pudo alzar el vuelo, cayendo de nuevo en el interior de la instalación. La bonobo bajó rápidamente y lo protegió durante horas de sus compañeros hasta que cayó la noche. A la mañana siguiente el cuidador no lo encontró en el recinto.

Probablemente se recuperó del shock y pudo retomar el vuelo por sí mismo. De Waal cree que lo importante de este hecho es cómo la bonobo adaptó su comportamiento a las necesidades del pájaro, pues esta conducta hubiera sido completamente absurda para ayudar a otro miembro de su especie.

Por otro lado, nuestro grupo de especies se basa en la cooperación, y la conciencia de lo que sucede en la sociedad ayuda a tomar decisiones, lo que significa que las cosas nos saldrán mejor si estamos rodeados de compañeros que se sienten bien. Nuestra felicidad depende en gran parte de la felicidad de los animales o individuos que integran nuestra red social, así que a todos nos conviene el bienestar del vecino. La empatía es el vehículo o medio que permite ajustar mi comportamiento para este fin.

Pero ¿qué estructuras del cerebro hacen posible esta empatía tan característica de los primates? Cada día que nos levantamos las personas experimentamos un continuo «ballet» mental que nos va conectando cerebro a cerebro con las personas que nos rodean. No se trata de una película de ciencia ficción. Esta capacidad de conexión es posible gracias a las neuronas espejo. Lo asombroso, es que se encontraron primero en macacos y no en humanos.

Hace un par de décadas, el neurobiólogo italiano Giacomo Rizzolatti trabajaba con su equipo en la Universidad de Parma estudiando las áreas del cerebro vinculadas con la actividad motora de los primates. A un macaco le colocaron electrodos en la corteza frontal; durante el experimento registraban su actividad neuronal mientras cogía frutas. Entonces uno de los investigadores agarró uno de los plátanos y el cerebro del mono registró actividad, a pesar de que no había movido un solo dedo. Tras comprobar que no se debía a un fallo de la máquina que empleaban, repitieron el experimento una y otra vez, obteniendo los mismos resultados.

Habían identificado sin querer unas células nerviosas llamadas «neuronas espejo», que son la evidencia neurofisiológica de la empatía. Se llaman espejo porque reflejan en uno mismo lo que está sucediendo alrededor. Generan en el cerebro una simulación en tiempo real. Eso quiere decir que las similitudes existentes entre observar y ejecutar uno mismo una acción son tantas, y sus efectos tan similares, que pueden llegar a confundirse pero nos permiten entender por lo que está pasando un congénere u otro animal.

Las neuronas espejo nos permiten comprender lo que les ocurre a otros individuos, imaginándonos a nosotros mismos en la misma situación de manera inconsciente y automática. Podemos «sentir» los sentimientos, entender sin necesidad del razonamiento, puesto que se produce una imitación directa en el cerebro. Estas células tan especializadas se han encontrado en humanos, primates y otros mamíferos de alto coeficiente cerebral, como los elefantes o las ballenas.

Consolar es un buen ejemplo de empatía. Entre primates no humanos es frecuente que se consuelen los unos a otros tras un suceso que ha generado angustia. Éstos suelen abrazarse y acariciarse o acicalarse, lo que disminuye el estrés.

Del mismo modo, las personas buscamos el contacto físico en situaciones de miedo y nerviosismo porque nos produce alivio. El primatólogo William Manson ha demostrado que los chimpancés pueden aguantar mejor el dolor y la ansiedad que les provocan las inyecciones del veterinario si alguna persona los sujeta en los brazos.

En humanos se produce un fenómeno idéntico, y se ha probado que también nos duelen menos los golpes o pinchazos si ocurren en presencia de otras personas. Además, acariciarse una herida también hace descender la percepción del dolor. Por esta razón nos solemos llevar las manos a la zona dañada para aliviarnos.

 


Autor: Pablo Herreros Ubalde 27 junio 2015

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La inteligencia emocional es uno de los conceptos que más ha impactado la manera de entender al ser humano en las dos últimas décadas. Los psicólogos y neurocientíficos han demostrado lo fundamental de las emociones a la hora de relacionarse.

Curiosamente, uno de los primeros científicos de la Historia en hablar del valor adaptativo de las emociones fue el propio Charles Darwin, hace ya más de ciento cincuenta años en el libro La expresión de las emociones en el hombre y en los animales, por lo que algunos pensamos que fue el abuelo de la inteligencia emocional.

Para él, el origen de las emociones está en la necesidad de crear lazos entre los miembros de una comunidad, algo necesario para muchos animales que vivimos en sociedad. Es decir, Darwin creía que las emociones vinculan a los hombres de una sociedad. Ahora sabemos y estamos en posición que también conectan a otros animales también.

Sin embargo, sus sucesores no le hicieron demasiado caso, porque en gran parte del siglo posterior y hasta hace bien poco, todo lo relacionado con las emociones suscitó poco interés entre los científicos, en especial si se trataba de animales no-humanos. De manera errónea, las emociones fueron consideradas consecuencias no deseadas de la evolución, porque impedían razonar correctamente.

Para los conductistas, que dominaron gran parte de la interpretación psicológica en el siglo XX, la expresión de las emociones de los animales era una farsa. Un primate chillaba porque estaba programado para ello, pero no porque sintiera verdadero dolor. Aprovechando estas ideas, algunos laboratorios médicos, industrias alimentarias y hasta fiestas encontraron la excusa perfecta para sus métodos.

Las emociones existen porque ayudan a los animales a decidir lo conveniente o no de una situación. Además, sirven y actúan como un pegamento y repelente, dependiendo del contexto. Las emociones positivas, como la alegría, nos acercan a ciertos individuos y situaciones, pero las negativas nos alejan para prevenirnos, como cuando sentimos miedo, enfado o asco. Todas cumplen una importante función.

Cuando tuve la oportunidad de publicar para la revista National Geographic, el tema elegido fueron las emociones en animales. Es complejo probar la existencia de las emociones en animales porque en principio no se pueden ver ni medir. Tampoco les podemos preguntar. Lo que sí podemos hacer es observar las reacciones humanas, nuestras conductas cuando pasamos por una u otra emoción y entonces compararlas con las de otros animales.

Y a pensar de las dificultades que supone conseguir que un animal se quede quieto sin sedantes, también podemos detectar estructuras cerebrales comunes que estén asociadas a las emociones. Modernas tecnologías como la resonancia magnética permiten ser más precisos. Por ejemplo, el sistema límbico es el área del cerebro donde se generan las emociones de todos los mamíferos, ayudado por neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, entre otros muchos más. Tanto esta parte del cerebro como también las sustancias químicas asociadas, están presentes en reptiles, aves y mamíferos. Esto significa que potencialmente, todos ellos pueden tener experiencias emocionales.

El experto en emociones animales de la Universidad de Colorado, Marc Bekoff, cuenta en su libro La vida emocional de los animales que ha preguntado a sus colegas de laboratorio en varias ocasiones al respecto y éstos son incapaces de poner a sus mascotas en la misma situación que a sus sujetos de experimentación.

También relata cómo minutos antes del día que iba a presentar unos resultados en público en la universidad, se encontró en el aparcamiento de la facultad a un compañero llamado Bill y estuvieron hablando de su perro Reno. Reno, contaba Bill, era muy feliz jugando con otros perros, pero recientemente habían aflorado en él terribles celos de las atenciones que procuraba a su hija. También solía deprimirse cuando se le dejaba solo en casa. Después, los dos entraron al evento y tras la presentación llegó el turno de preguntas. Bill agarró el micrófono y acusó a Marc de atribuir emociones humanas a animales sin argumentar en sus conclusiones. Entonces Marc le retó a contar en público las historias de Reno que le había contado en el aparcamiento minutos antes. Bill se puso rojo y contestó”Bueno Marc, sabes perfectamente qué quise decir antes, sólo estaba “soltándome el pelo” al hablar de mi perro Reno. En realidad estoy bastante seguro de que no siente celos ni tristeza, sólo actuaba como si los tuviera”.

Aún así, no propongo equiparar de manera exacta las emociones humanas con las de otros animales. Para empezar, la diversidad de especies es tal que es absurdo meterlos a todos en el mismo cajón. Un koala no sentirá nunca lo mismo que un chimpancé, como tampoco los humanos sabremos nunca cómo se siente un koala. La clave está en que a pesar de que “algunos animales puede que sientan de manera diferente a nosotros, eso no significa que no sientan”, asegura el etólogo Marc Bekoff.