Autor: Pablo Herreros 2 June 2011

Algunas tribus de África suelen colaborar con los pájaros salvajes para alcanzar recompensas que cada uno por separado difícilmente podrían conseguir. Los masái de Kenia, cuando desean recolectar miel, se acercan a la zona donde viven estas aves y reclaman la atención de una de ellas mediante silbidos. Los pájaros suelen responder con unos sonidos que solo usan para comunicarse con los humanos. Después, los guía por la sabana hasta el árbol concreto donde se encuentra el alimento.

Cuando se aproximan al lugar, el ave emite otro tipo diferente de vocalizaciones, indicándoles que se encuentran cerca de la dulce recompensa. Entonces, los masái trepan a lo alto del árbol y obtienen la preciada miel. Para asegurarse de que en otra ocasión vuelva a colaborar, deben dejar una pequeña parte para el pájaro. La leyenda cuenta que de no proceder así, la próxima vez les conducirá a la guarida de un león.

Jóvenes masái y pájaro salvaje colaboran para obtener miel.YouTube Preview Image

Autor: Pablo Herreros 29 July 2010

Esta es la segunda parte del artículo El origen del bricolaje (1), publicado por Pablo Herreros la semana pasada en este mismo blog.

Aunque algunos comportamientos como los observados en cuervos y urracas parecen innatos, sabemos por las investigaciones que con otros animales no sucede así. Por ejemplo, los chimpancés adquieren la técnica de captura de termitas transcurridos varios años. Hasta ese momento, se limitan a observar y jugar con los artefactos que sus madres manipulan. Lo mismo ocurre con los yunques y piedras que usan para abrir las nueces en la selva. Estas, junto a otras pruebas, son buenas razones para pensar que la técnica se adquiere a través de la experiencia.

Un chimpancé ensaya la captura de termitas con la ayuda de una rama (imagen: Jane Goodall’s Wild Chimpanzees).

Autor: Pablo Herreros 22 July 2010

Cuando un grupo de investigadores observó por primera vez a un delfín con una esponja marina alrededor de la zona de la boca, pensó que esto había ocurrido de una manera accidental, probablemente mientras removía la arena en busca de pequeños crustáceos. Los investigadores pronto constataron que esto sucedía con relativa frecuencia y rápidamente descubrieron el misterio.

Un delfín protege su hocico con una esponja marina (imagen: artículo científico de la revista PLoS).