Autor: Pablo Herreros 12 January 2012

Durante milenios, nuestros ancestros migraron por todo el mundo con la única ayuda del Sol y las estrellas. En la etnia tubu (Níger, Chad, Sudan y Liberia), este conocimiento no se ha perdido y es transmitido de madres a hijas, generación tras generación. Son las mujeres de esta etnia las responsables de acudir al mercado, a través del desierto del Teneré, que está a más de 500 kilómetros de distancia. Allí intercambian camellos por provisiones para el grupo entero. Los hombres esperan en el poblado mientras ellas emprenden una de las aventuras anuales más impresionantes de todo el planeta Tierra.

El viaje lo realizan mujeres y niñas, que desde pequeñas aprenden el arte de guiarse por las arenas del desierto, usando el Sol como guía y teniendo por referencia las dunas que van contando a su paso. Por la noche, las estrellas les permiten saber si van por el camino correcto, ya que unos pocos metros de error pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte. A lo largo del camino, existen unos pocos pozos de agua que no pueden ser pasados por alto. De lo contrario, toda la caravana morirá. Estas fuentes de agua no miden más de un metro cuadrado y su localización implica un profundo conocimiento del medio, que ha permanecido intacto durante siglos entre estas mujeres, pero que paulatinamente está desapareciendo.

Odisea de las mujeres tubu a través del desierto.