Cuando un chimpancé topa con un ser humano en la selva, normalmente se asusta mucho, debido a que esta especie ha tenido malas experiencias en situaciones similares en el pasado. Nadie espera que éste llame a sus colegas. Pues esto es precisamente lo que ocurrió, según cuenta en un artículo Joshua Foer, publicado este año en la revista National Geographic.

Ash (ceniza), joven chimpancé de Monkey World, un centro de rescate de simios del Reino Unido (imagen: usuario de Flickr).





