Cuando el psicólogo Nicholas Humphrey estaba al cargo de un grupo de macacos Rhesus nacidos en el laboratorio, se preguntó cómo era posible que estos primates pudieran ser tan inteligentes, cuando lo cierto es que nunca habían tenido que buscar alimento ni defenderse de depredadores en toda su vida.
Humphrey llegó a la conclusión de que lo que desencadena la inteligencia de los primates de manera fundamental es el contexto social, ya que estos macacos sí vivían en grupos sociales complejos. De hecho, en varios estudios se ha puesto de manifiesto una fuerte correlación entre el tamaño del grupo y el volumen relativo del cerebro (o coeficiente de encefalización), han llevado a formular la “hipótesis de la inteligencia social”. Dicha hipótesis apuesta por la idea de que la inteligencia superior que muestran algunos animales, especialmente primates, fue favorecida por selección natural, gracias a la compleja red de relaciones en la que primates humanos y no humanos debemos manejarnos todos los días.
Fragmento de un episodio de la serie “El cuerpo humano”.
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