Autor: Pablo Herreros Ubalde 27 mayo 2010

Es fácil observar en cualquier situación cotidiana que la especie humana posee una fuerte tendencia a ayudar a otros. En un principio, el propio Charles Darwin tenía problemas para explicar ciertas conductas de cooperación y altruismo presentes en la mayoría de los organismos, y aunque suponían una seria amenaza a sus ideas, intuía que habían jugado un papel clave en la evolución. Por entonces no se había descubierto el ADN y comportamientos como los que muestran los insectos sociales, con sacrificios de unos por otros, eran contradictorios a las ideas de la selección natural. Cuando en los años sesenta se hacen posibles las primeras pruebas genéticas, surgen teorías que explican estos fenómenos, ya que se constata, que en una colmena o termitero, todos son parientes, pues comparten la misma madre. A este conjunto de ideas se le denomina teoría del parentesco y fue desarrollada por el biólogo William Hamilton en los años sesenta del siglo pasado.