Pablo Herreros viajó hasta la reserva biológica de Playa Tortuga, en Costa Rica, para estudiar de cerca las cuatro especies de primates que habitan esa zona de Centro América.
Desde allí envió hace unos días esta maravillosa crónica para el blog “Yo, mono” de el diario El Mundo, donde nos describe algunas de las capacidades que poseen los monos capuchinos, como su sentido de la justicia y de cooperación con sus compañeros, y que sólo han sido encontradas en otros grandes simios, razón por la cual se han ganado el calificativo de ‘Chimpancé del Nuevo Mundo’.
Esta es la segunda parte del artículo «Liderazgo natural (1)», publicado por Pablo Herreros en este mismo blog.
En esta entrada, sigo hablando de los líderes y de algunos de sus elementos más característicos, descubiertos a través de la investigación sobre la conducta animal. Uno de los temas que más interesan a los expertos de liderazgo de todo el mundo es la personalidad que estas personas tienen.

En chimpancés, los individuos dominantes y despóticos no suelen tomar el papel de líder (imagen: Patries71 / Flickr).
Los grupos y la sociabilidad son fenómenos ampliamente difundidos entre los primates. Debido a que la vida en colectivo conlleva innumerables ventajas, pero también implica enfrentarse a multitud de conflictos de intereses, la evolución ha favorecido mecanismos que permitan una estabilidad sostenida en el tiempo. Los científicos han identificado ya varios mecanismos a través de los cuales los animales gestionan estos conflictos, como por ejemplo la reconciliación, la dominación, la evitación de los conflictos, el sentido de la justicia, el castigo y la mediación; siendo esta última una de sus manifestaciones más interesantes.

Mediación extrema por parte de los árbitros (a rayas) de un partido de hockey (imagen: Pekka Rautianien / Flickr).
Este mes, en la sección «Mundo animal» que dirigimos desde Somos Primates en la revista Redes para la Ciencia, dedicamos un artículo a las investigaciones que prueban la existencia de la capacidad gramatical en la comunicación de varias especies de animales. Debido a la proximidad genética y su relevancia en la comprensión del origen del lenguaje humano, le prestamos una especial atención a los proyectos en los que se enseñó a grandes simios a comunicarse con humanos, a través del lenguaje de signos.
En el artículo también repasamos algunas evidencias de su existencia en otros animales, en principio tan alejados de nosotros, como son los delfines o los pájaros. Bajo estas líneas os dejamos con un par de vídeos relacionados:
Con motivo de la celebración del primer congreso El Ser Creativo, que se celebró en Málaga en octubre del 2010, Jesús Quintero me entrevistó para Canal Sur. Durante 21 minutos -la media aproximada que la mente humana es capaz de prestar total atención-, charlamos de una manera informal y desenfadada sobre algunas curiosidades de la vida social, emocional y sexual de los animales. Espero que la disfrutéis tanto como yo lo hice.
Entrevista de Pablo Herreros con Jesús Quintero en Canal Sur.
Los chimpancés suelen compartir la comida después de cooperar en un episodio de caza o tras localizar paneles de miel. De esta manera, los líderes del grupo se aseguran la participación futura de los compañeros en actividades en las que es necesario que intervengan varios miembros. Se trata de algo así como una contraprestación por los servicios prestados, además de tener un efecto reforzador de las alianzas existentes.
Lo que no se había observado en entornos de libertad es el compartir vegetales con miembros no emparentados; en cambio, en el entorno familiar eso sí es frecuente. Un equipo de primatólogos, liderado por Kimberley Hockings, ha conseguido registrar y filmar un caso de este tipo en la comunidad de chimpancés salvajes de Bossou, Guinea. En la investigación se describe el proceso en el que se observa cómo un macho adulto trepa hasta lo alto de un árbol de papaya y arranca un fruto que luego comparte con una hembra en la intimidad.
El enriquecimiento ambiental es una técnica cuyo objetivo es estimular a los animales que se encuentran en cautividad. Por medio de objetos, recompensas, sonidos, juegos e incluso olores, según la especie, se intenta incrementar la actividad física y mental. El santuario para chimpancés Chimp Haven, en Louisiana (Estados Unidos), mantiene una colonia de más de cien individuos que han sido usados en investigaciones médicas y los proveen de un entorno más adecuado con otros miembros de su especie.
Dentro de su programa de enriquecimiento, dicha institución ha llevado a cabo una curiosa iniciativa. Los responsables contrataron a un grupo de percusionistas para que tocaran para los chimpancés. Aunque no podemos estar seguros de lo que sentían, sí se pueden apreciar conductas de juego, demostraciones de poder y una excitación que acabó por envolver a todo el grupo.
Iniciativa muscial de enriquecimiento ambiental en el santuario para chimpancés Chimp Haven.
Charles Darwin pensaba que la música se había originado en el marco de la atracción que se establece entre las parejas de animales y los sonidos que éstos emiten durante el cortejo. Darwin deducía estas ideas del canto de algunas aves cuando intentan encontrar pareja, pero otros autores no han restringido el origen a un solo contexto emocional y lo han atribuido a la necesidad de expresión en la totalidad de las emociones humanas.

Los guerreros masái realizan una característica danza al son de canciones que cantan ellos mismos (imagen: usuario de Flickr).
Katherine Cronin y Edwin Van Leeuwen, del Instituto Max Planck de Psicolingüística, en Holanda, han recogido por primera vez en detalle las reacciones de un grupo de chimpancés ante la muerte de una cría de dieciséis meses de edad. Este grupo de primates huérfanos, rescatados del mercado ilegal, pertenecen al orfanato para animales salvajes de Chimfunshi, en Zambia.

Expectación en el traslado del cadáver de Dorothy en el Sanaga-Yong Chimpanzee Rescue Center (foto: Monica Szczupider, IDA-Africa).
A pocos kilómetros del Puerto de la Cruz, ciudad turística y costera al norte de Tenerife, una antigua casa de campo de dos pisos observa impasible el paso del tiempo. Sólo un detalle la diferencia del resto de casas de tipo tradicional que pueblan el norte de la isla: el haber acogido entre 1913 y 1918 la Estación de Antropoides de Tenerife (EAT), considerada por la ciencia académica el primer centro de estudios primatológicos de la historia.

La Casa Amarilla en 1999 tras los trabajos de demolición que se realizaron en esa década (imagen: Asociación Wolfgang Köhler).






