En el orden de los primates, las especies que cuentan con grupos sociales más complejos, confían más en las señales visuales que en las señales olfativas para comunicarse. Los primates superiores, a lo largo de la evolución, hemos reducido el tamaño de nuestros hocicos en favor de manos para capturar presas. Igualmente, dependemos más de la visión que del olfato para cazar, por lo que nuestros ojos se han desarrollado hasta lograr la estereoscopia o percepción tridimensional del entorno.



